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La guerra psicológica como arma política
Por Arnoldo Villagrán* - Guatemala, 4 de diciembre de 2019
Arnoldoguate5@gmail.com

Durante el Conflicto Armado Interno, en el período de los años 80´s, el Ejército de Guatemala, asesorado por Estados Unidos, Argentina, Israel y Taiwan, intensificó la Guerra Psicológica como complemento de las campañas de terror y se desarrollaron múltiples operaciones con ese fin. Se creó la Sección Cinco dentro del Estado Mayor General de la Defensa, nombrándola como Asuntos Civiles, sustituyendo la antigua Acción Cívica. El propósito fue desarrollar la propaganda y guerra psicológica, así como impulsar determinadas actividades organizadas dentro de la población, con el propósito de apoyar al ejército, de manera voluntaria o por la fuerza.

Las operaciones psicológicas, tienen un blanco: la mente humana. En esa dirección fueron utilizadas contra las fuerzas insurgentes con el propósito de neutralizarlas y colocarlas en una situación en que perdieran toda voluntad de lucha. Se utilizaron contra la población civil con el propósito de romper el apoyo de ésta a los insurgentes. Una de las definiciones de este campo bélico fue avanzada por el Ejército de los Estados Unidos de América en 1942:

“La Guerra Psicológica es la coordinación y el uso de todos los medios … que tienden a destruir la voluntad del enemigo por alcanzar la victoria y dañar su capacidad económica y política de lograrla; ´privar al enemigo de apoyo, asistencia o simpatía por parte de aliados asociados o neutrales”(1)

“La moral, entendida como espíritu o voluntad de lucha, es el factor decisivo en todo combate. Por ello la Guerra Psicológica busca minar la disposición de lucha del enemigo”. (2)

Durante la guerra, la información de los hechos fue manipulada, distorsionada, cambiada y hasta inventada. También la desinformación jugó un papel importante para tales propósitos, no permitiendo que en el exterior del país se conocieran los detalles, creando en torno a los hechos un verdadero cerco de desinformación.

La Guerra Psicológica puede adquirir diversas formas, principalmente cuando el Estado y sus instituciones represivas la implementan a través de los medios masivos de comunicación.

DERROCAMIENTO DE ARBENZ

También puede ser utilizada por fuerzas que ´pretenden apoderarse del control político de un país. Sobre este aspecto se debe recordar que una de las primeras grandes operaciones psicológicas a nivel de América Latina tuvo lugar en Guatemala en 1954, promovida por la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos, CIA. Se hizo creer a la población, al ejército y al propio gobierno de Jacobo Arbenz Guzmán, que una gran fuerza armada avanzaba sobre la ciudad de Guatemala y su caída era cuestión de horas.

La guerra psicológica organizada para derrocar al Presidente Jacobo Árbenz Guzmán, es un tema bastante conocido, ya sea porque el operativo de la CIA fue exitoso gracias a la aplicación de tal estrategia, o porque esta herramienta fue utilizada en los posteriores golpes de Estado cívico-militares en América Latina durante la “guerra fría”.

Cuando se leen los documentos sobre la creación de la CIA y las funciones que debía cumplir dicho organismo, la Guerra Psicológica aparece como una de las actividades más importantes en la lucha contra el supuesto expansionismo soviético sobre América Latina.

Los medios masivos operaron como principales actores en esta guerra, tanto los diarios y revistas, como los programas de radio, en Guatemala y Estados Unidos, pues se trataba de una batalla en la que había que convencer a los guatemaltecos que Árbenz era comunista, pero más aún, había que lograr un cierto grado de “consenso” en casa, pues cualquier guerra, psicológica, material, de poder blando o de intervención militar, requiere de presupuesto.

Los medios masivos internacionales de mayor alcance de la época, como Time, Life, Newsweek, etc., comenzaron a publicar artículos sobre Guatemala, bombardeando con ideas falsas la conciencia de los habitantes de toda América Latina; creando condiciones para futuras acciones. A pesar de las diferencias en las publicaciones, los artículos se orientaban a señalar que el gobierno de Arbenz era comunista, que Castillo Armas era un héroe, que la UFCO era uno de los mejores inversores en el extranjero, que Estados Unidos debía salvar al gobierno enviándole ayuda.

