Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 9 - 2013

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Poesía liberal y “mercantilismo”
Por Álvaro Velásquez - Guatemala, 6 de marzo de 2013

Cuantas veces se cuestionó al modelo capitalista de corte neoliberal que prevalece en Guatemala, debido a sus pésimos resultados y a su oligarquía beneficiaria de una economía cautiva, concentrada y llena de privilegios legales a su favor, de inmediato, los libertaristas locales, cuyo origen es harto conocido, salen a deslindarse de ese sistema y su sustrato ideológico, afirmando que es en este país no hay un sistema verdadero sistema capitalista sino uno “mercantilista” (i.e. economía proteccionista y con privilegios) y eso explicaría sus actuales fallas y/o que la prosperidad no es plena para todos.

Para sostener sus afirmaciones citan dos pruebas: primero, lo que llamo una “poesía liberal estándar”, es decir, lo más caro y común del discurso de la Escuela Austriaca de Economía (EAE) sobre el reino de la libertad, un sistema donde el Estado de Derecho reguarda la propiedad privada y los negocios, donde todo el mundo se sujeta armoniosamente a las leyes de la naturaleza y a la naturaleza humana: el mercado. La segunda prueba es el Índice de Competitividad Global del Foro Económico Mundial, al que denomino el “Mapa de Jasón y los Argonautas para recuperar el Vellocino de Oro”. Mide, monitorea y promueve en base a 111 variables cuáles mercados locales de 144 países son más viables para los capitales financieros internacionales.

Pero lo que este muestra es que Guatemala mejora su calificación. Lo que confirman que aquí hay un buen ambiente institucional y “potenciadores de eficiencia” para hacer negocios. Guatemala aparece en el puesto 9 de América Latina y 83 a nivel mundial en variables de flexibilidad laboral, mercado de bienes y financiero; contratación telefónica, disponibilidad de recursos al exterior, entre otros (cf. Fundesa, sept. 2012). En cambio, donde se cae es en costos asociados la violencia, y en Innovación y patentes (i.e capitalismo dependiente). Como sea, sí hay capitalismo y capitalistas ganando bien. Lo que no mejora es el Índice de Desarrollo Humano, al contrario, empeora.

Entonces caigo en la cuenta: todo ese discurso del “mercantilismo” es pura apologética, una burda diferenciación conceptual que sirve para evadir toda crítica al modelo vigente y sus beneficiarios: la oligarquía. Y entre más fuerte la crítica, más alta la valla de lo ideal. Y casi advierten: “Las familias, corporaciones y cámaras empresariales que controlan la economía, quizá sí son malos liberales, pero son los buenos del país porque son el sector productivo”.

Lo cierto es que los libertaristas locales no están del mismo lado que los demócratas cuando de luchar contra los privilegios se trata, aunque teóricamente defienden lo mismo. No es lo que se pide sino contra quién se lo pide. Toda esa poesía liberal sirve para defender los privilegios de las minorías y luchar contra las demandas de “privilegios” (más bien, derechos) de las mayorías. Un bloguero escribió que si el libertarismo fuera consecuente, hasta Alfonso Portillo debería ser declarado campeón del libre mercado. Y si insistes en las falencias del sistema en cuanto a igualdad y libertad, corres el riesgo de ser acusado de comunista.

Pero que no se diga que no hay un plan concreto a seguir. Según R. Parellada (Siglo21, 28/2/2013), ese otro Estado que se necesita para haya libre mercado en Guatemala es uno que sobreviva con Q8 mil 500 mil millones (o de Q23 mil millones si la tasa del IVA fuera de 3.6%) cuyo gobierno se dedicara exclusivamente a las fuerzas armadas, orden público y la justicia.

¿Cuál es la alternativa?

www.albedrio.org


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.