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Una triste y sofocante realidad
Por Brenda M. Mejía López - Guatemala, 15 de junio de 2007

“Todo cambia”… así reza una frase utilizada por muchos en diferentes temas. Referente a la historia de nuestro país, esa frase parece no cumplirse pues nada cambia, sino se transforma. Un ejemplo claro es la opresión, entendiéndose ésta como el sometimiento violento de una o varias personas o grupos de personas.

Desde el “descubrimiento” de América, la opresión fue el medio más enérgico por el que nuestros pobladores originarios fueron sometidos, el uso de la fuerza bruta e ideológica por parte de los españoles en aquel tiempo, al final de cuentas, determinó la época actual. Luego, los sistemas de Estado y sus diferentes gobiernos crearon entes específicos (policía, ejército, otros comandos), que llegaron a ser los medios por el que la opresión alcanzó su máxima expresión, sobre todo en épocas en que realmente quiso promoverse un verdadero cambio (Revolución del 44 y Gobierno de Jacobo Arbenz). Lo más reciente quizá sea la época del conflicto armado interno, que dice haberse terminado con la firma de los Acuerdos de Paz en 1996.

Hasta ahora, hemos referido el término opresión específicamente al sometimiento con violencia a un sistema que poco ha ayudado a que Guatemala progrese y, en nada, a que se desarrolle. Hoy se habla de una Cultura de Paz. Cualquiera diría que la opresión terminó en 1996. Como se dijo al inicio de este texto, nada ha cambiado, sólo se ha transformado. La actual opresión que vivimos los guatemaltecos, la sufrimos en el bolsillo.

La crisis económica derivada del alza en el precio de los combustibles, desde su comercialización internacional, ha afectado la canasta básica familiar, el transporte y otros servicios. Los diarios publican que los precios son inestables y fluctúan en cualquier momento. La semana pasada la libra de maíz subió 50% en una semana; el frijol se incrementó en Q0.50, el pollo cuesta Q8.50 (antes Q7), la caja de tomate costaba entre Q35 y Q40, ahora cuesta entre Q110 y Q115. El pasaje extraurbano subió Q0.50 centavos hasta Q2. Los taxistas también subieron Q5 a cada tarifa. Todo está por las nubes menos los salarios.

Nadie ha oído hablar sobre un aumento o un bono para apalear la crisis…”ridículo, imposible, están locos” serían las frases que empresarios y Gobierno dirían. Ellos prefieren hablar de salarios por productividad a la hora de discutirlo (eso si existiera algún funcionario consciente de en el Gobierno) ¡Claro, qué van a discutirlo, si son ellos los dueños de los negocios que comercializan los productos y servicios que están aumentando de precio! Hay que recordar que el sistema capitalista que nos oprime predica: “Hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres”. Los empresarios, entre menos costos tengan, mayores serán sus ganancias, recordemos que entre sus costos están los salarios, entonces… es una utopía que éstos sean incrementados a lo que hoy en día, debería ser lo justo que ayudara a los guatemaltecos a solventar sus gastos.

A esta altura del texto podrían estarse preguntando: ¿Y el Presidente?, ¿qué hace ante tal problema?, la respuesta es nada… hay que recordar que el Presidente Berger es empresario, se incluye dentro del selecto gremio que prefiere no hablar de aumentos salariales, gusta de la mano de obra barata y prefiere quedar bien con los de su círculo, creando y reglamentando políticas que no afecten los privilegios de los que gozan sólo los de su sector. Quedando bien con ellos, cree ser un mandatario eficiente, que “colabora” con el desarrollo de su nación, mientras que para la mayoría de la población, cuando fue cuestionado sobre el alza del precio a los combustibles, sus palabras fueron: “No puedo hacer nada”.

En fin, la opresión, entonces, pasó de ser una guerra violenta e ideológica, a ser una guerra mental y física: mental porque hay que estar pensando qué se puede hacer con los escasos recursos económicos que se reciben; y física porque ya a muchos guatemaltecos, no les es posible sostenerse sólo con un empleo y buscan otras formas de recaudar unos centavos extra. ¿Qué puede concluirse con esto? Que la Pobreza está en aumento. ¡Vaya forma de vivir en pleno siglo XXI!

Fuente: www.i-dem.org – Nueva Época - Número 1222 - 140607


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