El mismo efecto tuvieron las publicaciones de Daniel James y Ronald Schneider, denunciando el comunismo en Guatemala y por lo tanto, justificando la necesidad de ayudar al gobierno “liberacionista” (Jonas, 1974: 82-83). Esto permite visualizar de algún modo el alcance y la intervención a nivel cultural como parte de la guerra psicológica, dentro y fuera de Estados Unidos.

Es importante tener en cuenta que uno de los objetivos de este tipo de guerra es la influencia, control o infiltración en los medios de comunicación, penetrando entonces en cuestiones culturales.

El objetivo de la guerra psicológica consiste en influir en “los corazones y las mentes”, pues finalmente se trata de la herramienta clave para la concreción de la hegemonía operando por medio de la instalación de ciertas premisas, asociadas especialmente a lo ideológico, que permean en lo que la gente “piensa que la realidad es” (más allá de lo que, en efecto, esté ocurriendo en el día a día).

De hecho, el operativo en contra de Árbenz “combinaría acciones psicológicas, económicas, diplomáticas y paramilitares (…) La CIA hizo obligatorio el adiestramiento en guerra psicológica para los nuevos agentes, quienes estudiaron el texto de Paul Linebarger, Psychological warfare” (Cullather, 2002:7). Para lograr estos objetivos se llevaron a cabo “Operaciones subrepticias usando contactos dentro de la prensa, la radio, la iglesia, el Ejército y otros elementos organizados susceptibles a los rumores, los panfletos, las campañas con afiches y otras campañas subversivas” (Ibid, 42).

En este punto es interesante señalar la relación entre lo ideológico (ámbito por excelencia de la guerra psicológica) y lo material (incluida la fuerza física). “Las dos cosas. Ideológica y material. Ideológica por ejemplo, tiene una parte de búsqueda de convencimiento de las cosas. La patraña más grande hay que instrumentarla para que se crea (…) El hacer creer a la gente determinadas cosas. Entonces, en Guatemala se dio como cierto que los comunistas mataban a los niños para hacer jabón. Cosa más ilógica no puede haber, pero en Guatemala lo creía la gente” (Balcárcel, 2012).

La sistemática propaganda impulsada desde Estados Unidos, era notada por Arbenz y sus funcionarios, tal como figura en uno de los informes del Departamento de Estado “el presidente Arbenz piensa que la prensa estadounidense ha generado una imagen falsa de Guatemala, pues da la impresión de que el gobierno guatemalteco es comunista, cuando no lo es” (FRUS, US Department of State Guatemala. 1952-1954 Doc. 5.) Lo mismo planteaba el ministro de Relaciones Exteriores, Guillermo Torriello, que en una reunión con funcionarios estadounidenses se refirió a “la violenta propaganda en contra de Guatemala que él estaba viendo en las revistas y diarios estadounidenses, que, según él, estaban incentivadas por un interés particular de los Estados Unidos” (FRUS, US Department of State Guatemala. 1952-1954 Doc. 10).

A medida que el gobierno profundizaba las medidas reformistas, desde los sectores opositores locales y con la ayuda de los gobiernos dictatoriales limítrofes y los Estados Unidos, se alentaba la lucha contra el comunismo al que –supuestamente- estaba adhiriendo el régimen de Arbenz. Es así que en pleno operativo de desestabilización, se instaló la “radio liberación” y su programa “La voz de la liberación” para fomentar el descontento y la disidencia con respecto al gobierno de turno.

La radio operaba desde la base de la CIA en Miami Opa Locka y “La voz de la liberación” comenzó a transmitirse el 1 de mayo de 1954, “los locutores, afirmando estar hablando desde las ‘profundidades de la selva’, exhortaban a los guatemaltecos a oponerse al comunismo y al régimen de Arbenz y apoyar a la liberación comandada por el Coronel Castillo Armas” (Cullather, 2002: 80).

Los programas se emitieron desde mayo a julio de 1954 y aproximadamente el 80-90% de los fueron grabados en Miami y luego transmitidos desde Nicaragua. El equipo estaba conformado por cuatro hombres y dos mujeres que mezclaban anuncios y editoriales con música grabada. El objetivo era “intimidar a los comunistas y a sus simpatizantes e incitar a la mayoría apática a actuar (…) una transmisión encaminada a provocar pánico al estilo de Orson Wells”. El principal objetivo era el Ejército. El slogan de la radio era: Trabajo, Pan y Patria (Cullather, 2002: 81).

