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Pater familia
Por Anamaría Cofiño K. - Guatemala, 15 de junio de 2008

Cómo nos afecta la relación con el padre.

La figura del padre ha sido y es central para el modelo de familia patriarcal que, desde la antigüedad hasta hoy, ha pasado por transformaciones históricas impuestas por el desarrollo de nuevas relaciones sociales. Aunque las familias contemporáneas son muy diversas, y los hombres ya no siempre están en el mismo lugar, el padre sigue teniendo poder, prerrogativas y privilegios.

La mejor manera de ilustrar lo dicho es observando a los padres de carne y hueso. Las mujeres sólo podemos hablar de ellos desde nuestro papel de hijas, hermanas o esposas, es decir, desde una posición que generalmente ha sido de subordinación.

En Guatemala, muchísimas hijas hablan de padres autoritarios que intimidan, amenazan e imponen; sus relatos están teñidos por la profesión de un respeto que más parece temor, porque implica callarse, no cuestionar, obedecer. Otras hablan de padres amorosos y apoyadores que las acompañaron y les dieron herramientas para desarrollarse y crecer, sin coartarlas por ser mujeres; sus sentimientos en cambio son felices y gratos, hay un reconocimiento a quien les permitió crecer sin sentirse menos que los hombres, y les dio una fuerte base para andar por la vida con seguridad.

Infinidad de mujeres y hombres en este país han crecido junto a padres alcohólicos que les han dejado cicatrices profundas, cuyo recuerdo se asocia a sufrimientos, abusos, vergüenza. Abundan también quienes padecen el vacío dejado por hombres ausentes, o por los que aparecen como cometas, dejando más carencias que bienestar. En mi recuento de padres conocidos, aparecen los chantajistas que se disfrazan de buenos, pero que manipulan a sus hijas para tenerlas siempre bajo control como “sus niñitas”; están los irresponsables, que parecen tener buenas intenciones, pero a fin de cuentas no suman, sino más bien restan, porque hay que sacarlos de sus atolladeros y hasta darles de comer; hay también los papás proveedores, que están pendientes del bienestar de sus hijas, pero a condición de que cumplan con el mandato patriarcal.

Las feministas hemos analizado cómo nos afecta la relación con el padre y qué consecuencias tiene en nuestras vidas presentes. Para muchas es una pena que cuesta entender y procesar. Para las menos, es una relación valiosísima a la que acuden en busca de sostén, consejo y compañía. En todo caso, queda claro que es una relación que puede marcar nuestra manera de aproximarnos o alejarnos de los hombres y del mundo. Es un referente básico que ejerce una influencia determinante para bien o para mal.

Ahora veamos cómo repercute en la conformación de la sociedad el hecho que millones de padres sean desobligados, abusivos o ausentes. Cómo ha afectado eso a las familias guatemaltecas, cómo se reproduce un modelo que al contrastarlo con la realidad lo que más genera es dolor.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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