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“¿Desaprendiendo la guerra?”
Por Anabella Giracca - Guatemala, 9 de mayo de 2008

La mitad de nuestra juventud padece hambre.

Educar para la paz implica enseñar a desaprender la guerra como institución social. Algunos especialistas definen “guerra” como aquel conflicto que produce un mínimo de mil muertos.

¿Entonces?, si los informes de nuestra historia reciente indican haber rebasado con creces ese mínimo de víctimas, estamos experimentando algo muy parecido a una guerra. Se hace cuesta arriba hablar de educación cuando las víctimas adquieren el rostro de una niña de ocho años, como la reciente muerte de Salomé Ávila: una parábola más del horror diario que vivimos. Es difícil hablar de educación cuando cientos de escuelas que están en “zonas rojas” no reciben resguardo del Estado.

La dictadura cultural de la violencia pareciera ser el molde con el cual se están formando nuestras futuras generaciones. Recordemos que si la violencia tiene la impotencia por origen, los niños contemporáneos están creciendo bajo la impotencia. ¿Qué sujeto cultural educamos entonces? Sin duda alguna, la agresión impide que se vuelque al aprendizaje como proceso constructivo. La violencia, presente en cada recoveco de nuestra cotidianidad, también aniquila conciencias y memorias, ya que este hostil clima de supervivencia nos dirige a una actitud de parálisis, de espera e individualismo.

Como resultado, hoy los niños muestran un estado de creciente temor, ansiedad y formas destructivas en el trato con el otro, porque las acciones de fuerte sesgo agresivo que se respiran en el ambiente, evitan el reconocimiento pleno de los afectos y sentimientos. Pero ¿qué podemos esperar cuando mujeres permanecen en huelga de hambre reclamando el paradero de sus hijos robados? Cuando le dejamos al individuo las secuelas de sus desgracias sin solidarizarnos, ¿cómo hablar de educación cuando las mismas fuerzas destinadas a brindar ejemplo y seguridad se enfrentan con violencia a plena luz? Cuando miles de niños se quedan sin hogar por el devastador fenómeno de la migración. Cuando la mitad de nuestra niñez padece hambre, ¿con qué elementos podemos sostener que nuestro futuro está en la niñez y en la juventud? La barbarie en la que vivimos se manifiesta en la ausencia de un llanto colectivo, en la falta de reacción y de acción. ¡Vaya ejemplo que damos! Guatemala está de luto por su indolencia, por su apatía. Porque si una niña muere ayer, mañana salimos a la calle con el olvido a cuestas. ¿Estamos enseñando entonces, a desaprender la guerra? La indiferencia es mala maestra.

Fuente: www.prensalibre.com - 070508


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