Arbenz decidió enfrentar la injerencia externa por medios legales, acudiendo a los organismos internacionales, dando un ejemplo de integridad y de respeto a las instituciones del “Estado de Derecho”, por cierto, el pilar del liberalismo. Sin embargo, fue en ese momento en que se vislumbró con enorme claridad el triunfo de la guerra psicológica, pues “la prensa internacional y un público escéptico, rechazaron las acusaciones de Arbenz, considerándolas una estratagema política, como una manifestación del miedo y la incertidumbre que reinaban en los círculos gubernamentales” (Cullather, 2002: 59).

La presión psicológica no era suficiente, había que quebrar al ejército, pues el “soft power” solo adquiere verdadero “poder” cuando cuenta con el respaldo del poder militar (hard power). Desde el inicio de la campaña en contra de Arbenz se sabía que “El ejército (6000 hombres) es el único elemento organizado en Guatemala capaz de alterar la situación política de forma rápida y decisiva” (FRUS, Departamento de Estado, Guatemala 1952-1954, doc. 15); así es que la CIA organizó las operaciones psicológicas de modo de condicionar al ejército en contra del gobierno, objetivo que se logró con creces, pues finalmente el ejército de Guatemala estaba aterrorizado porque sabía que detrás de Castillo Armas estaba Estados Unidos (Gleijeses, 1991: 336-338). Uno de los integrantes de “El Derecho”, asegura: “Quebraron la moral del ejército, que les hicieron creer que si ellos no colaboraban, iban a sufrir una guerra tremenda, punitiva, muy sangrienta” (Móbil, 2012).

Arbenz fue advertido sobre una posible traición de las FFAA, pues los oficiales pensaban que “los americanos están amenazando a Guatemala por Usted y sus amigos comunistas” (Cullather, 2002: 101). Tal como señalaba Gregorio Selser el 21 de junio de 1954: “en Gualán, departamento de Zacapa, se libra el primer encuentro entre mercenarios y fuerzas gubernamentales; estas últimas parecen atacadas de una invencible pereza, la traición ha incubado en su seno” (Selser, 2009: 101). Es decir, no hubo unanimidad en el ejército para defender al gobierno de turno.

A esto se sumó el hecho de que si bien las fuerzas mercenarias eran pocas y desorganizadas, los ataques aéreos en la ciudad de Guatemala lograron dar la impresión de una verdadera y “gran” guerra.

La fuerza mercenaria no fue superior a los 150 efectivos3, sin embargo, los bombardeos y el uso de aviones modernos de la Segunda Guerra Mundial, proporcionados por Estados Unidos de América, haciendo demostración de fuerza, dieron una imagen diferente a la realidad. El medio utilizado para distorsionar la verdad fue la radio clandestina también proporcionada por la CIA.

Un día y medio más tarde, cuando la casi imaginaria fuerza invasora se acercaba, de acuerdo con sus propias trasmisiones, a la ciudad de Guatemala, Arbenz renunció. Castillo Armas y sus escasos hombres fueron aerotransportados a las cercanías de la capital, a la cual entraron triunfantes. (4)

Y es que la diferencia entre instalar sistemáticamente la idea de un ataque, de una guerra y el modo en que se produce en los hechos, forman parte de una misma estrategia de utilización de la fuerza. Nick Cullather, en una entrevista realizada en un programa de radio estadounidense destacaba: “Me resulta muy difícil separar la noción de fuerza y la de propaganda, porque generalmente la propaganda siempre se apoya en el uso de la fuerza. Cuando los alemanes estaban atacando a los franceses en la frontera, primero pusieron sirenas de bombarderos, porque las bombas en sí no afectarían demasiado a las tropas francesas, pero las sirenas, las sirenas sí los hicieron correr… Entonces, eso es fuerza o es propaganda? Pienso que la gente de la CIA dirá que es propaganda, pero otra gente dirá que es solo otra de las variantes de la fuerza militar” (Cullather, 2001)

En Guatemala, la guerra psicológica fue exitosa al lograr quebrar, desbaratar a los grupos de apoyo al presidente Arbenz. Esta desunión era fomentada por la creación /exageración de un escenario de caos e incertidumbre, que tuvo como corolario la invasión armada y el enorme impacto de la invasión aérea.

Según algunas visiones, el gobierno hizo “poco o nada” para contrarrestar la propaganda estadounidense; a pesar de que probablemente no se contaba con los medios suficientes como para enfrentarse a la UFCO, parece que faltó decisión política para tomar las medidas necesarias a los fines de enfrentarse a esta guerra encubierta (García Añoveros, 1987: 102).

