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Gobernar es crear bienestar
Por Antonio Carrera - Guatemala, 26 de abril de 2019

El intelectual y constitucionalista argentino del siglo XIX, Juan Bautista Alberdi, tenía como consigna programática su muy conocida frase “Gobernar es poblar” (1). Luego, en el siglo XX, el también argentino Juan Domingo Perón, reinterpretó a Bautista diciendo “En nuestro tiempo, gobernar es crear trabajo” (2).

Como es sabido, gobierno y población son dos de los cuatro elementos de un Estado, siendo los restantes el territorio y la soberanía. El concepto moderno de Estado se desarrolló durante el renacimiento europeo ─entre los siglos XIV y XV─, principalmente a partir de las ideas enunciadas por Nicolás de Cusa en su obra De concordantia catholica, las que tienen su base en el modelo legislativo de Solón de Atenas y en la obra de Platón. La idea resultante es un Estado nacional republicano basado en el principio del sometimiento de la voluntad del gobernante al bienestar general de su población. La soberanía radica en el pueblo, quien no tiene a otro señor más que él mismo. La legitimidad del gobierno, entonces, descansa en el compromiso de éste para procurar el bienestar general de sus habitantes y su posteridad. Dicho ideal terminó por alimentar el orden internacional que surgió en 1648 tras la firma del Tratado de Westfalia, introduciendo el principio de cooperación internacional basada en el “beneficio del otro” (3).

A este ideal, ya en los siglos XIX y XX, se referían Bautista y Perón. Los gobiernos y los Estados se deben a su población y la única señal de que están cumpliendo su función es, a saber, el grado de bienestar que experimenta su gente, expresado en una economía pujante capaz de brindar empleos productivos que sostengan a una población cada vez más numerosa en condiciones dignas para la existencia humana. De allí que los antes mencionados tengan razón al decir que “Gobernar es poblar” y crear también trabajo ─productivo─ (4). Pero, hay que entender el concepto de “trabajo” dentro de su contexto físico-económico, es decir, verlo como la destreza de una sociedad para aumentar los poderes de sus capacidades productivas de progreso, expresado todo en un nivel cada vez mayor de bienestar per cápita (5).

Sin embargo, hoy día, aún impera el paradigma contrario al antes mencionado. Se impone ideológicamente el sistema económico-financiero liberal del imperio británico y su geopolítica intervencionista, a la usanza de los antiguos imperios como el romano. Esto ha resultado en un crecimiento demográfico cada vez menor en el planeta y una población que se degrada cultural, intelectual y físicamente. El incremento de la población es visto como un problema, y nuestro bienestar como un lujo demasiado caro para la “sostenibilidad” de una economía y para la “capacidad de carga” del planeta. Los pobres dizque lo son porque han vivido mucho tiempo “por encima de sus posibilidades” y la bancarrota de los Estados, se debe, dicen, no la neocolonización financiera de la banca privada internacional ─creadora de una imparable deuda “soberana” global─, sino al “exceso en el gasto público” y a otras manías de paternalismo estatal. Es así como se justifican las políticas neoliberales de austeridad y la tutela financiera por parte de los organismos de “asistencia” del sistema del transatlántico ─el cual es privado y gestionado por la oligarquía financiera occidental─.

El imperialismo es todo lo opuesto al modelo del Estado nacional republicano (6), a la soberanía de las naciones y de los gobiernos que procuran el bienestar de sus gobernados. La política imperial de guerra total en contra de lo que resta de los Estados nacionales y sus poblaciones, se ve evidenciada hoy en lo que se ha dado por llamar “la responsabilidad de proteger” ─R2P, por sus siglas en inglés─. Y fue precisamente George Soros, el “filántropo” oenegero, megaespeculador y promotor de una “sociedad abierta” y legalizadora de las drogas a escala mundial, quien después de llevar al poder a Barack Obama en los Estados Unidos ─investido en enero de 2009─, el que inauguró lo que sería el próximo asalto en contra de la soberanía de las naciones: la justificación de las revoluciones de color y las operaciones de cambio de régimen ─bajo la consigna de “proteger” a la ciudadanía (7) ─. La ideología imperial tiene un extraño criterio para definir el concepto de “soberanía de los pueblos”. Dice George Soros que, cuando un Estado soberano incumple con su deber de proteger a su ciudadanía, la “responsabilidad” se transfiere a la comunidad internacional. ¿No es precisamente esto lo que esgrime Guaidó y la “oposición” venezolana para justificar una intervención armada de Estados Unidos y posiblemente de la OTAN en aquel país?

En fin. Hay que ver por qué cada vez más países se están uniendo al proyecto de productividad físico-económica de la “La Franja y la Ruta” de China y al formato de cooperación internacional basado en la no injerencia en los asuntos internos de los países, que los chinos promueven junto a Rusia. África lo atestigua con creces (8) e Italia ─el primer país del G7 en hacerlo─ se acaba de adherir a la Nueva Ruta de la Seda (9). ¿Eres capaz de ver el cambio de paradigma en curso?

