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Entre espejismo y realidades
Por Brenda Mejía - Guatemala, 22 de octubre 2007

Cuando uno viaja al interior del país, va admirando la belleza natural que forman sus paisajes y poco a poco, se es presa de un sentimiento de orgullo por ser guatemalteco. Con tanta belleza es casi inevitable pensar que se está en un país casi perfecto, lejano del que se tiene en realidad: un país explotado por la globalización a favor de unos cuantos, con altos índices de desnutrición, pobreza, inseguridad y violencia para la gran mayoría.

En uno de esos viajes, tuvimos la oportunidad de cenar con una familia residente de una finca bananera en los Amates, cerca de Puerto Barrios, que, además de ser buenos anfitriones, cada uno de ellos manifestó con mucho orgullo, lo felices que están de trabajar allí: tenían casa sin pagar alquiler, agua sin pagar por su consumo, luz pagando sólo el 50% del total de la factura, educación gratis para sus hijos en una escuela exclusiva, servicios de salud gratis, lavadora, estufa, refrigeradora y gabinetes de cocina sin haberlos comprado, en fin, hicieron alarde de ser campesinos bien remunerados (de Q1 500 o más a la quincena) dependiendo el puesto, viviendo mucho mejor que los que están en aldeas aledañas.

En aquella muy cómoda y sin igual comunidad hay un factor clave: todo aquello no les pertenece y puede pasar a otras manos en cualquier momento, cuando los despidan y sean otros campesinos quienes ocupen su lugar.

Para ser sincera no cuestioné sobre sus condiciones laborales, ¡ni tiempo dio! … pues seguían hablando que si a “Fulano” lo ascendían a apuntador (capataz) el sueldo sería 5 mil quincenales, la luz sería totalmente gratis y sus hijos pasaban de esa escuela a una especie de colegio con condiciones físicas, educativas y materiales de lujo.

Hasta aquí, parece que no hay nada que criticar, la verdad, que bien por ellos pues no todos los campesinos corren con la misma suerte. Más bien es permitido cuestionar: ¿Qué tanto deja la empresa en ganancias que permite tales cantidades en salarios, cuando la política es reducir costos? ¿Por cuánto tiempo tendrán esos beneficios? ¿Qué pasaría si el día de mañana los despiden? ¿Qué es lo que realmente deben hacer para no perderlo todo? ¿Acaso no merecen ser ellos los verdaderos dueños de la producción que tanto esfuerzo les cuesta cada temporada? ¿Por qué conformarse con lo que no les pertenece? ¿Acaso, más que un “mejor nivel de vida” material, no es un calmante de ánimos lo que les dan?

En los años antes del 20 de octubre de 1,944, las empresas nacionales y transnacionales no les daban ningún tipo de beneficio a sus trabajadores, he allí un motivo por el que se unieron los diferentes sectores de la sociedad para lograr la Revolución que buscaba al fin, un cambio REAL, una mejor condición de vida, un verdadero desarrollo y progreso para la gran mayoría y ¡Cuánto más se hubiese logrado si no se hubiera dado la contrarrevolución en 1954 que acabó con las “10 Primaveras” de nuestro país!

En fin, si se analiza a profundidad vemos que la explotación sigue siendo el medio por el que la élite somete a las grandes mayorías, tanto de tierra como de la fuerza de trabajo, es todavía inaudito que sólo unos cuantos se sigan enriqueciendo con el producto de tierras guatemaltecas que bien podrían ser propiedad del mismo campesino que las trabaja y ser él quien reciba los beneficios directos de su arduo esfuerzo.

Es duro pensar que la situación privilegiada en la que viven, en realidad es altamente vulnerable a cualquier antojo del patrón y que su condición podría esfumarse, haciéndolos caer en la cruel y dura realidad en la que vivimos los demás (pagando alquiler, luz, agua, buscando trabajo sin mayor esperanza, etc.)

Es evidente que las condiciones actuales son diferentes a las existentes antes de la Revolución del ’44. La diferencia radica en que ahora venden la idea de empleo y “calidad de vida” seguros a cambio de su fuerza extrema de trabajo, dignidad, conciencia, voz y cualquier otra manifestación pluralista e incluyente (no hace falta decir que los sindicatos de trabajadores han perdido espacio porque nadie quiere perder el empleo aunque así tenga que ser denigrado como trabajador) pues a los empresarios les interesa el sometimiento de las masas y la creación de una visión netamente individualista que les permita mantener su estatus de producción y ganancias al máximo con el mínimo de costos y contratiempos.

¡Lástima que las estrategias y políticas mercantiles neoliberales estén funcionando pues eso hace aún más lejano, el día en que vuelva a surgir la Primavera en Guatemala!

Fuente: www.i-dem.org - Nueva Época número 1313


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