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Un paso adelante en la Usac
Por César Antonio Estrada Mendizábal * - Guatemala, 19 de agosto de 2017

En la Universidad de San Carlos –al igual que en otros ámbitos de esta sociedad– parece como si ya nada puede cambiarse, como si todo lo que queda a los que se interesan por mejorar las cosas es resignarse, olvidarse de lo colectivo y encerrarse en sí mismos. Nada es más funcional, más conveniente para el poder: que los subordinados abandonen todo afán de cambio, que se crean impotentes, que el statu quo se vea como natural, como algo dado e inmutable. No obstante, aquí y allá se ven chispazos, atisbos, pequeñas señales que indican que sigue siendo posible hacer algo, reanudar el camino.

Ayer, jueves 17 del corriente mes, el Consejo Superior Universitario sostuvo una sesión extraordinaria en que unánimemente acordó que la única organización estudiantil reconocida para realizar la elección de los órganos de dirección de la AEU es el Consejo Electoral Estudiantil Universitario. Este consejo es producto del legítimo y valioso movimiento de los estudiantes que se levantaron para recuperar su asociación que desde hace casi veinte años ha estado tomada por grupos oscuros contrarios al espíritu universitario. Con esta decisión se desautorizó las espurias elecciones paralelas que se estaban planificando para evitar la salida de quienes detentan el control de dicha asociación. ¿Cómo fue posible esto si hace dos años el apoyo del CSU a la “comisión transitoria” de la AEU se veía inconmovible? Confluyeron varios factores. Veamos el cuadro general:

En las manifestaciones de 2015 contra la corrupción y por la reforma del Estado, tuvieron papel destacado los estudiantes universitarios de la San Carlos, la Landívar, la del Valle e incluso de la Marroquín. Pronto se empezaron a ver carteles que criticaban vicios y defectos de la Usac cuyos estudiantes demandaban también que su casa de estudios se democratizara y se abriera a cambios que la sacaran de su postración académica y política. Como miembro del Consejo Superior Universitario, estuve en la primera sesión en que las asociaciones estudiantiles llegaron a pedir apoyo para las manifestaciones e informaron de sus intenciones de recuperar y depurar la AEU. Posteriormente hubo otras sesiones en que los estudiantes reiteraron sus intenciones.

En el mar de indiferencia que es la San Carlos, los estudiantes conscientes e inquietos mantuvieron sus afanes renovadores y así el 20 de septiembre del año pasado, un pequeño pero muy significativo grupo marchó hacia la sede de la AEU y públicamente y con valor enfrentaron y desconocieron a la “comisión reguladora y transitoria” que ilegítima e ilegalmente lleva ya varios años enquistada en el poder. Después de mucho trabajo y esfuerzo, los estudiantes, de acuerdo a los estatutos de la Asociación de Estudiantes Universitarios Oliverio Castañeda de León, constituyeron su Consejo Consultivo Estudiantil Universitario que a su vez formó el Consejo Electoral Estudiantil Universitario (CEEU) que se encargó de reglamentar y organizar las elecciones de la nueva directiva que habrá de asumir la conducción de la AEU.

Las elecciones se planificaron inicialmente para febrero de este año pero básicamente por la falta de colaboración y por las trabas impuestas por las autoridades universitarias, los estudiantes se vieron en la necesidad de posponerlas hasta este fin de semana (sábado 19 a lunes 21).

¿Cómo fue posible que ayer jueves, por fin, el Consejo Superior Universitario declarara su respaldo a las elecciones legítimas convocadas por el CEEU y así rechazara las espurias elecciones paralelas que los allegados a la “comisión transitoria” estaban planeando?

La burocracia suele ser una maquinaria lenta y rígida que obstaculiza la actuación y los derechos de las personas y que se hace especialmente entorpecedora cuando quienes la dirigen, las “autoridades”, la usan para defender sus intereses. En la Usac funciona muy bien para asfixiar los esporádicos intentos de cambio, de superación. Así, la tendencia mayoritaria en el Consejo Superior le daba su apoyo a la “comisión transitoria” en su intención de no permitir elecciones libres y democráticas en la AEU para mantenerse en sus puestos de dirección. Los que se oponían a que la Asociación de Estudiantes volviera a manos del estudiantado no tenían argumentos válidos y usaban como pretexto meras formalidades, la pura “legalidad”. Como necios leguleyos apelaban a la fría aplicación de normas y leyes imprácticas, y daban la espalda a la realidad, a consideraciones éticas, a la naturaleza educativa y científica de una universidad. Poca atención prestaban a los argumentos académicos y de buena política que presentábamos algunos consejeros, y casi no obteníamos resultados.

Lo anterior tuvo un cambio cuando con constancia y trabajo los estudiantes en sus diversas asociaciones se fortalecieron. Con buena voluntad cumplieron los requisitos legales que el Consejo arbitrariamente les impuso para “legalizarse” (algo innecesario pues les sobraba legitimidad), formaron sus planillas electorales, las inscribieron ante su Consejo Electoral Estudiantil y fueron dándose a conocer y a divulgar sus planes y objetivos. Con esto se ganaron la atención y el apoyo de sus compañeros y de reconocidos organismos sociales como la Fundación Mirna Mack y, así, podríamos decir que la correlación de fuerzas cambió favorablemente: las “autoridades” ya tenían un interlocutor que se había fortalecido.

