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“La educación os hará libres”: José Martí
Por Brenda M. Mejía López - Guatemala, 15 de febrero de 2007

Luego que la ingeniera María del Carmen Aceña asumiera como Ministra de Educación en enero 2004, hizo el compromiso de evaluar, año con año, el rendimiento académico de los graduandos de nivel diversificado por medio de pruebas de conocimientos básicos en el área de Lenguaje y Matemática. En la inauguración de la décimo novena reunión del Laboratorio latinoamericano de Evaluación de la calidad de Educación en América Latina, realizada el 4 de Septiembre 2006, Aceña argumentó: “Las pruebas diagnósticas son la mejor forma de conocer la situación actual y buscar estrategias que permitan mejorar la calidad de enseñanza”, iniciativa que le valió la felicitación de María Shulmeyer, Consultora de Brasil y el reconocimiento de Héctor Valdez, Representante de Cuba, quien expresó que es una buena forma de conocer el sistema y buscar soluciones. Las pruebas se han aplicado desde 2004, en un inicio con carácter de pruebas piloto, pero, a partir de 2007, con carácter institucional según la Ministra. 80 mil graduandos (promedio) han sido evaluados dejando como resultado lo siguiente:

• Año 2004: 14% satisfactorio en Matemática y 15% satisfactorio en Lenguaje
• Año 2005: 16.9% satisfactorio en Matemática y 15.5% satisfactorio en Lenguaje
• Año 2006: 3.3% satisfactorio en Matemática, 1.5% excelente en Matemática; 10.1% satisfactorio en Lenguaje y 9.3% excelente en Lenguaje

La pregunta que viene al caso ahora es: ¿Realmente ha cumplido el Ministerio, sobre todo la Ministra Aceña, con buscar estrategias que permitan mejorar la calidad de enseñanza en la educación guatemalteca? ¿A quién le corresponde buscar esas estrategias que aporten soluciones? Es evidente que después de 3 años de aplicar las famosas pruebas, los resultados obtenidos sí reflejan la decadencia de nuestro sistema educativo, los titulares de los periódicos son reveladores, pero, ¿quién no lo sabía?

Los resultados a simple vista son alarmantes, menos mal, las pruebas están ayudando a comprobarlo, entonces ahora preguntemos: A raíz de las estadísticas ¿qué políticas se han creado para corregir el sistema? Según los porcentajes, tres años después el avance es insignificante y cada vez, más deprimente.

Aceña informó ayer que las próximas semanas, los planteles recibirán la información sobre sus estudiantes, ¿de qué sirve que el Ministerio de Educación informe a cada plantel sobre cómo salieron sus muchachos? No basta con “descubrir el problema”, estamos hartos de escuchar todos nuestros males, ¿cuándo escucharemos las soluciones? o por lo menos ¿cuándo escucharemos las estrategias ofrecidas? Ahora resulta que los centros educativos, después de saber los resultados, son los que deben tomar las medidas necesarias para fortalecer el aprendizaje.

Es fácil hablar y adjudicar la responsabilidad a los establecimientos educativos, no importa si son privados o públicos, pues eso que cada centro creará sus estrategias para mejorar el nivel académico ya no queda sujeto a la supervisión directa del Ministerio. ¿Quién no ha oído hablar que cada colegio o escuela hace lo que quiere?

El sector público debe espantárselas con los pocos y deficientes recursos que le otorga el Estado. El sector privado (con la idea que son empresas lucrativas en donde el cliente siempre tiene la razón) busca hacer de sus políticas, cobijas que encubran la mediocridad y la holgazanería de las nuevas generaciones con la aprobación de sus padres que no quieren verse afectados en hacer una mala inversión, con ello se refuerza la creencia que la educación ya no es concebida como el medio de superación humana, para lograr un mejor desarrollo, sino como la carrera en competencia de hacer empresarios que aprovechen la coyuntura del capitalismo y la globalización, pisando a quien se interponga en su camino.

Quien sabe si las pruebas realmente estén reflejando lo que es y cumplan con su objetivo (este año hasta agregaron la categoría “Excelente”), pues cuando se aplican en los establecimientos, el personal representante del Ministerio de Educación brilla por su ausencia. Por muchos es sabido que hasta los mismos maestros (la mayoría obligados por sus autoridades) se prestan a irregularidades, como proporcionar las respuestas, con el objeto que el establecimiento no sea desprestigiado o excluido de la nómina de los 10 mejores.

Es vergonzoso que se diga, tanto a nivel nacional como internacional, que Guatemala está en pleno desarrollo cuando muestra lo bajo que está en Educación.

La academia es el pilar de un verdadero progreso, pero el promover generaciones vacías en preparación, convicción, valores, iniciativa propia e ideales con el aval del estado, lo único que se favorece es el retraso en todos los ámbitos de nuestra sociedad.

Sabias fueron las palabras de José Martí, con las que se titula el presente texto. Para nosotras y nosotros los guatemaltecos, ¿cuándo se llegará a la libertad con tanta mediocridad, falta de lealtad y compromiso? ¿Cuándo alcanzaremos un verdadero desarrollo y progreso que mejore la calidad de vida de todas las personas, sin exclusión alguna?

Cuando se ejerce un cargo público, ¿acaso es tan difícil cumplir con los compromisos cuando éstos son una obligación por ser nuestro trabajo?, más allá de las campañas mediáticas. Ya es tiempo de exigir que cada funcionario cumpla como debe ser y deje de gastar tantos recursos (aproximadamente Q.10 millones en los cuadernillos de examen no reutilizables y ¿en la imprenta de quién se producen?), que bien alcanzarían para hacer algo viable y real para contrarrestar la problemática que siempre nos ha mermado en nuestro desarrollo como nación.

Fuente: www.i-dem.org – Nueva Época - Número 1141 - 130207


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