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Guatemala: La disputa del poder no es (solo) interoligárquica
Por Byron Garoz Herrarte - Guatemala, 3 de junio de 2019
garozbyron@gmail.com

Buenas y malas noticias. La buena: la disputa del poder no es solo entre facciones de la oligarquía. La mala: el tercero en disputa, el pueblo, no ha sido capaz de articular un frente común.

1. El balance de la democracia en Guatemala

En 1985 se elabora una nueva Constitución Política de la República y en 1986 asume la Presidencia Vinicio Cerezo. Las expectativas de la población eran altas, volver a la democracia debería significar mejoras y avances en la búsqueda del bien común, tal como establece el artículo 1 de dicha Constitución.

34 años después, las condiciones de vida de la mayoría de la población han empeorado. La pobreza, que disminuyó del 56.4 % en 2000 al 51.2 % en 2006, se incrementó al 59.3 % en 2014. Lo mismo ocurrió con la pobreza extrema cuyos datos son 15.7 %, 15.3 % y 23.4 % para los mismos años. Los pueblos indígenas, la tercera edad, las mujeres y la niñez han sido los más afectados.

El índice de Gini para la concentración de la tierra es de 0.84, uno de los más altos en América y el mundo. La desnutrición infantil –menores de cinco años– asciende a 46.5 %; este indicador solamente ha disminuido en 3.5 % en los últimos ocho años, a este ritmo necesitaríamos unos 50 años para alcanzar estándares aceptables. Estos datos, y la situación de deterioro ambiental, inseguridad y migración forzada, entre otros, muestran claramente que el ejercicio de la democracia, en las condiciones en que se ha dado, no ha significado mejoras en las condiciones de vida de la población.

2. La cooptación del sistema

Si bien ningún gobierno de la era democrática puede presumir de un buen manejo de la cosa pública, los niveles de corrupción durante el gobierno del Partido Patriota alcanzaron su más alta cota. El FCN, que le sucedió, continuó con esas prácticas, además de dotar de prebendas al Ejército para lograr su respaldo. El FCN, refugio de tránsfugas del PP, LIDER y otros partidos, ha hecho alianzas evidentes con el Partido Unionista, Todos y la misma UNE. De tal forma que tienen el control de la Corte Suprema de Justicia, Corte de Constitucionalidad, Tribunal Supremo Electoral, Contraloría General de Cuentas y, cada vez más claro, el control del Ministerio Público. Esto fue particularmente evidente con el caso de Sandra Torres, cuya sindicación fue retardada por casi tres meses por Consuelo Porras, con lo cual protegió su participación electoral.

3. La disputa tripartita del poder

Varios analistas han afirmado que lo que ocurre en Guatemala es una disputa interoligárquica del poder. Y esta es una verdad, pero una verdad a medias. Existe una pugna entre dos expresiones del poder económico: los denominados arzuístas y los dionisistas. La primera facción representa a los sectores más retrógrados de la burguesía que han vivido de saquear al Estado. Los sionisistas también lo han saqueado, pero ahora se presentan como una «derecha modernizante» que incluso estaría dispuesta a pagar impuestos. Fisuras en el bloque en el poder.

Pero hay un tercer actor que también disputa dicho poder: el pueblo. Lamentablemente las expresiones políticas que representan este sector no lograron acuerdos para presentar un frente común en el proceso electoral, lo cual hace cuesta arriba que esa disputa se traduzca en el logro de alcaldías y diputaciones, no digamos de la Presidencia.

4. El conservadurismo predominante

La sociedad guatemalteca es (lamentablemente) conservadora. Décadas de influencia del sistema educativo, los medios de comunicación, el sistema legal, las religiones –conservadoras en la mayoría de expresiones– han dado como resultado que prevalezcan visiones conservadoras de la sociedad. El reciente «Pacto por la vida y la familia», firmado por todos los partidos de derecha, recoge lo que no han podido legislar con la 5272; asumen el compromiso de promover valores relativos a la familia tradicional, contra la «ideología de género» y contra la comunidad LGBTI. Incluso se comprometen a nombrar personas que garanticen estas visiones en el Ministerio de Relaciones Exteriores, Ministerio de Educación Pública, Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social, Consejo Nacional de la Juventud y la Comisión Presidencial en materia de Derechos Humanos.

Estos elementos forman parte de la oferta electoral de los partidos de derecha que busca identificar como «enemigos» a todos aquellos que cuestionen el estado de cosas. Atentan contra y criminalizan la lucha de movimientos campesinos, indígenas, defensores del territorio, feministas, comunidad LGBTI, e incluso a los patinetos y rockeros. El impulso de iniciativas de ley como la del «día de la oración» y el que recientemente el Congreso de la República emitiera un punto resolutivo en el que se pedía a las autoridades migratorias que no dejaran entrar al país –como finalmente sucedió– a un grupo de rock sueco para «proteger la religión, el orden público y el respeto a los credos», son una clara muestra del impulso de estas visiones cuasi fundamentalistas religiosas.

5. Las opciones de la izquierda dividida

La izquierda no logró presentar una plataforma común. Puede afirmarse –sin temor a equivocación– que no hicieron los esfuerzos necesarios. Las diferencias no fueron sobre aspectos programáticos, sino personales. Posiciones mesiánicas, caudillistas y vanguardistas se impusieron, señalamientos de los cuales no escapa ninguno de esos partidos: URNG, WINAQ, Convergencia y MLP. Sus opciones, debido a dicha división, son limitadas.

La exclusión de las candidaturas de Zury Ríos y Thelma Aldana, afectarán los resultados electorales. Las opciones están abiertas, sin embargo, la falta de unidad de la izquierda partidaria dificulta el logro de mejores resultados en el ámbito electoral, y cada vez toma más forma la opción de que dos candidatos de la derecha disputen la segunda vuelta electoral.

Sería conveniente que los secretarios generales de los partidos de izquierda instalen un «centro de recepción de información» conjunto el día de las elecciones y puedan –a medida que comiencen a llegar los resultados– analizar cuánto lograron y cuánto podrían lograr si caminaran juntos.

Y que los partidos que desaparezcan nunca más vuelvan a aparecer.

Fuente: gazeta.gt


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