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Opuesto a Editorial de Prensa Libre
Por Antonio Castillo - Guatemala 26 de febrero de 2019

En nombre de un pueblo que no lo apoya y de una autoproclamación presidencial avalada por EEUU y sus gobiernos lacayos en América Latina, la derecha venezolana, encabezada por el parlamentario con ínfulas de dictador, Juan Guidó, han incurrido en las más despreciables acciones que solo pueden ser realizadas por una fuerzas vende patria y terroristas: intentar profanar el suelo patrio venezolano, con una supuesta ayuda humanitaria que, en realidad, fue el argumento para intentar provocar un hecho que justificara la agresión militar contra la República Bolivariana de Venezuela, su pueblo y su gobierno legítimamente electo.

El sábado recién pasado, el día programado por una autoproclamada y minoritaria “comunidad internacional”, el presidente designado por EEUU, Juan Guaidó, el alfil del imperio en la OEA, Luis Almagro, y los presidentes fascistas de Colombia y Chile, hicieron parte de la puesta en escena de una mala obra de teatro. Todos ellos, convertidos en los jefes de las guarimbas violentas, estimuladas con drogas y ofrecimiento de pagos jugosos, pretendieron hacer entrar a territorio venezolano supuestos cargamentos de ayuda humanitaria. El saldo: una ciudadana venezolana, una policía bolivariana y una reportera gráfica de origen chileno heridas, un bus de transporte público y dos caminos con supuesta ayuda humanitaria quemados, hechos de los cuales resultan responsables guarimberos pagados por la oposición derechista y protegidos por el gobierno agresor de Duque.

La problemática no ha hecho más que empeorar durante los últimos días, por el empecinamiento del imperio estadounidense a desentrampar la posibilidad de diálogo y negociación, al cual se ha manifestado dispuesto el Presidente Constitucional, Nicolás Maduro Moros. Contrariamente, ha orientado a sus fuerzas de oposición venezolanas para que provoquen y “soliciten” la intervención militar, la cual pareciera ser la única posibilidad para apropiarse de las enormes riquezas de apetencia del gobierno de Trump y las transnacionales estadounidenses y europeas: petróleo, oro, coltan, oro, entre otros.

Mientras la oposición venezolana cuenta con un minoritario apoyo dentro de Venezuela, su único sostén político es el respaldo de la potencia imperial de Estados Unidos y los gobiernos de derecha quienes, muy obedientes a sus designios, han integrado y activado el Cartel de Lima para intentar derrocar a Nicolás Maduro con presiones diplomáticas y amenazas de intervención militar. No obstante que este es un deseo del presidente estadounidense Trump, es una opción que se enfrenta a múltiples oposiciones dentro y fuera de Estados Unidos.

Una intervención armada de EEUU puede representar el inicio de una confrontación de imprevisibles consecuencias que, como suele ocurrir con los grandes conflictos, todos saben cómo y cuándo empiezan, pero nadie sabe cuánto pueden prolongarse y cuáles serían sus consecuencias. Latinoamérica constituye una región con suficientes ejemplos de las consecuencias en dictaduras, masacres, asesinatos, desapariciones forzadas, torturas y violaciones sexuales, ocasionadas por las intervenciones de EEUU y sus regímenes impuestos en nuestros países. Adicionalmente, es una opción que se enfrentaría a un pueblo y unas fuerzas armadas bolivarianas que harían de esa intentona un infierno para las fuerzas estadounidenses, o en su defecto, para las fuerzas regulares o paramilitares de países como Colombia, en caso de atrevan a esa acción intrépida y estúpida.

Las evidencias sobre las fortalezas morales, políticas y militares del gobierno encabezado por Nicolás Maduro son incuestionables, a pesar del bloqueo económico, financiero y comercial de Estados Unidos, que impide la compra de alimentos, medicamentos e insumos para la producción nacional. Mientras, la oposición se encuentra en condiciones de fragmentación y conflictos internos, así como embarcada en acciones temerarias, violatorias de la Constitución Política, cómplices en la violación del derecho internacional y cabeza de playa de una intervención en la cual resultan traidores a su propia patria.

La única manera de resolver este conflicto, sin recurrir a las armas, son las vías diplomáticas y de diálogo, teniendo como marco regulatorio el derecho internacional, la Constitución Política de la República Bolivariana de Venezuela, así como el respeto a la soberanía e independencia de los Estados, en este caso del venezolano. De lo contrario, se estaría gestando un precedente de incalculables retrocesos para las democracias y Estados latinoamericanos, amenazados por una renovada doctrina Monroe, desde la cual, Estados Unidos pretende someternos absolutamente a sus intereses. La única salida es derrotar la agresión imperialista y las prácticas terroristas de una oposición venezolana financiada y dirigida por Estados Unidos.

La comunidad de las Naciones Unidas también está obligada moralmente a impulsar acciones para frenar a gobiernos profundamente corruptos, represivos, incapaces y antipopulares, que limitan las garantías esenciales de sus ciudadanos y persiguen a sus opositores políticos, tal y como sucede con aquellos que se articulan en el Cartel de Lima (Colombia, Brasil, Chile, Perú, Guatemala, Honduras, entre otros), así como imperios como el estadounidense. En particular, frenarlos en sus acciones injerencistas y agresivas contra otros países como Venezuela, Cuba y Bolivia. No se deben tolerar regímenes que, como los que se integran en el Cartel de Lima, favorecen intereses foráneos y de oligarquías, por sobre las necesidades y demandas de sus pueblos. No se debe tolerar que sometan a sus pueblos a la explotación laboral, despojo de sus bienes públicos y violencia contra sus ciudadanos. De lo contrario, estaremos lidiando con terribles dictaduras con o sin fachada democrática.

La solidaridad debe florecer en estos momentos de urgencia para defender el derecho del Pueblo Venezolano a escoger y construir su propio destino, sin injerencias de ningún tipo, sin violar su derecho a la Paz.

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