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Las luchas nuestras, las luchas de las comunidades indígenas
Por Aura Lolita Chávez - Guatemala, 23 de noviembre de 2018

¡Porque vivas, libres, sanas y dignas nos queremos! ¡Fuera empresas transnacionales de muerte, fuera de nuestros territorios!

A manera de expresión inicial, les digo: “En la red de la vida plural y diversa, vamos caminando, vamos tejiendo nuestras redes feministas, con un amor profundo a la vida, indignadas por las injusticias, rebelamos nuestras rebeldías territoriales y juntamos nuestros acuerpamientos para sanar juntas y recrear horizontes en la plenitud de nuestra propia existencia”.

Soy Lolita Chávez, integrante del consejo de pueblos K’iche’s, feminista comunitaria, maya K’iche’, defensora de la vida y los territorios. Vengo del pueblo Maya K’iche’, un pueblo valiente, rebelde, en donde desde patojas, chiquitas, aprendemos a encender el fuego, encender el fuego, es una expresión de vida, gratitud, celebración, es sentir nuestra luz y que somos luz, nuestras cosmovisiones ancestrales milenarias se entretejen resignificando nuestra vida.. Aprendemos a ser y vivir en comunidad, pero también de conexión energética, cósmica, intergeneracional.

En estas jornadas feministas hacemos nuestro este diálogo de saberes, desde nuestros feminismos y la oportunidad de expresar nuestras preocupaciones y más profunda indignación por lo que estamos viviendo en los territorios, las múltiples opresiones.

Como defensora ratifico que como pueblo Maya K’iche’ tenemos derecho a la vida, tenemos derecho al derecho al agua, como cualquier otra sociedad, y eso es lo que defendemos, por eso nos criminalizan, por eso nos persiguen por eso han asesinado a tantas y tantas defensoras.

Tenemos el gran reto como humanidad de detener la deforestación y la pérdida de biodiversidad. Entre 2006 y 2016, perdimos un promedio de 38.600 hectáreas anuales de bosque dentro y fuera de áreas protegidas. Allí los ecosistemas proveen hábitat para la biodiversidad, regulan el sistema hidrológico y los microclimas, son sumideros de carbono y proveen estabilidad al territorio. ¡Estamos gritando a los cuatro vientos que las empresas madereras están acabando con árboles ancestrales! Datos estadísticos nos demuestran que la sociedad guatemalteca utiliza menos del 20% del agua disponible en nuestro país; tenemos agua, pero varía su disponibilidad en el tiempo y en el espacio, el agua se maneja con distribución exclusiva para quienes tienen privilegios.

Es prudente y urgente en este espacio hacer la siguiente crítica: los mundos tienen una limitada percepción de lo que somos los pueblos originarios, percepción que se han hecho en base a imposiciones de modelos como el modelo capitalista, el modelo patriarcal, el modelo colonial. En base a ello es que entonces generan conceptos epistemologías, por lo general bastante erróneas, y esto hace que los choques sean más frontales y que los diálogos no se den toda vez que la inferiorización de nuestro ser se implementa en el ser inferior de concepción de la humanidad.

Estamos conviviendo en territorios ancestrales, reconocemos que estamos en Abya Yala, que entreteje historia y memoria ancestral de pueblos, comunidades y modelos de vida vinculados profundamente con la madre tierra, que con nuestras propias vidas estamos deteniendo empresas transnacionales mineras hidroeléctricas, de monocultivos, petroleras, forestales, que llegan sin consulta previa, expolian utilizando los aparatos represores de los Estados genocidas, racistas, misóginos.

Abrimos aquí el debate, con certeza, con nuestra participación, como mujeres defensoras, para encontrar caminos que urgen hacia la construcción de otras justicias, donde nuestros cuerpos, nuestras vidas, nuestras palabras, nuestros deseos, nuestros territorios, nuestros pueblos, sean protagonistas; y encontremos los modos de defendernos, sanarnos, y reivindicar nuestro derecho a rebelarnos ante todas las opresiones y a crear nuevos modos de vivir, de sentir, desde nuestras cosmovisiones, proyectos y formas de ver la vida.

La pregunta es cuales serían los mecanismos para entrelazar nuestras vidas, entrelazar nuestras agendas, entrelazar nuestros feminismos, entrelazar nuestros internacionalismos, nuestras autonomías y libres determinaciones, anulando privilegios, para vivir con justicia, trasformar vidas y generar libertades vidas dignas, y nunca resignarse a morir o a que mueran otras porque son de otro continente o porque son de otro pueblo o porque son de otros estratos sociales. Y así que nuestros caminos feministas transformen otros mundos y den la posibilidad de trascender en la vida entre pueblos comunidades y territorios, las sociedades, el compromiso de vida digna feminista es colectivo mujeres, lesbianas, trans, travestis, originarias, afro, negras, indígenas, campesinas y…

Y si resulta que los caminos ya están allí, solo hace falta retomarlos, solo que quizá no los vemos porque están las jerarquías generacionales, jerarquías de épocas, jerarquías de visibilidades, jerarquías de memorias, jerarquías académicas, jerarquías de jerarquías.

Y si resulta que los caminos están en la sabiduría de las generaciones de los tiempos no tiempos, y están en el horizonte de nuestras vidas sabias y no los vemos porque caminamos en este tiempo en este espacio y en este movimiento.

Porque honramos a nuestras ancestras y porque honramos a las hermanas que nos enseñan que “día con día crece la rebeldía”. (EZLN.)

Una de nuestras reflexiones entre muchas mujeres indígenas es que no estamos peleando por el derecho a la tierra, estamos exigiendo que nos devuelvan las tierras que nos robaron con sus planes de exterminio, devolver para sanar las tierras, devolver las tierras por justicia, devolver como una expresión de resarcimiento de la humanidad para los pueblos originarios.

¡Porque vivas, libres, sanas y dignas nos queremos! ¡Fuera empresas transnacionales de muerte, fuera de nuestros territorios!

Aura Lolita Chávez es activista de los derechos de las mujeres indígenas guatemaltecas.

Fuente: ctxt.es


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