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Del Estado neoliberal al ultraliberal
Por Álvaro Velásquez - Guatemala, 20 de febrero de 2013

Para quienes sostienen la tesis de que la oligarquía guatemalteca ya no manda y que es cosa del pasado estar denunciando su poder monopólico en la economía y la política de este país, tres cosas lo contradicen flagrantemente: 1) el más reciente viaje del Presidente Otto Pérez Molina a España, acompañado de representantes de las élites económicas tradicionales y algunos de la economía emergente; 2) los casi 20 recursos de inconstitucionalidad contra el ajuste fiscal así como haber boicoteado la Ley de Desarrollo Rural el año pasado y, 3) el paquete de 5 leyes “pro-empleo y competencia” que los ministerios de Trabajo y Economía (anunciado durante el ENADE del año pasado) que el gobierno envió al Congreso de la República recientemente. Lo cual confirma el proyecto de fondo.

El Estado neoliberal se impuso en Guatemala a partir del Gobierno de Álvaro Arzú y para efectos prácticos ha significado dos cosas: Por una parte, Privatización y Descentralización. Lo que significa un Estado más débil a sus responsabilidades sociales y económicas constitucionales. Por otra parte: Una democracia de libre mercado, donde el régimen electoral, los partidos políticos y el Congreso de la República son el reflejo del fortalecimiento del poder económico; del cortoplacismo político y de la corrupción.

Pero al parecer ello no basta para el consorcio que nos gobierna con el Presidente Otto Pérez Molina. He aquí dos pistas: Cual si se tratara de un neocolonialismo a la inversa, esta vez, solicitada por nuestras propias autoridades, OPM llegó a España a continuar la política de “se abrió paca” con los recursos naturales de este país, ofreciendo además condiciones legales óptimas representadas en ese paquete de leyes aludidas y de paso ayudarles a salir de su crisis. “La mejor política social es la inversión extranjera” fue los que les dijo a los españoles. Ya hay 82 empresas españolas operando aquí y se prevé que unas 15 empresas adicionales sean atraídas.

Para procurar ampliarlo se planea la próxima Investment Summit previsto para el 30 y 31 de mayo organizado por la Cámara de la Industria con el concurso del Ministerio de Economía y otras cámaras nacionales y binacionales, además del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), en el cual se pretende mostrar las ventajas “comparativas y competitivas” del país. Se espera que entonces ya esté aprobado el paquete de leyes de “competitividad y transparencia” que han elaborado de manera conjunta, empresarios y gobierno. En estas se prevé flexibilización de la contratación laboral, de sus jornadas y del salario mínimo, entre otras, autoconcesiones.

Se trata de un modelo económico radicalizado, abstencionista en cuanto a afectar los intereses de los poderosos –eso ya se logró- pero a la vez, intervencionista para quitar sistemáticamente “los obstáculos a la competencia” que la soberanía del mercado necesita. Se pretende así pasar ya del Estado Neoliberal al Estado Ultraliberal o mejor dicho, a un “Neoliberalismo de Estado”. Aquí hay que insertar la supresión de las Normales, las que en vez de convertirlas en centros de Educación Superior, como se hizo en México, apunta a una reforma magisterial que maquile en masa personal barato para el nuevo modelo.

¿Que todas iniciativas traerán bonanza económica? ¡Por supuesto! Pero para los mismos de siempre. Así que el famoso orden espontáneo no lo es tanto, sino que hay que promoverlo activamente (i.e. constructivismo) mediante reformas legales e incluso constitucionales para que cobre vida.

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