Notas al pie

(1) “To govern is to populate". Encyclopaedia Britannica. https://www.britannica.com/biography/Juan-Bautista-Alberdi

(2) Cita proveniente del video “Gobernar es crear trabajo”, editado por el Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires. Publicado en YouTube, el 21 de abril de 2016: https://www.youtube.com/watch?v=ycgxRCUwhGQ

(3) "Preámbulo a la Constitución: política de los Estados Unidos Mexicanos". Executive Intelligence Review, Vol. XXIV, núm. 2; Julio 2006. Reportaje especial, página 3.

(4) Este es el eje fundamental de la Economía Física (no liberal y por lo tanto, no financiera-monetaria), desarrollada originalmente por Gottfried Leibniz y ampliada y diseminada para nuestro tiempo por el economista y estadista norteamericano Lyndon LaRouche. En mi artículo anterior abordé el caso excepcional de China, un país comunista que está desarrollando un sistema económico basado en ideas muy similares a las de la Economía Física. El gigante asiático está totalmente volcado a desarrollar el bienestar de su población y tiene más que un parámetro monetario para abordar el problema de la pobreza. Aplica las métricas físico-económicas elementales, tales como el acceso a la canasta básica, provisión de servicios médicos, educación y vivienda; políticas como el desarrollo de las industrias locales, el mejoramiento de sus infraestructuras, de los servicios públicos y la protección del ambiente. Véase mi artículo anterior en: http://www.albedrio.org/htm/articulos/a/acarrera-001.html).

(5) Así lo explica Lyndon LaRouche: “La economía es esencialmente el estudio de los principios por medio de los cuales una población es capaz de producir las precondiciones para su existencia continua. Estas cuestiones físico-económicas son fundamentales; los asuntos monetarios, tales como moneda, crédito, banca y deuda, son una cuestión subordinada. Por lo tanto, tomamos como nuestra primera medición en la ciencia económica una cantidad que denominamos la densidad relativa potencial de población... Este progreso, este aumento en la densidad relativa potencial de población, ocurre como un avance en la tecnología aplicada. Ocurre en la forma de cambios más o menos continuos en la manera en que la gente trabaja... ¿De dónde viene ese cambio, esa tasa de la tasa de cambio? La fuente de esa tasa de la tasa de cambio de la función potencia son los poderes creativos de la mente humana”. Énfasis mío. Carta abierta de La Rouche a AMLO. Small, Dennis. Movimiento Ciudadano LaRouchista. México, septiembre de 2018. Pg. 5: https://drive.google.com/open?id=0B0w881gOEHIeTD
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(6) En nuestra historia reciente, la guerra abierta del imperio británico en contra del orden de Westfalia (relaciones internacionales de cooperación entre Estados nacionales soberanos), comienza con la Primera Guerra Mundial. Tras la segunda, surge el así llamado “orden liberal de posguerra” centrado en Washington (Londres le cede la estafeta de la dirección imperial, a la oligarquía anglófila norteamericana). La fase financiera de esta guerra se remonta al fin del sistema de paridad oro/dólar de Bretton Woods y a la imposición del nuevo petrodólar en el comercio mundial. Luego, el así llamado “Consenso de Washington”, avasalla al mundo con un conjunto de medidas de política económica neoliberal. Tal paquete de ajustes incluyó medidas como la reducción del gasto público, privatización de empresas estatales, liberalización del comercio y de los mercados de capitales, desregulación de los mercados financieros y laborales, entre otras. En este “Nuevo Orden Mundial” (entiéndase, un régimen oligárquico global unipolar opuesto al orden de Westfalia) surgen organismos supranacionales como la ONU, los thinks tanks y las oenegés. Estas últimas, principalmente, resultaron de lo más variopinto. Surgieron desde las que supuestamente defienden los derechos humanos, hasta el tipo de organizaciones ambientalistas e indigenistas que oponen sus demandas a los intereses del desarrollo económico, energético y de infraestructuras de los países. Resultaron también en perfectos Caballos de Troya para la puesta en marcha de guerras no convencionales en contra de Estados específicos, en forma de revoluciones de color y otras modalidades de acción no violenta.

(6) Véase: “The People’s Sovereignty”. Soros, George. Foreign Policy, 28 de octubre de 2009. https://foreignpolicy.com/2009/10/28/the-peoples-sovereignty/

(7) Véase: “Why China’s ‘Debtbook Diplomacy’ is a Hoax”. Askary, Hussein y Ross, Jason. 30 de agosto de 2018. The International Schiller Institute; https://schillerinstitute.com/why-chinas-debtbook-diplomacy-is-a-hoax/

(8) Véase: “Xi Jinping: China e Italia son emblemas de la civilización oriental y occidental”. 21 de marzo de 2019. LaRouche PAC en español; https://spanish.larouchepac.com/es/20190321

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