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El Regreso de las ideologías
Por Álvaro Velásquez - Guatemala, 18 de julio de 2013

Las ideologías nunca han muerto por supuesto, pero hubo en tiempo en Guatemala en que la prédica de la muerte de las ideologías se hizo una ideología en sí misma, yo le he llamado “ideología de la negación”. Todo eso cambió de manera más evidente tras el juicio por genocidio contra el general Ríos Mont y compañía que puso activos a medio mundo, y con ello, la demostración de dónde realmente está cada uno de los actores políticos relevantes de este país.

Hasta antes de este paradigmático caso, la validez de la tesis de “la ley de hierro dela oligarquía” parecía cosa del pasado, se vivía una prevalencia de lo que he llamado “ideología de la negación”. Consiste en negar que en el mundo de las ideas, las culturas o las luchas sociales haya una competencia real de verdades, identidades y poderes (i.e. polilogismo, diversidad y pluralismo) cuyo afán es sobrevivir o prevalecer o simplemente por el derecho de coexistir.

Para el caso guatemalteco, la ideología de la negación provino de al menos tres fuentes: a) la Globalización de los años 90 en adelante, con su idea de que con la implosión del “socialismo real”; se acababa por efecto demostración, toda alternativa económica o política a la soberanía del mercado; b) la ideología individualista del “tigre-paloma“ que una es propalada fuertemente por un centro de estudios superiores privado que es un faro ideológico del modelo elitista de sociedad; y c) los Acuerdos de Paz con su esperanza de que al silenciar las armas sobrevendría la anhelada reconciliación como sinónimo de olvido.

Pero la realidad humana es contradictoria en sí misma. El capitalismo ha demostrado que no se lo puede democratizar, no está en su esencia democratizar nada, que lo único que se puede democratizar es la estructura del poder del Estado para que el reparto de la riqueza socialmente producida sea parejo y no segregador. Y eso no desde arriba sino desde abajo. Mientras que en la ideología individualista del tigre-paloma hay una contradicción intrínseca que pocos parecen percibir, pero que es altamente útil para las élites dominantes.

Esta le dice a las personas: “sálvese quien pueda, la vida es injusta, sea responsable de usted mismo y de nadie más” “sea un tigre competitivo, está en su naturaleza, sea el más hábil, despreocúpese de las ovejas”. Pero a la gente en general, a las multitudes, se les dice: “sean palomas, mansas, la cooperación social pacífica es asumir cada quien sus obligaciones, (¿qué es eso de derechos?)”.

De igual manera, con los Acuerdos de Paz, se pensó que la reconciliación significaba la renunciar a la justicia, y que a su vez, se acabarían de tajo, como por decreto, la diferenciación social estructural de este país: la de clase, el interétnico y el regional-territorial. Lo que cambiaba en realidad era el escenario y los métodos de lucha. A través de la lucha electoral pacífica, se respaldaba una oportunidad de cambios sin violencia y de paso se contribuía a fortalecer la democracia en tanto régimen antitético de las tradicionales dictaduras militares guatemaltecas

Pero el juicio por Genocidio nos puso frente al espejo. La sociedad vio que racismo y clases sociales y la impunidad están más vivos que nunca. Eso es lo bueno. Salimos por fin de la armonía artificial y la negación. Lo peligroso sería caer en el escenario del maniqueísmo bipolar, que significaría creencia de que, por ejemplo, la visión atrasada de la Fundación contra el Terrorismo es la clave para que la paz social “regrese”.

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