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De proyectos militares y gobierno
Por Álvaro Velásquez - Guatemala, 10 de enero de 2013

El primer año de gobierno de Otto Pérez Molina confirmó la tesis de que este gobierno iba a representar una alianza militar y oligárquica, en aras de una “restauración del orden” del statu quo.

Quién representa la síntesis de la alianza entre distintos redes militares en retiro y el gobierno es el Secretario Antonio Arenales Forno. Se dice que al menos 150 generales en retiro colaboran con este gobierno, expresando diversas tendencias, desde las más oscuras (crimen organizado) hasta los de la vieja concepción económica desarrollista, que a falta de aparato del Estado, vuelcan ahora sus afanes a través de dos megaproyectos de la Franja Transversal del Norte y el Corredor Seco.

Pero en medio de estas facciones, i.e. la oscura y la desarrollista, está la que sigue reivindicando su victoria contra el comunismo. Es decir, las redes de Avemilgua y la civil Fundación Contra el Terrorismo dirigida por el columnista del diario El Periódico, Ricardo Méndez Ruiz. En el gobierno, es el civil Antonio Arenales Forno quien expresa ese discurso. No se olvide que sus antecesores familiares inmediatos fueron cancilleres del Gobierno de Ubico y de Castillo Armas respectivamente.

Este cubre dos propósitos: aprovechar el tiempo para revertir desde lo jurídico todo lo que las víctimas del conflicto armado hayan avanzado en materia de lucha contra la impunidad y, lo otro, la batalla por la memoria histórica.

La activista Hellen Mack es quien mejor lo ha expresado: “se trata –dijo en entrevista con Juan Luis Font- de una batalla ideológica por ver quién gana la interpretación oficial de la Historia”.

Pero ¿será acaso esta la preocupación principal de las redes militares que apoyan a OPM? ¿O están pensando en un proyecto de largo plazo que suponga la recuperación del estatus real de poder perdido a cuyo fin encargan al gobierno de OPM? La historia de Guatemala ha mostrado que el Ejército desde los tiempos de Rafael Carrera en el siglo XIX hasta la fecha, ha oscilado entre ser subordinado de la oligarquía hasta ser su competidora en dos planos: lo político y lo económico.

En el primer caso, mediante el control más o menos directo del Estado y más aun durante la guerra interna cuando este control político abarcó lo económico. En el ejército ha prevalecido una tendencia nacionalista e incluso desarrollista dentro de las filas de la institución armada, producto de ser parte del núcleo duro estatal. Esta visión estratégica en lo económico se la ha querido borrar mediante la indoctrinación del individualismo de mercado desde la esfera de dos universidades privadas que reclutan y egresan oficiales, con más o menos éxito.

Cuando la democracia y el proceso de paz, desplazaron al Ejército a sus cuarteles, el programa neoliberal volvió a darle el poder a la oligarquía tradicional. Algunas sobras de dichos negocios se repartieron entre militares en retiro, pero otros quedaron a la deriva. Total, muchos habían aprendido a ser empresarios cuando se quedaron con recursos estatales cuando lo controlaban. Recuérdese que el Ejército llevó al límite la concepción del Estado burocrático-empresarial (O´donell).

Hoy día, cualquiera sea el objetivo de las redes militares, se contienen en el límite formal de la democracia vigente. ¿Aprenderán a convivir con la democracia? ¿Renacerá una concepción nacionalista de la economía o prevalecerá la visión entreguista y egoísta que de ella tienen, las elites tradicionales? ¿Estarán con OPM hasta el final o saltarán al próximo barco?
Por ahora, solo queda estar atentos.

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