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El poder detrás del trono
Por Anibal Barillas - Guatemala, 22 de mayo de 2013

Aquella “metáfora” liberal que nos dice que existe una mano invisible que regula el mercado, se cumple en Guatemala en otro sentido muy particular, ya que podemos decir que la cúpula empresarial es la mano invisible que mueve los hilos políticos dentro del poder ejecutivo. Es demasiado evidente mencionar a estas alturas el papel de títere que juega la administración de Otto Pérez Molina frente al CACIF y el desprestigio que ello representa nuevamente para el endeble Estado nacional y una institución militar con un historial de servilismo a la élite. A pesar de que hoy tenemos en el país una “democracia formal” ello no evita paradójicamente que se cumpla la lógica de las dictaduras latinoamericanas: caudillo –más- militarización del Estado –más- servilismo al capital oligarca que los financia en campaña –más- estado de sitio focalizado –más- criminalización del movimiento social.

Recordemos que el CACIF se cristaliza como una organización empresarial precisamente en el proceso contrarrevolucionario de 1954, desde sus inicios su identidad ideológica está marcada por la traición a la democracia y por el uso de cualesquiera métodos violentos, calumniadores y de complot para la estricta defensa de sus intereses de clase y el aplastamiento del pueblo organizado. Y son precisamente estos financistas históricos de la contrarrevolución, de los grupos paralelos y de los mercenarios los que hoy salen en defensa de un general acusado de genocidio. Tamaña ignominia no se ha visto en el mundo empresarial a nivel continental, pero se cumple aquella reflexión que afirma …”que el fascismo surge cuando ya la Constitución no les sirve (a la oligarquía), cuando ya el mecanismo clásico de poder no les sirve para mantener el dominio. Cuando ese dominio está amenazado…” (Fidel Castro: 1971). Acaso estos financistas de la tiranía, del autoritarismo, exigen justicia frente a la masacre de los civiles en Totonicapán, acaso estos esbirros de la codicia exigen justicia frente al feminicidio perpetrado en todo el país; son los mismos industriales y terratenientes que exigen “preservar la gobernabilidad” en tanto entienden que la ley y el Estado constituyen también objetos de su propiedad ¿tendrán alguna solvencia moral, tendrán alguna virtud, acaso un destello de sensibilidad que los pueda tipificar como seres humanos?

Esta casta de criollos, fundadores del Estado colonial, racista y clasista, co-fundadores del Estado contrainsurgente hoy transparentan su espíritu fascista, su profunda conciencia antidemocrática y sus actitudes solo expresan la desesperación de una burguesía conservadora y arcaica que ve minada en algún sentido su hegemonía cultural. Recordemos que este término gramscista expresa el proceso por medio del cual una sociedad particular reproduce los intereses, valores, percepciones y el comportamiento de la clase dominante en una relación de poder y subordinación y ello comprende naturalmente el control del Estado. La sentencia de genocidio a Ríos Montt es entonces un claro golpe a la impunidad histórica de estos sectores y la batalla que este largo proceso ha desencadenado ocurre en el campo de la super-estructura, de todo aquello que aunque intangible legitima las relaciones materiales de una sociedad (lo que entendemos por el derecho, la política, la cultura, la educación).

Vaya impertinencia la del CACIF al hablar de estado de derecho, de gobernabilidad o inculcar en el espíritu del pueblo el miedo a través de la idea de polarización social. La élite guatemalteca siempre ha asumido la polarización como el proceso en el que el pueblo rompe las relaciones de subordinación en el plano formal al tomar las calles o en el plano jurídico-legal al exigir justicia y retribución. Lo que los intelectuales orgánicos de la burguesía conservadora y los mismos oligarcas no comprenden es que la lucha por la verdad, la lucha por la justicia, la lucha por la dignidad que realizan los pueblos es algo que el monopolio de la violencia y el control de los aparatos de domesticación del sistema solo pueden aplazar pero no pueden borrar, porque tarde o temprano todo aquel caudal de humillaciones, de ultrajes y de violencia acumulado en la conciencia colectiva adopta su forma de acción retributiva, adopta su forma de dignificación.

Señores empresarios del CACIF, señores intelectuales de la burguesía conservadora, si quieren anular la sentencia por genocidio dictada a esa fracción del engranaje político-militar que perpetró innumerables masacres, tendrán que revivir a los 1771 Ixiles y a las más de 200,000 personas asesinadas en esta guerra donde ustedes también tienen una gran responsabilidad.

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