El movimiento estudiantil tuvo un aliado cuya participación fue indispensable. Un pequeño grupo de consejeros (es decir, miembros del CSU), tres estudiantes y tres profesores (tres hombres y tres mujeres para más señas)1 al enterarse el martes 16 de que una pretendida comisión electoral de la “comisión transitoria de la AEU” pretendía boicotear las elecciones estudiantiles legítimas organizando una votación paralela y argumentando que el padrón electoral les había sido entregado (como si esto justificara cualquier elección), actuaron rápidamente y solicitaron al Rector en funciones, Dr. Rubén Velásquez, la realización de una sesión extraordinaria del Consejo para tratar esta seria problemática. Hubo que sortear una serie de obstáculos y el miércoles 16 en una reunión entre el Rector, nuestros seis consejeros y estudiantes del Consejo Electoral Estudiantil Universitario y otras organizaciones, se decidió que la sesión extraordinaria se realizaría el día siguiente (jueves 17).

Lo que ocurrió en dicha sesión extraordinaria del Consejo Superior Universitario, las actuaciones y actitudes observadas, los argumentos válidos o las falacias presentadas, los nombres de los actores, es algo que la población universitaria debería conocer (sabrían así cómo actúan sus “representantes”) y es largo de narrar. Me limitaré a decir que quienes se han opuesto a la democratización de la AEU usaron todos sus recursos para entorpecer o evitar que las ansiadas elecciones se lleven a cabo, y no lo lograron. La atinada intervención de los consejeros antedichos y de otros más fue vital y, con la decidida, intensa, atinada e imprescindible presencia estudiantil que incansablemente hizo sentir su presión en las afueras del salón de sesiones del CSU se logró, finalmente, que de manera oficial se reconozcan las elecciones por las que tanto han luchado los estudiantes.

Se ha dado un paso pero todavía falta por recorrer y deben superarse diversos obstáculos: las elecciones deben completarse, se le debe dar posesión a la planilla ganadora y, una vez a cargo de la AEU, debe contar con apoyo de la universidad y realizar libremente su labor. Esperemos que se llegue a puerto seguro. Lo que me interesaba decir es que a pesar de las grandes dificultades y limitaciones que se deben enfrentar, a pesar de la indiferencia generalizada, de la creciente burocratización, es posible empezar a caminar por el camino que nos lleve a recuperar nuestra Universidad Nacional, la Universidad de San Carlos de Guatemala. Los estudiantes nos están mostrando que sí se puede. Por ello, el movimiento estudiantil consciente, crítico y honrado es indispensable en la Usac.

(1) Los estudiantes Andrea Marroquín Tintí, Julio Eufragio, Alejandro Estrada Cabrera y los profesores Inga. Myrna Herrera, Dra. Karin Herrera y el Dr. Alejandro Saquimux.

 

* Miembro del Consejo Superior Universitario Representante de los profesores de la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacia

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ositores y del público hacen que no se pierda el hilo del discurso. Volvemos a poner atención, parece que ahora sí se podrá seguir cuando –oh, no– otra fila hace su desenfadado egreso. Al final, queda la mitad de los asistentes, y la conferencia logra terminar.

Un colega que estaba sentado a la par mía me dice que seguramente los estudiantes tenían clase a la hora en que se desarrollaba la conferencia y que por eso habrán tenido que retirarse. Tenían excusa, entonces, para no escuchar toda la disertación, pero es aquí donde surgen algunas preguntas: ¿no podían haberse suspendido las clases para que se pudiera asistir tranquilamente a participar de la actividad académica?, ¿tan imprescindible es para el desarrollo de un curso una hora en el aula? En caso de que dicha suspensión fuera imposible por la realización de algún examen o algo así, ¿no habría sido preferible no asistir a oír sólo parte de lo que los expositores tenían que decir, y evitar así las interrupciones? Además, el inapropiado ambiente que se genera con estas desatenciones hace que la conferencia desmerezca y no habla bien del espíritu académico de una institución de educación superior.

En las universidades del país se habla de didáctica, de planes de estudio, de currículums, de la tan publicitada educación por competencias, de los requerimientos del mercado laboral… vienen “expertos” extranjeros, se escucha a elevados pedagogos con su jerga de especialistas que se han olvidado de la práctica diaria y dicen a los profesores que lo que antes funcionaba ahora ya no, pero casi nunca se discute lo primordial, la política o la filosofía educativas. Éstas son las que nos marcan el rumbo, las que tomando en cuenta nuestra realidad histórica, nuestra diversidad, nuestra condición política y económica, el tipo de nación que queremos construir, nos van a permitir elegir los métodos y las tácticas educativas que nos permitan alcanzar los objetivos que nos propongamos en la educación superior. (Y esto, por supuesto, de cara a las funciones científicas y de proyección social de la universidad.)

Así, pues, se explica que en las universidades no se tenga claro lo esencial y entonces no se sepa justipreciar el conocimiento, la experiencia, la discusión y el intercambio de ideas en estimulantes coloquios, y se crea que lo importante es cumplir el programa de los cursos del plan de estudios, dejar un registro, una auditoría de todo lo actuado, y no suspender clases para escuchar una buena conferencia.