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Portillo, ¿hay izquierda mafiosa?
Por Adrián Zapata - Guatemala, 4 de febrero de 2010

Hay quienes gritan desesperados que eso de la izquierda y la derecha es un discurso trasnochado. Otros afirman que, en Guatemala, esas opciones ideológicas son irrelevantes. Hay un esfuerzo por desideologizar la política, lo cual es absolutamente incoherente, porque el ejercicio del poder está vinculado a la realización de ciertos intereses que se envuelven en una ideología que los justifica y pretende convertirlos en hegemónicos. Pero, además, porque la política está vinculada a determinados valores que la inspiran, los cuales son, obviamente, ideología pura.

Ahora bien, hay que saber distinguir entre la ideología política y las conductas individuales de quienes actúan en política. Esto significa que tanto en la izquierda, como en la derecha, pueden haber personas malignas, corruptas o con cualquier otra perversión.

Sin embargo, la militancia de izquierda supone una coherencia entre los valores que la inspiran, identificados con los intereses populares, y las conductas personales de quienes la practican. Por consiguiente, un militante de izquierda no debería ser ladrón, ni corrupto. Es, en el pensamiento guevarista de la revolución latinoamericana, lo que se entiende como la construcción del hombre nuevo, aspiración ineludible del militante revolucionario del siglo XX. Pero, para ser equilibrado en nuestros juicios, digamos que de una persona conservadora en lo político, también se esperaría una coherencia personal en la observancia de los valores tradicionales que la imbuyen.

Todas estas reflexiones están provocadas por el caso Portillo, quien, aunque teóricamente es justo suponer su inocencia mientras la justicia no pruebe lo contrario, hay que tener en cuenta que este axioma en Guatemala significaría que el 98% de impunidad prevaleciente certificaría la inocencia de tantos delincuentes que andan libres.

Todos sabemos del discurso fogoso de este sindicado, y de algunos episodios de su vida que claramente lo ubican en la izquierda del espectro ideológico nacional. Y ahora que se empiezan a desenredar las redes de los poderes paralelos, con los cuales se vincula a este personaje, uno podría preguntarse si puede haber una izquierda mafiosa. Pero no hay que confundirse, la respuesta categórica es que NO. Lo que hay, como ya dijimos, son políticos que ideológicamente se ubican en esa opción y que individualmente pueden ser corruptos.

Pero algo muy repugnante de Portillo fue la demagogia izquierdista, con la cual deliberadamente intentó encubrir su cuestionable conducta personal. La divisa ética que supone la izquierda como expresión de los intereses populares fue manipulada por este ex presidente. Algo similar sucede con muchos mercaderes de la religión que instrumentalizan la fe para legitimar sus prácticas políticas. Las ideologías políticas, igual que las creencias religiosas, merecen ser rescatadas de esta práctica circense.

Fuente: www.sigloxxi.com


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