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¿Una economía socialista en el país?
Por Álvaro Velásquez - Guatemala, 14 de febrero de 2013

No me refiero al discurso más extremista del libertarismo guatemalteco que sostiene que en este país hay un sistema económico socialista porque los poderosos no pueden hacer todo lo que quisieran hacer (laissez faire), sino de un modelo productivo y de gestión, que logra juntar la fuerza de los débiles para un beneficio común: el cooperativismo. Del cual hay buenos ejemplos de éxito en este país (Banrural destaca en su apoyo), demostrando que la empresarialidad social sí es posible y no solo eso, sino también que las formas solidarias de economía son rentables y además necesarias en este país, donde el individualismo se erige como ideología oficial de la indiferencia.

El sistema cooperativo, como se sabe, es un modelo intermedio entre la gran propiedad individual y la propiedad colectiva, jurídicamente reconocida para administrar todo tipo de servicios de corte financiero, agrícola, educativo, medioambiental o turístico. En este caso, interesa mostrar un caso exitoso como lo es la Cooperativa Nuevo Horizonte, conformada por unas cien familias de ex combatientes de lo que fueron las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR), asentados en una finca de 20 caballerías en el departamento del Petén, adquirida como parte de su reinserción a la vida civil.

La semana pasada tuve la oportunidad de asistir al acto formal de entrega del acuerdo del Fondo de Tierras que reestructuró la deuda comunitaria en un 72%, con lo que ya solo les queda pendiente unos Q600 mil, los cuales piensan cancelar en menos de cinco años. ¿Cómo se logró esto?

Invirtiendo juntos en infraestructura vial, religiosa (una iglesia); salones comunales; centros educativos (primaria y secundaria), además de proyectos productivos en ganadería, piscicultura, reforestación, protección de la selva y fauna, y hospedaje turístico, todo bajo sus propias fuerzas y de la solidaridad internacional, dado que tanto el gobierno central como las municipalidades cercanas, se estuvieron resistiendo a proporcionar energía eléctrica u otros servicios básicos.

Y más bien algunas autoridades estimulaban entre sus vecinos el prejuicio contra ellos. Hoy día, Nuevo Horizonte, apoya incluso a 16 de sus jóvenes a asistir a distintas universidades ubicadas en el municipio de Flores. Sus primero profesionales comunitarios.

Una de las claves de su éxito ha sido que la cooperativa se integró solo por ex combatientes, cuadros y oficiales de las ex FAR, asegurando mística y camaradería, y aunque en la actualidad la mayoría de ellos mantiene vínculos con el partido Alternativa Nueva Nación (heredera política de las FAR), eso no ha impedido que otros partidos como la UNE y otros, tengan sus respectivos afiliados en la comunidad.

Para mantener la armonía y la direccionalidad autogestionaria, las jerarquías están bien definidas. La Asamblea General es su máxima autoridad; luego la Junta Directiva opera lo administrativo, y en especial, es el Consejo de Veteranos el que mantiene la cohesión moral del grupo. Las tres formas de propiedad que existen allí son la Colectiva (bosques, lagunas, casco urbano), la de Grupos de Interés (unidades productivas) y la individual (residencial). La seguridad contra el narcotráfico es otro de sus logros.

Sus carencias y limitaciones (como el déficit de participación de las mujeres en la toma de decisiones) no ocultan su orgullo, con el cual conmemoraron el 7 de febrero, el 50 aniversario de fundación de las FAR, semilla organizativa de su visión revolucionaria, política y económica para el país. Felicitaciones.

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