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Fiscalizar a los Partidos Políticos
Por Álvaro Velásquez - Guatemala, 4 de julio de 2013

La democracia “de los partidos” no es la única democracia posible. Los factores participación ciudadana y voto universal son más importantes en una democracia sustantiva que la mera existencia de aparatos políticos que se reparten la representación de la soberanía popular. Sin embargo, siendo que nuestra legislación tiene a los partidos al centro de la política electoral, hay que hacer algo para fortalecerlos.

Comparativamente hablando, Guatemala tiene el régimen de partidos más inestable (y chistoso) de América Latina. En la práctica esto ha sido así debido a la creciente “la americanización del régimen electoral guatemalteco”, es decir, a la copia de las formas más usuales de operar de dicho sistema, por ejemplo: a) imperio del dinero privado; b) individualización de la representación (nuestro sistema es formalmente proporcional y no mayoritario, pero en la práctica funciona como en este último modelo); c) “estrakeo” de las candidaturas más alternativas de ciertos distritos electorales mediante bullyng electoral de los peces grandes contra los chicos.

La diferencia entre este y el régimen estadounidense, es la fortaleza de las instituciones y la transparencia de aquel modelo. Por ello, la existencia de tanto partido político en nuestro medio, no es más que un ceviche de siglas en vez de una competencia de fuerzas políticas reales, pero que genera una falsa apariencia de pluralismo, que al final, termina erosionando el concepto de lo público y de la misma noción de democracia.

Unos pocos se benefician de este modo de funcionar del sistema y se encargan en mantenerlo tal cual. Fuera del ámbito político se reconoce la gravedad de este asunto, pero la presión para que algo ocurra es muy débil. Hace unos días Virgilio Álvarez Aragón en un artículo de Plaza Pública se preguntaba qué clase de reforma política necesitábamos, si una “desde arriba” u otra “desde abajo” decantándose por esta última. Pero tal como sugiere Phillip Chicola, en su artículo del martes pasado, la posibilidad de que Guatemala promueva una reforma política “desde abajo”, tal como está ocurriendo ahora mismo en Brasil, está muy lejos, dado que ello requiere una cultura política diferente (más holística) entre la ciudadanía, así como una mayor fortaleza de las clases medias y de un crecimiento económico sostenido, que en sí mismo demuestre sus limitaciones.

Pero hace falta mayor presión moral entre la prensa. ¿Quién, por ejemplo, le cobra el costo político de su descaro a la Bancada del Partido Patriota, de oponerse a una reforma política seria? ¿O a la insistencia del Presidente Otto Pérez de hacer equivalente la reforma política a una mera reducción del tamaño del Congreso? Son engañabobos. Y encima demuestran que sus prioridades son otras: préstamos y bonos para su propia gestión y el que venga detrás que arree.

Y entonces ¿qué hacer? Puesto que la campaña electoral ya empezó y todo apunta a que no habrá reforma política este año, sugiero para quien quiera hacerlo, algún centro de investigación o movimientos sociales comenzar desde ya un proceso de monitoreo de los partidos políticos, alrededor de cuatro ejes que obligue a los implicados, electores y partidos, a mirarse al espejo: 1) cumplimiento íntegro de la Ley Electoral (desagregado por temas); 2) cumplimiento de sus propios estatutos; 3) Planes de Gobierno (si tienen o no, y su consistencia) y 4) origen y gastos de campaña.

La voluntad política de los partidos de brindar información es poca, pero han de saber son instituciones de derecho público.

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