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La escuela de gobierno neoliberal
Por Álvaro Velásquez - Guatemala, 26 de abril de 2013

La semana pasada se concretó un proyecto denominado Escuela de Gobierno(EdG) anunciado desde julio del 2012, como un proyecto estrella de la Fundación Libertad y Desarrollo de Dionisio Gutiérrez, cuyo máximo socio internacional es el español José María Aznar. La EdG guatemalteca tendrá como “campus” a Ciudad Cayalá.

Entre los miembros de su Consejo Consultivo estará el Presidente Otto Pérez Molina junto con otros ex funcionarios guatemaltecos, y del partido Arena de El Salvador. Ahora bien ¿cómo se inserta esta iniciativa en nuestro contexto? Mi teoría es que esta es una más de las herramientas de hegemonía ideológica queel liberalismo económico pretende en la sociedad, aunque más en el área administrativa del Estado, lugar donde cobran vida las políticas por las personas que lo integran.

En latín se denominaba ministerio y en griego liturgia al servicio público, a la vocación y elección que las personas ejercían para servir a la ciudad y al resto de ciudadanos (conforme al ideal ateniense), cediendo una parte de su tiempo o recursos para ejecutar decisiones colectivas (i.e. las políticas) de la Asamblea. Fue M. Weber quien constató después que la evolución de este concepto de servicio, sus reglas y fines, dieron lugar a la burocracia y, en suma, a la racionalidad global del Estado.

Llevando más lejos el concepto de racionalidad administrativa weberiana, el neoliberalismo reaganiano-tacherista añadió la clave anti-política (antidemocrática) al modelo, convirtiendo el servicio público en mera tecnocracia: el arte de hacer bien las cosas. Se llama Nueva Gestión Pública (NGP) o sea, el traslado masivo de las formas y motivos de la empresa privada hacia el sector público, especialmente en la relación costo-resultado, balance presupuestarioy otros.

A su vez, este paradigma penetra la dimensión jurídico-económico del Estado que consiste en: ser abstencionista en materia social y minimalismo de funciones; así como altamente intervencionista en materia económica, para asegurar que el mercado sea el juez de las prioridades y precios en los servicios públicos. El producto neto de este diseño es mayor fuerza a la plutocracia que consume para sí la riqueza social.

Una de las pretensiones de este programa es que empresarios pasen a dirigir oficinas públicas; pero no alcanzan. Esto exige la formación de cuadros empapados de lo suyo, especialmente con la visión de Públic choice (economía constitucional y del derecho) porque el fin último no es el fortalecimiento de la cosa pública sino su acotamiento. De ese modo, todo aquel personal calificado que ha sido formado en universidades públicas o privadas pero teniendo una concepción más integral de la Ciencia Política y del derecho público, van quedando paulatinamente desplazados.

En este país, donde el Instituto Nacional de Administración Pública (INAP), ha sido incapaz de formar y capacitar a los inestables empleados y funcionarios públicos, es lógico que sean iniciativas del sector privado, como la EdG, quienes vengan a cubrirel vacío existente.

Y si entre los contenidos previstos de la EdG se hallan cursos como “Populismos en América Latina”, no extrañaría ver adelante otros como Introducción a la Privatización; o bien, Historia Corregida de Guatemala (Sabino I y II); sin faltar las referidas a Transparenciaque son el jabón de los demás temas.

Es de suponer que este gobierno ya tendrá comprometida su cuota de personal para enviar a los cursos a la EdG, así como partidos y alcaldes proclives, por lo que su éxito ya está asegurado, ¿no?

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