Desideologizar el tema Tierra
Por Adrián Zapata - Guatemala, 14 de junio de 2008
Por consiguiente, mejor digamos que deberíamos abordar el tema agrario evitando prejuicios ideológicos.
Estoy consciente de que el pensamiento humano no puede desideologizarse. Siempre están presentes los valores, las concepciones del mundo y de la vida, es decir nuestra subjetividad. Mal haríamos en invocar su ausencia, cuando la humanidad está urgida de rescatar valores. Por consiguiente, mejor digamos que deberíamos abordar el tema agrario evitando prejuicios ideológicos. Para ser más explícito, me refiero a tratar de distanciarnos de una visión del tema tierra que está históricamente condicionada, en términos ideológicos, por lo que fue (y no fue) la Reforma Agraria (el Dto. 900). Y es que, para los empresarios guatemaltecos, prevalece en su imaginario el fantasma comunista que amenazó la sacrosanta propiedad privada, mientras que para los campesinos es la tarea histórica abortada, que está pendiente de realizarse. La consecuencia de esta polarización es la incapacidad que tenemos de abordar el tema con la pertinencia que la realidad nacional requiere.
Es increíble cómo los empresarios, aunque no tengan tierra, se cohesionan ante la menor provocación que ose hablar del tema, ya que se alinean frente a la supuesta posibilidad de que se vulnere el principio de la propiedad privada. De igual manera, los campesinos, movidos por el imaginario referido y por la ausencia de otras opciones reales de sobrevivencia, tienden a sobredimensionar la reforma agraria en sus posibilidades de producir, por sí misma, el desarrollo nacional.
Sin embargo, nuestras condiciones estructurales y la actual realidad mundial caracterizada por la crisis alimentaria, debería hacernos poner los pies sobre eso que nos ocasiona tantas contradicciones: la tierra, donde se producen los alimentos a los que cada día es más difícil acceder.
Los empresarios deben abandonar las manipulaciones que, en el simplismo más ramplón, pretenden igualar la naturaleza del derecho a la propiedad de la tierra con la propiedad de nuestros zapatos. “Olvidan” que están hablando de un medio de producción, el cual, además, es distinto a otros, por la naturaleza de los bienes que produce. A lo anterior debemos agregar las connotaciones culturales que posee, sean éstas cristianas, mayas… La propiedad sobre la tierra, por lo tanto, en términos económicos, sociales y culturales, es algo sustancialmente distinto a la propiedad de nuestra camisa, nuestra casa... Por las razones ya expresadas es, incluso, diferente a la propiedad sobre la fábrica, la tienda o el banco.
Urge cambiar de actitud y encontrar la manera de transformar la estructura agraria prevaleciente. Apremia la necesidad de volver la vista al agro, dejando de ver sólo hacia la actividad exportadora. La economía campesina, empujada hacia la producción excedentaria, es un actor estratégico que ya no puede ser despreciado. Una vez más se pone de manifiesto que, en Guatemala, aunque la tierra no es el camino, no hay camino sin tierra.
Fuente: www.sigloxxi.com - 120608 |