Con respecto a esta reflexión, se debe entender atender dos aspectos. La primera es que la campaña de la CIA fue, en efecto, exitosa no sólo para buena parte de la población, sino para dejar claro (convencer) a las FFAA e incluso a Arbenz, que si bien la oposición podía estar poco organizada, todo estaba respaldado por Estados Unidos, la única potencia militar Occidental por excelencia. Por otra parte, es difícil reprochar la falta de “inventiva” del gobierno para enfrentarse a la campaña mediática, cuando a los gobiernos de Joao Goulart y a Salvador Allende (por mencionar solo algunos casos), quienes ya conocían –en mayor o menor medida- lo sucedido en Guatemala, sufrieron estrategias de desestabilización similares.

Se debe preguntar también, sobre el éxito actual de los medios de comunicación en América Latina y el mundo, en su campaña primero contra Hugo Chávez en Venezuela, catalogado de “dictador”, “terrorista”, líder del “eje del mal”, etc. y las acciones de desinformación y confusión implantadas por la prensa venezolana e internacional. Después la campaña se ha utilizado para desestabilizar el régimen de Maduro. El objetivo final es apoderarse y tener el control de los recursos. Venezuela posee las reservas más grandes de petróleo del planeta; así como metales preciosos, estratégicos y recursos naturales. El bloqueo a Cuba, es permanentemente acompañado por una intensa Guerra Psicológica y en Centroamérica, de igual manera se desarrolla contra Nicaragua.

Después de todo, y tal como lo remarcaba un funcionario estadounidense con respecto al modo en que se implementó la política contrainsurgente en Guatemala “En política, es igualmente importante establecer cómo son las cosas y cómo piensa la gente que son las cosas” (National Security Archive, US policy in Guatemala, 1966-1996, Doc 8).

A pesar del éxito de las operaciones psicológicas hasta la actualidad, lo que sí logró la revolución del ’44 y sobre todo el gobierno de Jacobo Arbenz, fue incentivar la lucha del pueblo por sus derechos.

El hecho histórico de la destrucción del gobierno de Arbenz, planteó muchas interrogantes que se empezaron a aclarar, por la acción revolucionaria, pero sobre todo por la información de los Documentos Desclasificados de la CIA, por medio de los cuales Estados Unidos reconoce su participación.

VERDADES REVELADAS

La invasión mercenaria de la “liberación” y que eliminó el gobierno de Jacobo Arbenz, provocó que se destruyeran las conquistas de la revolución. Para lograrlo además fueron destruidas las instituciones, programas y proyectos, y quitar la tierra que había entregado el régimen, se utilizó el asesinato contra aquellos que fueron beneficiados.

Fue la contrarrevolución de 1954, que sentó las bases para incrementar el descontento popular. El movimiento revolucionario armado, fue consecuencia de las estrategias implementadas en Guatemala por el imperialismo norteamericano y los golpistas. La liberación inició la guerra en Guatemala.

La guerra en Guatemala, no dio inicio con el levantamiento del 13 de noviembre contra el régimen de Miguel Idígoras Fuentes. Este levantamiento constituyó solo una nueva forma de la lucha adoptada por el movimiento de resistencia, iniciado con el derrocamiento del régimen de Arbenz. El primero que utilizó las armas contra el régimen democrático, fueron los mercenarios, organizados, conducidos dirigidos y financiados por la CIA.

Los asesinatos cometidos por los mercenarios de la liberación, fueron atribuidos a los supuestos comunistas que dirigían el aparato policial de la revolución. (Mérida) (CIA y los asesinatos: Guatemala 1954. Documentos) Todo ello fue comprobado al desclasificar la CIA sus documentos de la época.

Los documentos desclasificados por la Central de Inteligencia Americana, CIA, aclararon las mentiras que acuñó la liberación para justificar su presencia y la guerra psicológica. Esas mentiras enriquecieron en su momento los argumentos de la derecha para someter por dictaduras al pueblo de Guatemala. Abonaron en el conservadurismo dentro del poco desarrollo económico del país. Esto fue reproducido por el papel jugado en su momento por la iglesia y las sectas fundamentalistas fanatizadas.

(1) Sohr, Raul. Las guerras irregulares. Para entender la guerra. Alianza Editorial Mexicana. Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Colección “Los noventa”. México, DF, 1990. P. 55.

(2) Ibid. P. 57.

(3) Martí, Cuba, 1985. P. 138.

(4) Raul Sohr, Pg. 56.

 

* Politicólogo.

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