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Pasó la tormenta de la declaratoria de Huelga de Dolores, ¿y ahora…?
Por César Antonio Estrada Mendizábal (1) - Guatemala, 4 de abril de 2017

En Guatemala, en el país de la eterna (¿eterna qué, primavera, tiranía, indiferencia…?) pueden pasar las mayores calamidades, los escándalos más vergonzosos que, en realidad, como diría Manuel José Arce, aquí, total, no pasa nada: pronto nos acostumbramos o nos recuperamos del susto, y la Universidad de San Carlos no es la excepción. Después de la tormenta viene la calma, dicen, pero en la tan cuestionada declaratoria de Huelga de Dolores, con su “honorable” comité ligado a la deslegitimada y rechazada AEU, afortunadamente no sucedió ningún hecho grave que lamentar a pesar de la presencia de gente armada entre los organizadores y de sus conocidos antecedentes violentos.

En días recientes se sucedió una serie de hechos que, por un lado, no presagiaban nada bueno por la respuesta abusiva y violenta que se esperaba de los huelgueros secuaces de quienes tienen secuestrada la AEU, pero que, por otro, eran un signo de esperanza por la digna, valiente y decidida actuación de los estudiantes de Medicina, de las escuelas de Historia y Trabajo Social y otros grupos estudiantiles. En el CUM, en la Facultad de Ciencias Médicas, a los estudiantes se les colmó la paciencia, se armaron de coraje y expulsaron a los encapuchados dizque huelgueros que tanto perjuicio han causado y que se creían intocables; el edificio S1, sede de las escuelas de Trabajo Social y de Historia, que en años anteriores ha sido escenario de violencia encapuchada, fue testigo nuevamente de abusos de sujetos armados que agredieron a los estudiantes que resguardaban la entrada y acosaron al estudiantado, según denunció la Asociación de Estudiantes de Historia, Antropología, Arqueología y Archivística (AEHAAA), que previamente decidió en una asamblea prohibir actividades e indumentaria de huelga. A la vez, circuló un video en que un grupo de estudiantes que tratan de recuperar la AEU hizo un llamado a detener los desmanes de –en sus palabras– los “usurpadores que han secuestrado nuestra universidad”, “sin importar el costo ni el riesgo que represente”. Por si todo esto no fuera suficiente, en los Centros Regionales los descarados (y no es porque no muestren la cara) encapuchados también cometen serios atropellos de los que aquí ni nos enteramos.

Ante estos nefastos augurios uno se pregunta si hay autoridad o no en la universidad, si los estudiantes y los profesores se dan cuenta de los riesgos y aun así permanecen paralizados. (Viene a la mente “Del pánico al ataque” de Manuel Galich.) Algunas Facultades o Escuelas hicieron bien en suspender sus actividades como prevención de cualquier eventualidad, en tanto que los decanos y el rector publicaron un insulso y aséptico comunicado donde instaban a la reflexión y recomendaban a las “Autoridades Académicas y Administrativas Universitarias tomar las medidas que consideren pertinentes”.

Bueno, por fortuna, el huracán se ha desviado, y ahora ¿a seguir como siempre hasta la declaratoria del año entrante?, ¿será que nunca empezaremos a cambiar para ver nuestras deficiencias y tratar de superarlas? En la universidad hay mucho que debe ser cambiado, renovado o desechado, la decadencia científica, educativa, moral y política ya tocó fondo, aunque como algunos dicen, ¿no será que siempre encontramos un fondo más abajo? Y que conste que la Universidad Nacional de San Carlos no es organismo aislado, que flota sin rumbo en el espacio sideral, independiente y sin relación con nada, sin tener que responderle a ninguno y con sus integrantes muy orondos y satisfechos de sí mismos. Muy por el contrario, nuestra universidad tiene obligaciones, serios deberes, se debe a su pueblo, a los sectores postergados y marginados de esta sociedad, debe contribuir a la superación de su dramática y deshumanizada realidad. Lejos de ir en esta dirección y de fortalecer su naturaleza académica, propositiva y crítica, vemos que nuestra universidad cada día se hace más formalista, más burocrática y pendiente de las apariencias, de lo superficial, donde los estrechos criterios de los miopes abogados del statu quo y de los inflexibles y policiales auditores se imponen sobre el espíritu auténticamente universitario.

Los dignos jóvenes que recientemente conformaron el Consejo Consultivo Estudiantil Universitario y el Consejo Electoral Estudiantil Universitario –ojalá sean los suficientes y logren su cometido– están tratando de recuperar su movimiento y tienen programadas para agosto elecciones del Secretariado de la Asociación de Estudiantes Universitarios pero se topan con la oposición de la pesada burocracia administrativa y legalista de su casa de estudios. Aunque tienen mucho camino por recorrer, su dinamismo consciente es indispensable en la universidad. Los profesores, por su parte, están siendo convocados para elegir sus representantes en la lenta, poco ágil y complicada reforma universitaria que oficialmente se propone, y es de esperar que, ya sea que participen en ella o por otros medios que consideren más prácticos y eficaces, aprovechen esta ocasión para reflexionar, discutir y proponer el modelo educativo más adecuado para nuestras condiciones históricas, la investigación científica que deseamos y necesitamos, y la relación que institucionalmente debemos tener con las mujeres y hombres de este país.

En fin, “no hay mal que por bien no venga” reza un dicho popular, pasó la preocupante declaratoria de Huelga de dolores con sus vándalos armados que la tienen tomada y con estudiantes dignos que tratan de que vuelva a ser lo que fue, no hubo mayores males que lamentar, y –como la esperanza es lo último que se pierde– esperemos que los universitarios empecemos a caminar hacia la salida del túnel en que desde ya hace mucho cayó nuestra Alma Máter.

1) Miembro del Consejo Superior Universitario Representante de los profesores de la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacia

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