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Liberalismo, democracia y dictadura
Por Álvaro Velásquez - Guatemala, 2 de mayo de 2013

Ya antes he tratado de revelar que en el libertarismo, como en cualquier otra ideología, hay contradicciones entre teoría y práctica, así como incoherencias internas del sistema, pero me fijaré en lo primero como aporte más al debate.

Partamos de la premisa de que algunas de las principales diferencias entre la dictadura militar pasada y la democracia actual es que en esta debería existir un sistema de justicia independiente y no arbitraria; un pluralismo sin excepciones, y una libertad de ser, hacer y decir.

Pero ¿dónde estaban entonces quienes hoy claman por la libertad? ¿Por qué no se les oyó protestar por nada durante tal dictadura? Misma que fue vigente entre 1963 hasta 1986 mediante: 1) Fraudes electorales y golpes de Estado a discreción de las élites; 2) represión estatal contra toda suerte de oposición política; 3) Sofocamiento de todas las libertades y derechos: de la vida; de asociación; de prensa (expresión y pensamiento); de movilización; de presunción de inocencia y debido proceso; 6) Gobernación mediante Estados de Sitio; toques de queda y un sistema judicial sometido; 7) Reclutamiento forzoso masiva para la tropa regular y para las PACs; 8) Concentración de miles de indígenas en Polos de Desarrollo y Aldeas Modelo; 9) Falta de libertad religiosa cuando se impuso la reeducación (re-evangelización) masiva en la región Ixil; 10) Leyes anticomunistas activas desde el golpe de Estado de 1954 hasta 1986; 11) corrupción generalizada y conformación de una casta militar. Todo eso sin contar los crímenes propiamente de guerra. Es decir un sistema en absoluto democrático o libre.

De ahí que uno suponga que en la batalla entre la justicia y la impunidad debería ganar la primera, por ser una postura moral. O que en última instancia apoyarás el juicio para dilucidar los cargos allí, pero más bien prefieren bombardear su realización. Los beneficiarios del statu quo cierran filas.

Esto lo han admitido autores de todas las tendencias (desde F. Hayek hasta A. Touraine): que el orden capitalista en tanto garantice la gran propiedad productiva no importa el régimen político que lo sustente. Lo cual significa estar más cerca de las formas dictatoriales que de las democráticas. Y un dato más. Cuando el orden capitalista-plutocrático se halla en peligro, invariablemente convoca a su hermano mayor: el fascismo y el terror que lo acompaña.

¿Y entonces? ¿Qué explica que un liberal sincero, supuestamente desconfiado del Estado y amante de la cooperación voluntaria, descalifique el juicio a la dictadura y sus crímenes? Porque no me refiero a los que de manera consciente la apoyaron y financiaron, sino al que de veras cree que la ideología que claman es neutral y desinteresada.

¿No habló J. Locke de la resistencia legítima de la sociedad civil ante la tiranía y la legítima defensa? Significa que: 1) La resistencia ciudadana en Guatemala contra la dictadura fue legítima y 2) Que las causas de la rebelión social, no eran producto de Moscú, sino seculares y autogeneradas.

Pero a este respecto muchos todavía justifican: “es que los militares estaban defendiendo la legalidad constitucional y librándonos del comunismo”. Lo de la legalidad es ridículo sostenerlo. Mientras lo segundo siegue siendo el sambenito desde los años 50 del siglo pasado.

Más realista es pensar que la oligarquía quería impedir a toda costa cualquier reforma social sobre el sistema de propiedad en este país y que en esa batalla, la democracia no ha podido vencer. La república oligárquica, sigue gozando de buena salud.

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