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Graves retrocesos en Guatemala
Por Alberto Vidal - Guatemala, 12 de abril de 2013

Graves acontecimientos han ocurrido en Guatemala, en donde nadie se aburre, todo el mundo se preocupa y algunos privilegiados se aprovechan. Esa ha sido la historia de este sufrido país y de sus millones de habitantes que viven y padecen entre el racismo descarado y la marginación que insulta y envilece.

El problema más grave es que pareciera que este Gobierno, que más bien es un desgobierno, pareciera estar empeñado en superar las fallas y las faltas de todos los Gobiernos anteriores. Ya sabemos que el más criticado siempre será Alfonso Portillo, porque aunque corrupto hizo pagar impuestos a quienes evadieron históricamente y además obligó a elevar los salarios mínimos (esos que gana la gente miserable, que para los inconscientes son casi desechables), por eso la prensa lo atacó con fiereza y por eso lo señalarán siempre como lo peor. Pero el Gobierno actual está demostrando no sólo un nivel enorme de enriquecimiento, dejando muy en claro que sus socios y financistas son lo más importante, pero ahora también está demostrando que las viejas mañas nunca se olvidan.

La sistemática propaganda de la prensa, que en su mayoría responde a los intereses de los fichudos del país, durante años nos hizo creer que el Gobierno pasado estaba encabezado por demonios y que se debía desarrollar una cruzada nacional para evitar que la diabla mayor fuera Presidenta. Fue tal la avalancha de propaganda manipuladora y desinformadora, que cuando el general (que tiene atrás otros 50 colegas generales) ganó las elecciones, una gran cantidad de gente se sintió aliviada y suspiró tranquila.

Eso hizo que nadie protestara porque cúpula de la administración pública fuera tomada por militares y militantes del partido oficial, y que la parte media de esa administración pública, la que hace que funcione (o medio funcione), fuera desmantelada de manera inmisericorde; en algunos casos dejándola sin posibilidad de operar.

Hasta allí todo mal, pero ni modo. El problema es que luego de escándalo tras escándalo de corrupción, en donde la prensa (ahora ya liberada de la cruzada contra la diabla) empezó a informar sobre una danza de millones de quetzales del erario nacional que empezaron a enriquecer a financistas y funcionarios patriotas. Eso dejó en evidencia que la cruzada contra la corrupción había que entenderla al revés; ni modo, en un mundo bizarro significa cruzada a favor de la corrupción.

En el otro tema que se cacareó sin cesar, el de la seguridad con mano dura, la cosa se empezó a fregar desde el año pasado. El único avance que se había tenido, el de ir bajando desde hace unos cuatro años, poco a poco, las muertes violentas se empezó a detener, luego se empezó a disparar hacia arriba. La primera conclusión es que ni transparencia ni seguridad, que fueron las principales ofertas del mercado electoral patriota.

Lo grave es que el estilito en que operaban los gobiernos militares, en donde lo que decía el ejército se hacía se empezó a imponer de nuevo. Lo que diga la gente, la prensa o la comunidad internacional les viene guango. Para muestra dos botones.

La decisión de hacer una concesión (casi regalar diríamos mejor), una parte grande del Puerto Quetzal, a una empresa transnacional que tiene fama de actuar bien afuera, pero que en Guatemala está asociada a gente del Gobierno, se volvió casi una obsesión. Está tan poco claro el asunto que el Presidente ni siquiera ha respetado las formas más elementales para aparentar honradez. A la concesión de más de 300 mil metros cuadrados a precio de realización, le agregan la chulada de poder pedir más tierra y sin tener que pagar nada más. Como ya sabían que insistir en ese negociazo que ya había sido rechazado traería protestas y desórdenes, pues nada mejor que recurrir a la táctica del cucurucho; es decir, en Semana Santa todo se vale. En esos días lo único que le importa a la gente son las procesiones y en donde encuentran un lugarcito en las atiborradas playas para darse un baño.

Por eso eligieron el miércoles santo (cuando ya la mayoría sólo trabaja medio día), para sacar el acuerdo gubernativo que autoriza este sucio negocio de la Portuaria. Hasta allí todo peor, pero ni modo.

Pero la guinda que le pusieron al pastel tiene que ver con la ocupación de las oficinas del IGSS (Seguro Social). El Presidente montado en sus trece desde hace meses decidió que mientras más pronto ponga a uno de sus ex escuderos en la inteligencia militar a dirigir el IGSS mejor. Según la ley el Presidente del IGSS debía ser cambiado en septiembre de este año, pero les ganó la ansiedad; por eso el Presidente decidió imponer su ley y lo instaló al estilo kaibil. Uno entiende que debe ser tentador echarle mano a una institución que algunos dicen tiene unos 30 mil millones de quetzales entre reservas y dinero a disposición en los bancos. Pero mucha debe ser la urgencia ya que decidieron revivir los métodos de la famosa G 2, como popularmente se conoce a la inteligencia militar, para hacer lo que hicieron.

Luego de que el Presidente de la República le dio posesión de la Presidencia del IGSS (eso lo debe hacer la Junta Directiva), montaron un operativo digno de mejor causa y con el apoyo de la seguridad de la presidencia rompieron puertas y chapas, no dejaron entrar ni salir a nadie y de esa forma el ex miembro de la inteligencia se sentó en la silla presidencial del seguro social. Hasta allí todo bien jodido, pero ni modo.

El mayor clavo es cuando decidieron utilizar los viejos métodos del cuarto de “risas y bromas”, como cotidianamente le llamaban a los comandos encargados de la guerra psicológica de la G 2, por medio de los cuales desinforman, manipulan, destrozan reputaciones y un largo etcétera. El asunto de los famosos videos del presidente del IGSS al que sacaron corriendo, si ya superó todas las formas.

Cierto o no, montaje o no. Esa actitud de envilecer la institucionalidad de esa forma no puede o no debiera ser tolerada. No es sólo a las personas a las que se les ataca y se les degrada, es el casi inexistente sistema democrático el que es víctima de esta acción tan sucia, que creo que ni siquiera Vladimiro Montesinos se hubiera atrevido a realizarla de esa forma.

El problema es que Dios tarda pero no olvida. Lo que hoy hagan seguramente mañana lo pagarán de una forma o de otra, si no lo creen pregúntele al otrora todo poderoso Efraín Ríos Montt. Por eso las abuelitas siempre decían, siembra vientos y espera tempestades.

Fuente: www.i-dem.org


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