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La resurrección del verbo “Revolución”
Por Brenda Mejía - Guatemala, 14 de noviembrede 2007

Esta semana parece no bastar para seguir argumentando sobre lo que fue la elección del Presidente.

Independientemente de la alegría que aún gozan los que sí simpatizaban con el ganador y la tristeza que viven los que simpatizaban con el perdedor, mucha gente que, al igual que yo, no vimos en ninguno de los dos candidatos a un personaje que realmente hubiese sido el candidato menos peor, estamos en un río revuelto de emociones de donde emerge un fuerte sentimiento de tristeza.

En lo particular, aunque el voto sea secreto, confieso que voté en contra del militarismo y despotismo que pretendía regresar al país a un estado del que apenas dice haber salido.

Digo (no con orgullo) que voté por el otro candidato no con el afán de haber elegido al menos peor, sino con la preocupación de no permitir que el otro ganara, a decir verdad y por lo que he escuchado, muchísimos hicimos eso…

En las elecciones, el no tener opción, despierta sentimientos de impotencia y remordimiento. Anular el voto o dejarlo en blanco tampoco era posible, pues no era momento que otros decidieran por uno.

En fin… una situación de estas puede permitir que se comprenda al famoso escritor: Miguel de Cervantes Saavedra y su magnífica obra “Don Quijote de la Mancha” ya que, al analizar el contexto histórico que predominaba en España durante su época, es fácil darse cuenta que su situación no se aleja mucho de nuestra realidad: España estaba sumida en un abismo, en la peor decadencia que pudo existir a causa de una guerra, Guatemala aún sufre las secuelas de la que finalizó en 1996; España tenía terribles problemas políticos, económicos y sociales, nada diferente a lo que se vive hoy en día en nuestra nación; en las calles de España era visible la miseria, pobreza, desnutrición… en Guatemala, específicamente en áreas marginales y rurales, esto no cambia.

Tan mal estaba España que para muchos españoles de corazón, cuerpo y alma, el ver a su país en la peor de las situaciones de aquellos tiempos, era lo más triste y doloroso que pudieran sentir, era tan profunda su tristeza que escritores como Francisco Quevedo, Miguel de Cervantes y el autor anónimo del “Lazarillo de Tormes” buscaron en el arte de la escritura, un punto de fuga que transportara a un mundo paralelo diferente al que tenían frente a sus ojos, a todos aquellos que sufrían por la misma causa.

Al leer las obras mencionadas por ejemplo, es evidente que tras la comedia, la picardía, el idealismo y el realismo que presentan, los escritores reflejan un profundo dolor por ver a su patria morir en vida sin que sea claro, el porvenir que les espera.

Hasta cierto punto, puedo afirmar que muchos guatemaltecos nos sentimos así, dolidos y tristes en lo más profundo porque el país está de nuevo, a menester de unos cuantos, de unos pocos que sin pensarlo, dejan a un lado la verdadera acción que conlleve a una Guatemala a un verdadero progreso y desarrollo mejor para todos.

Como es característico de los 100% guatemaltecos, pese a todas las penurias que atravesamos, con cada amanecer, emprendemos una lucha por vivir una vida digna, quizá buscamos puntos de fuga por doquier, pero jamás olvidamos que en cada una de nuestras acciones nos manifestarnos con entera responsabilidad, ética, profesionalismo y entrega, ser idealista como Don Quijote no es malo, lo que sí es triste es perder esa línea, y sobre todo, tener que sufrir las consecuencias de quienes la han cambiado por lo más fácil: la corrupción, impunidad, enriquecimiento ilícito, desfalcos al estado y todo hecho ilícito que manifieste lo contrario.

Ojalá no lleguemos al extremo de ver morir en vida a nuestra patria, ojala el próximo Presidente nos demuestre que estamos o estuvimos equivocados, no está de más recordarle a la mayoría de la población que, al igual que un 20 de Octubre de 1944, cuando todos unieron sus fuerzas para sacar a Guatemala de su peor época, así también, seguimos siendo la mayoría quienes podemos incidir en el destino de nuestra nación. Retomando los ideales de una nación digna para todos sin distinción alguna podemos hacer nuestras, las frases que reza una canción de Trova: “Tengo la fertilidad de los frutos de la tierra, soy la sangre, la fuerza, el surco y la cimiente, la palabra vibrante, soy fusil y soy la guerra…”

Sigamos todos pues, para adelante, sin claudicar ni desmayar, convencidos que somos los únicos que podemos cambiar la historia.

Fuente: www.i-dem.org - Nueva Época número 1329


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