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El proceso electoral actual para la izquierda, riesgos y oportunidades
Por Álvaro Velásquez - Guatemala, 22 de julio de 2013

El presente es una reflexión que presenté muy recientemente ante un conjunto afiliados de varios partidos de izquierda durante un conversatorio.

PREAMBULO

En la guerra como en la política, lo más importante es conocer el terreno, el clima y las fuerzas que estarán presentes en el combate. Es decir, la información y el análisis (inteligencia) sobre cada uno de esos factores.

Aparte de lo anterior, hay tres premisas que no debería descuidarse pero cuyo desequilibrio en la dilucidación del accionar, es más común de lo que parece.

• El primero es la admonición de Sócrates: “conócete a ti mismo”. En el ideal griego-socrático, el conocimiento de la realidad y de la verdad empezaba por un inventario de sí mismo, de capacidades reales y errores, para no auto engañarse; luego de lo cual, Sócrates todavía concluía: solo sé que no se nada. Es decir, la humildad frente al conocimiento que siempre ajeno, progresivo y dialéctico.

• En segundo lugar el principio de Sun-Tzu: “conoce a tu enemigo y no lo menosprecies”. Las palabras literales de este estratega son: “Si eres ignorante de tu enemigo y de ti mismo, puedes estar seguro de ser derrotado en cada batalla”. Por tanto identificar bien al enemigo es clave para la batalla. Pero tan importante como conocer al enemigo es conocer cuál es sistema que defiende para tomarlo intacto y transformarlo.

• En tercer lugar está el principio cristiano: “si quieres amigos muéstrate amigo”. Tan importante como identificar a los enemigos para destruir su aparato es conocer quiénes son nuestros amigos para construir juntos la nueva sociedad. “Nadie tiene más amor que este, el que pone su vida por sus amigos”, dijo Jesús de Nazaret. Porque ciertamente la amistad requiere compromiso y confianza que se demuestra en las malas y en las buenas. Ahora bien, sabemos que hay amigos estratégicos y amigos solo ocasionales, saber cuáles son unos y otros es clave.

La anterior fue una consideración personal pero que me sirve para esquematizar la presentación de la siguiente manera. 1) Nosotros; 2) los adversarios y 3) los amigos.

1. La izquierda y las elecciones.

Desde que se comenzaron a silenciar las armas como principal método de lucha por la democracia y el socialismo en Guatemala, dos experiencias electorales fueron francamente exitosas para la izquierda guatemalteca. Uno el frente democrático nueva Guatemala de 1995 y la otra la alianza nueva nación en 1999, y esto por dos razones evidentes, se llamó a votar por una sola planilla y había expectativa unitaria.

Pero desde la división de las fuerzas revolucionarias, en agosto 2001, tuvieron que pasar 10 años para que nuevamente desde las elecciones de 1999 y ya situados en el 2011, todas las fuerzas progresistas y de izquierda volvieran a pedir el voto por una opción unificada, es decir, el Frente Amplio, el que no obstante fue en realidad cuatro proyectos unidos por el destino (u otras razones más profanas).

Entre el 2001 y el 2011 no solo la izquierda caminó cada quien por su lado, sino los saldos electorales fueron cada vez más desastrosos. Un signo positivo del periodo sin embargo, fue el surgimiento del movimiento político Winaq que ahora se alza como un espacio ganado por los pueblos indígenas alternativos para canalizar a parte de su participación política.

Si bien es cierto que la segunda vuelta electoral del 2011 e inclusive previo a ella, la izquierda política volvió a dividirse, también es cierto que cuando la percepción pública sigue siendo que el Frente Amplio es el referente inmediato de unidad para los partidos que se auto adscriben a la izquierda en la actualidad.

Hoy día, los medios de comunicación están tan embobados con las ofertas electorales que está presentando la derecha, que tal parecería que ya ni esperan que surja algo nuevo entre la izquierda. Muchos dan por hecho que en Guatemala la izquierda la representa la UNE y Sandra torres. No obstante, entre las organizaciones populares y comunitarias, que aunque son muy críticas con la los partidos de izquierda, sí parecen tener en esta coyuntura alguna expectativa sobre cuál va a ser el rol electoral de la izquierda política.

Y es que la derecha guatemalteca puede participar en unos comicios dividida en una docena de partidos y aun así vencer. Pero ese no es un lujo que pueda permitirse la izquierda. Porque sus fuerzas están débiles y dispersas. Por eso, las preguntas que debemos plantearnos y respondernos. 1) ¿seguirá siendo la figura de la coalición electoral del FA la vía por la que la izquierda volverá a hacer participar en las próximas elecciones o se creará otro? 2) Todavía más ¿participarán juntas o divididas las izquierdas políticas? Y 3) ¿Es la vía electoral el canal por la que objetivamente se puede acumular fuerzas para el cambio?

