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La democracia en cuestión
Por Ana Cofiño - Guatemala, 17 de mayo de 2009

Las guatemaltecas participantes denunciamos la injusticia.

Participé como representante de la publicación feminista La Cuerda en la conferencia de la iniciativa de mujeres premio Nobel de la Paz que se realizó al inicio de esta semana turbulenta.

Es común en estos eventos que las denuncias de violaciones a derechos humanos contrasten con logros obtenidos y avances hacia el bienestar. Cada vez es más frecuente y notoria la voluntad de evitar caer en la victimización.

Desde la perspectiva de las mujeres, la democracia implica que se cumplan todos los derechos humanos sin excepción, que las oportunidades y los recursos se distribuyan equitativamente, que la libertad sea integral. Planteamos la necesidad de hacerla cumplir a todo nivel, tanto en las relaciones familiares y afectivas, como en las sociales, políticas y económicas. Pensada en estos términos, no puede concebirse como un sistema estático que siempre permanece igual, puesto que está vinculada con expresiones culturales diversas y momentos históricos distintos que la obligan a modificarse y extenderse.

Las feministas cuestionamos la insuficiencia de la democracia que deja de lado a la mayor parte de la población, y recurre a la violencia, so pretexto de mantener “el orden”. La democracia que las mujeres estamos construyendo cuestiona lo personal y llega hasta lo global. Nos parecen inaceptables las democracias que permiten la destrucción del entorno natural, promueven las guerras e imponen religiones o formas únicas de pensar.

Es complejo y difícil el camino hacia la equidad, la justicia y la paz. Ahora que el sistema ha demostrado su incapacidad para lograr el desarrollo para la humanidad, se ven oportunidades para instaurar, desde lo local e inclusive lo individual, nuevas y mejores formas de vivir.

Algunas hablaron de la democracia del corazón, como una actitud de respeto, una postura ética de de justicia permanente, como conciencia práctica de la dignidad. Está claro que las transformaciones que queremos no se hacen de la noche a la mañana, ni con las armas en la mano, y que más bien se alimentan día a día, en todos los espacios y por todos los medios. A partir de ello, muchas han asumido puestos de gobierno, se han involucrado en el sistema político, en la toma de decisiones, para poner en práctica los cambios de que hablamos. No se trata nada más de hacer la diferencia, sino de involucrar a todos en esta revolución que busca una democracia radical, profunda, sin fronteras.

Las guatemaltecas participantes denunciamos la injusticia que predomina en este país, que provoca los mayores estragos entre las mujeres pobres, a través del racismo y la discriminación. Hablamos de los asesinatos y las torturas que se inflingen en los cuerpos de las mujeres, sin que el Estado asuma su responsabilidad. Expusimos cómo la impunidad es la base de los poderes que ejercen la violencia. Y compartimos el temor de que pretendan sustituir el endeble Estado de derecho, por un Estado de derecha.

Fuente: www.elperiodico.com.gt - 160509


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