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Siempre
Por Andrés Zepeda - Guatemala, 11 de junio de 2008
lacajaboba@gmail.com

Viviendo en un tiempo.

Hay una percepción, bastante generalizada, que mi compadre M. Palomo bautizó como “el síndrome Jetsons-Picapiedras”, y que consiste en asumir que la humanidad se ha regido siempre según las pautas que nos rigen hoy.

Rara vez cuestionadas (y, por lo tanto, tenidas como la cosa más normal y orgánica del mundo), esas mismas pautas –pensamos– serán, también, las que han de regirnos siempre. Un pasado antediluviano en el que coinciden, como en las caricaturas de Hanna-Barbera, dinosaurios con seres humanos y hasta televisores a control remoto; todo ello en una sociedad patriarcal donde el hombre común es trabajador asalariado, marca tarjeta, se faja de lunes a viernes y en su tiempo libre juega al boliche; mientras la mujer, bastión de los valores familiares, cuida la casa, cría a los hijos, prepara la comida, alimenta a la mascota y chismea con la vecina.

Y un futuro supersónico no muy distinto, con la salvedad de que los vehículos ya no se desplazan a callo de pata sino que son naves espaciales de propulsión a chorro, y la liberación femenina llegó para quedarse a fuerza de sustituir a la cholera de la casa por un androide multiusos de nombre Robotina.

En medio de lo uno y de lo otro henos aquí, viviendo en un tiempo presente imperturbable, sostenido de espaldas a la Historia, donde los acomodados se acomodan, encogidos de hombros, orbitando como turistas alrededor de su propia existencia, resguardado cada uno en su capullo de falsa seguridad.

¿Para qué quejarse, entonces? ¿Para qué mover un dedo? ¿Para qué intentar algo distinto? ¿Para qué arriesgarse? ¿Para qué comprometerse? Acumulación material, progreso unidimensional, lucro individual, propiedad, razón, patria, familia… la gente siempre ha tenido las mismas motivaciones, las mismas ambiciones, los mismos ideales. ¿O no?

Fuente: www.elperiodico.com.gt - 060608


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