En América Latina hay dos eventos electorales donde la izquierda en la oposición está teniendo gran impacto mediático. En Chile la Nueva Mayoría es una coalición de partidos socialcristianos, socialistas, socialdemócratas y comunistas, que apunta a recuperar el poder con un giro a la izquierda en el modelo neoliberal que les ha consumido. Mientras tanto en Honduras, el partido Libertad y Refundación en alianza con el Frente Nacional de Resistencia Popular, es el resultado del despertar de conciencias que el golpe de Estado del 2010 trajo consigo. En ambos casos, ha sido la gente en las calles, la movilización popular la que ha obligado a reconstituir las fuerzas y darles un giro más a la izquierda.

2. Los enemigos/adversarios.

El adversario principal de la izquierda política es el modelo oligárquico, es decir, un Estado oligocrático y en su forma una democracia de minorías, que tiene diversas manifestaciones en lo económico, en lo cultural-social pero muy especialmente en lo político electoral. Los Acuerdos de Paz, llamaron a modificar la Ley Electoral y de Partidos Políticos, en la dirección correcta pero aun todavía de manera muy tímida. Sin embargo, lejos de consolidarse un régimen más plural y público, el modelo ha venido cayendo muy rápidamente hacia un régimen censitario, es decir donde solo los que tienen rentas altas pueden participar con éxito en cargos de elección popular. Los síntomas son muchos como para listarlos aquí, resta decir que el régimen electoral guatemalteco es el más atrasado en reformas por debajo de los estándares internacionales no solo de Centroamérica sino de América Latina, ni que decir, de la tasa de mortalidad de los “partidos políticos” que han sido nombrados de muchas manera, partidos prepago, partidos empresa y más recientemente partidos franquicia.

Lo anterior tienen su origen en al menos tres factores concurrentes, a) el imperio del individualismo como ideología, b) la desideologización como programa en el mundo política del modelo neoliberal, y por ende, c) la soberanía del mercado que orienta las relaciones sociales de este país. Algunos elementos contenidos en la Constitución política de la república y de la ley electoral han contribuido a reforzar este modelo que ha perdido todo resquicio de lo público para terminar privatizándose completamente. Los diagnósticos ya están hechos, por diversas fuentes. Las reformas que se necesitarían para contenerlo y rechazarlo ya está también identificado. Sin embargo sus principales beneficiarios se oponen ferozmente. Ante este panorama lo conducentes son dos cosas: la reforma política del régimen electoral y la reforma constitucional para rescatar el contenido público y popular de la democracia de la plutocracia y de las mafias.

¿Cómo se logra lo anterior? Primero con lucha ideológica rescatando el contenido público y popular de la democracia. Luego denunciando y demostrado la inmoralidad de la corrupción política que se vive a todo nivel, y tres, haciendo alianzas para una reforma integral de la ley electoral. Esto exige una ética diferente y una capacidad análisis y movilización crecientes.

Lo siguiente es demostrar que el sistema político es el fondo del problema. Las relaciones de poder solo cambiarán sustantivamente por medio de una Asamblea Nacional Constituyente. En esto el espectro de alianzas puede ser más amplio. El programa político pasa de lo simple a lo complejo.

Cuestión aparte es la cultura política guatemalteca. Uno es el arraigado presidencialismo. Lo otro el poder clientelar de los liderazgos locales. Y tercero la consigna de que “al siguiente le toca”, esto último parece ser una forma del pueblo y las multitudes de castigar a las derechas incompetentes. Y cuarto, el inicio cada vez más temprano de la carrera electoral. Un factor adicional que depende más de los partidos que del sistema es que los tiempos legales electorales están indebidamente mezclados. La campaña electoral corre de la mano del trámite de inscripción de las candidaturas y coaliciones y ello, tal como quedó demostrado en las elecciones pasadas, complica las cosas si no ha habido una debida planificación previa.

Sobre estas variables hay que tomar decisiones antes y después de la segunda vuelta electoral del 2015.

Todo, lo anterior significa que el campo electoral es extremadamente adverso a los partidos de izquierda y populares, dado que por el escaso financiamiento, y porque están en la llanura, rezagados, y porque lo urgente consume lo importante. Significa también que tan importante es reconocer que el adversario es poderoso porque controla al Estado, como reconocer que sin la unidad política y social, de los partidos y movimientos progresistas, movilizando votos y conciencias ciudadanas, se hará poco.

3. Los amigos políticos.

Ya se ha considerado los factores adversos. Ahora los potencialmente favorables.

