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A un año de las movilizaciones, todo sigue igual
Por Ana López Molina - Guatemala, 20 de septiembre de 2016

Ante acusaciones de corrupción que colocan al ex presidente y la ex vicepresidenta como cabecillas de una red de desfalco, estafa y lavado de activos, entre abril y agosto de 2015 las manifestaciones en las plazas del país se mantuvieron todos los sábados exigiendo la renuncia, primero, Roxana Baldetti, y luego la de Otto Pérez Molina.

Significó el regreso de la clase media como actor social, abanderando la lucha anticorrupción ante la red de desfalco fiscal develada y perseguida penalmente por la CICIG y el Ministerio Público. Las elecciones ya estaban programadas para septiembre, y lo que cambió fue que con la campaña #NoTeToca, Baldizón sufrió una derrota en las urnas. Pero el resultado electoral llevó a Jimmy Morales a la presidencia, respaldado por un partido creado y dirigido por veteranos de la guerra genocida en Guatemala.

Ante los efectos de las jornadas de 2015, hay una postura que cree que es un movimiento cívico con capacidad revolucionaria, con afirmaciones sobre la legitimidad de la expresión popular, calificando las movilizaciones como evento histórico. Algunos han ido más allá y afirmado que se trata de un impulso democratizador, que alcanza las estructuras mismas del país y la región. Esto porque era un movimiento sin dirigentes. En ese sentido, daba la apariencia de horizontalidad, pero a la vez, esa falta de liderazgo lo sometió a la deriva de las coyunturas. A pesar de que se comprende que poco puede cambiar por el momento, las voces más esperanzadoras afirman que sigue habiendo una capacidad transformativa.

Otra postura ve desencantada cómo las viejas estructuras se mantienen. El voto por el humorista Jimmy Morales apoyado por un partido creado por veteranos de derecha anticomunista muestra que nada cambió y que hace falta todavía una reflexión seria sobre la democracia que se quiere para el país. Después de las elecciones, la plaza no volvió a llenarse, por más que las convocatorias siguen haciéndose contra la corrupción, exigiendo tímidamente la captura de "La línea 2", la imputación de diputados vinculados a plazas fantasma o demandar al Congreso las reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos. Esto demuestra que esa reflexión no se ha dado, y que en efecto fue un movimiento cuya efervescencia pasó, dejando instalado un gobierno que continuará las mismas prácticas que criminalizan a los defensores de los territorios mientras favorecen los negocios transnacionales.

A pesar de las apariencias de cambio, la tercera postura da cuenta de una de las hebras de la red de corrupción: aquellos que pagando sobornos también se enriquecen, es decir, miembros de la oligarquía y empresarios. Aun cuando han sido socios históricamente, Estados Unidos ha decidido cambiar su postura poniéndose en contra de sus antiguos aliados bajo la bandera de la "lucha contra la corrupción". Una táctica fue la de los Panama Papers, que convenientemente señala personas públicas en varios países, excepto Estados Unidos y que enfocan esa lucha contra la corrupción como la matriz de todos los cambios. Pero se empieza a ver que esos cambios sirven para crear las condiciones para la implementación del Plan para la Prosperidad del Triángulo Norte, que incluye más inversión corporativa en las empresas extractivas (minería, hidroeléctricas, monocultivos combustibles), y cuya excusa es promover el empleo en los países centroamericanos, previniendo la migración de hombres jóvenes hacia el Norte.

Habría que prestar atención a América del Sur, donde pareciera que ha llegado el efecto de la ola de lucha contra la corrupción, pero con resultados nefastos que truncan procesos de largo aliento. Para Guatemala significa la persistencia de las mismas estructuras y el mismo poder de derecha, pero para la región austral del continente es la vuelta de las derechas.

Es importante hacer notar que para que este elaborado plan tenga el efecto deseado es imperativa la estabilidad económica. Estados Unidos ha mantenido una actitud de apoyo y compromiso con el proceso de fortalecimiento de la justicia y persecución penal de los implicados en las estructuras de corrupción, contrario a su forma de operar del pasado, que se inclinaba por la desestabilización por medio de la prensa y la imagen de mercado. Como ejemplos contemporáneos tenemos los Fondos Buitre en Argentina, los problemas económicos en Venezuela, las políticas públicas de los gobiernos boliviano y ecuatoriano, y yendo más atrás en el tiempo, lo ocurrido en 1954 en nuestro país.

Todo apunta a que 2015 ha marcado la continuidad del proyecto neoliberal, lo que, por supuesto, no aplaca el efecto revitalizador que las jornadas de abril, mayo, junio y agosto tuvieron para los movimientos populares y, sobre todo, para una clase media adormecida por sesenta años.

Fuente: Información AVANCSO: informacion@avancso.org.gt


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