En las honduras de la confusión
Por Adrián Zapata - Guatemala, 2 de julio de 2009
Ojalá las derechas guatemaltecas no se entusiasmen con el olor a cuartelazo de sus confundidos colegas vecinos.
La oligarquía catracha cayó en la tentación y el resultado fue el golpe de Estado dado por la mano militar, aunque se aduzcan decisiones de orden civil. El Ejército se dejó seducir por sus aliados históricos, como en los viejos tiempos.
En el imaginario obsesivo de los sectores tradicionales de poder hay un fantasma que recorre el Istmo y el continente entero, pavor que los lleva a querer cortar de tajo cualquier proceso que tienda a fortalecer ese eje maligno formado alrededor del mismo diablo, encarnado en Hugo Chávez y sus aliados.
En Honduras, la situación de aislamiento institucional a la que fue sometido el presidente Manuel Zelaya terminó por alimentar esa obcecación conservadora.
Pero ahora el contexto internacional es diferente de los tiempos en que la alianza oligárquico militar se arrodillaba obediente a los designios del imperio y cedía la soberanía hondureña para que la administración de Ronald Reagan (digno predecesor de Bush) utilizara su territorio para organizar, financiar y dirigir a los contras para inviabilizar la Revolución Sandinista. Ya no hay una OEA sumisa a la política exterior de los EE.UU.; tampoco existe aquella cadena de gobiernos reaccionarios que se alineaban en un concierto de regímenes autoritarios y militaristas; ya no hay un Presidente norteamericano que enarbole la bandera de la Guerra Fría, de los conflictos de baja intensidad. Ahora está surgiendo una OEA que intenta reivindicarse ante su deshonroso pasado, un conjunto de gobiernos progresistas que expresan distintos matices de izquierda y una administración estadounidense que alienta esperanzas de recuperar el prestigio perdido.
Lamentablemente, las derechas centroamericanas más conservadoras siguen ancladas en una prisión ideológica que no les permite comprender por qué un Zelaya derechista se convirtió en un Presidente “populista” aliado con los diablos rojos del Sur; por qué los sectores pobres y excluidos apoyan una administración que supuestamente es errática e inconsistente; a qué se debe que algunas clases medias se sumen a esa simpatía popular. No entienden por qué, teniendo la capacidad de alinear la débil institucionalidad existente, no se acepta por la comunidad internacional la formalidad legal con la que justifican el derrocamiento del Gobierno.
El mundo ya cambió, no todo lo que debería, pero ya no es el mismo. La crisis global ha hecho evidentes las debilidades estructurales del sistema, su insostenibilidad y la necesidad de hacer cambios más de fondo. La miopía de las derechas criollas está contribuyendo sustancialmente a la polarización social y política, al punto que seguramente quisieran que en Estados Unidos pasara lo mismo que en Honduras y se blanqueara la sombría nube que, desde su confusión, oscurece la Casa Blanca.
Ojalá las derechas guatemaltecas no se entusiasmen con el olor a cuartelazo que proviene de sus confundidos colegas de la vecindad.
Fuente: www.sigloxxi.com |