La izquierda política tiene las propuestas y la experiencia para transforma en función de la democracia plena a este país. Un proyecto en el sentido de modelo de sociedad, democrática en esencia. No significa que no se reconozca la pluralidad de las visiones de izquierda, varias en matices y pero unidas en la idea de una sociedad más justa. Debidamente aterrizadas y contextualizadas esas ideas son un conjunto de estrategias y a su vez políticas públicas para lograr la más amplia mejora de la calidad de vida de todas y todos los guatemaltecos.

Pero dada actual situación de desventaja de la izquierda política, la tarea política de primer orden consiste en transformar a las mayorías sociales en mayorías políticas, mediante la persuasión y el acompañamiento de las luchas sociales, así como haciendo propuestas concretas en cada caso concreto de problemáticas. Las “las mayorías sociales” (o sus organizaciones) se convierten en “mayorías políticas” por dos vías: en la confrontación política con el Estado o bien, ocupando puestos de poder en el Estado. En el primero es cuando el Estado les reprime y la segunda es cuando se abre por la fuerza de la misma lucha de las mayorías rompiendo la ley de hierro de la oligarquía.

Los partidos han de apoyar esa conversión de mayorías sociales en políticas, convirtiendo demandas en propuestas políticas y en votos electorales. Entre ambas rutas está la fortaleza de la izquierda política que no tiene los partidos de la derecha: un pie en el sistema y otro fuera de él.

Todo esto que se dice fácil; pero requiere la más amplia colección de demandas e identidades progresistas en diversas clases de alianzas: feminismo, movimientos soberanistas y patrióticos, el comunitarismo, movimientos gays y de diversidad sexual, ecologismo, urbanismo social, agraristas, movimientos estudiantiles, movimiento culturales y artísticos, profesionistas liberales, pueblos indígenas, movimientos obreros y campesinos, movimientos pacifistas, cristianos progresistas, algunos de los capitales emergentes, sobre todo los capitales verdaderamente competitivos, así como los cooperativistas, etcétera.

De especial importancia es recuperar a las segmentos de las clases medias, a los movimientos estudiantiles universitarios, tanto de la Universidad Pública como privadas (algunas) e incluso a los profesionales liberales, pequeños comerciantes, a la multitud de intelectuales jóvenes que destacan en columnas de opinión, etcétera. Quien ensancha a la democracia son las clases medias.

Se trata no solo de aglutinar sino de aglutinarse. Movidos por la indignación y la necesidad.

En la actual coyuntura tal parecería que el río está tan agitado que basta con lanzar una red y conseguir una pesca milagrosa, tanto en la ciudad como en el campo. Es como si dijéramos que en este momento la demanda social es alta pero la oferta política es baja. Revertirlo es tarea de ustedes.

A manera de conclusión


La izquierda en general, la revolucionaria en particular, tiene una necesidad consciente y estructural de transformar ente sistema injusto. A ello hay que agregar actualmente se tiene un imperativo moral para actuar en la coyuntura dado la demostraciones que el gobierno de Pérez Molina es pro oligárquico, corrupto, entreguista y alentado el activísimo fascista. Lo cual ha generado unas crecientes luchas populares y comunitarias que debería conllevar la generalización de la conciencia política. Todo lo cual, a su vez, ofrece como bono adicional una oportunidad electoral si para recuperar las fuerzas perdidas, y hacer coincidir en tiempo y espacio la oferta política con la demanda social.

Por tanto, en el actual proceso electoral se nota es que hay demasiado por construir y poco todavía poco para el optimismo pero sí mucho por juntar, reunir y empujar.

Ciertamente el proceso electoral ya comenzó, todos los precandidatos presidenciales ya andan en campaña y en negocios adelantados. Las bases de todos los partidos ya identificaron o andan identificando a sus propios candidatos. Eso ya es normal. Lo que no puede ser normal para la izquierda es la creencia de que subirse rápidamente a esta carrera se alcanzará a los que ya van delante o en que se llegará a la meta en primero en el 2015. La meta es llegar y llegar bien. Aprovechando la nueva coyuntura del regreso de las ideologías. Lo importante ahora es combinar una lógica de resistencia deportiva y que la resistencia se convierta en acumulación de más y mejores marcas.

No se trata de que el proceso unitario deba ser lento, es que debe ser seguro. Aglutinar a las fuerzas sociales, pueblos indígenas y populares es la base obligada para re-articular a la izquierda y su proyecto histórico. Esa es la premisa. En ese contexto, no debería estar descartada ninguna de las opciones, en tanto el objetivo final sea la toma del poder y hacer la revolución democrática pendiente. A eso estamos invitados, porque tenemos una gran nube de testigos a nivel nacional e internacional para lograrlo, además de la inspiración de los héroes y mártires del pueblo guatemalteco.

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