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A propósito del “Cuestionable plan de seguridad en la Usac”
Por César Antonio Estrada Mendizábal. - Guatemala, 14 de abril de 2019

Este sábado 13 salió publicado en El periódico el artículo “Cuestionable plan de seguridad en la Usac” de Jorge Mario Rodríguez, cuyo contenido da pie a algunas reflexiones sobre preocupantes hechos recientes que son síntomas de la aflictiva situación de la Universidad de San Carlos. Entre estos sucesos tenemos el riesgo financiero en que se ha colocado al Plan de prestaciones de los trabajadores universitarios debido a que la institución le adeuda 287 millones de quetzales por no haber dado su aporte durante un año y por el planteamiento de una acción de inconstitucionalidad que presentó un sindicato universitario que aumentaría el monto de las jubilaciones; el asesinato perpetrado por un guardia, en la ciudad universitaria, de un exdirigente de los grupos que detentaron durante lustros el control de la AEU; el contubernio institucional con las bandas de huelgueros encapuchados que siguieron cometiendo sus fechorías, y el cuestionable plan de seguridad propuesto por las autoridades sin tomar en cuenta el sentir de profesores y estudiantes.

Al final de su artículo, el autor afirma que “por su naturaleza, este (el plan de seguridad) sólo puede decidirse en un ejercicio deliberativo e informado por parte de la comunidad universitaria”, con lo cual no puede sino estarse de acuerdo pero… el gran problema es que precisamente una de las grandes carencias en la universidad es el informarse, reflexionar, tomar una postura y discutirla con los colegas o estudiantes para alcanzar acuerdos que permitan conducir más racional y apropiadamente el rumbo y el quehacer del Alma máter. Es necesario que el grueso del estudiantado y del cuerpo de profesores deje su indiferencia y que se interesen no sólo en sus actividades particulares sino en la universidad como un organismo, como una unidad, una casa de estudios superiores que se debe a su país, a su población mayoritaria. Aunque se requerirá esfuerzo y, además, superar el lastre de viejas costumbres, la práctica del estudio, de la investigación y el conocimiento de nuestra realidad, del diálogo inteligente, debería permitirnos esta comunicación propia del auténtico espíritu universitario.

Ahora bien, ¿cómo pueden los profesores y estudiantes que no son parte del aparato administrativo hacer que sus ideas y planteamientos sean los que marquen el rumbo de la Usac? Es cosa bien sabida que el gobierno y la burocracia sancarlistas –algo análogo ocurre en la gestión de otras instituciones– son simplemente refractarios a las necesidades y aspiraciones de quienes hacen la vida universitaria, es decir, actúan desligadamente de sus bases, y es aquí, justamente, donde la democracia representativa, que según las leyes y reglamentos de la Universidad es la base de su conducción, debe dejar de estar sólo en los papeles y ser mera formalidad para empezar realmente a ejercerse y hacerse efectiva.

La dirección y la administración de la Usac están a cargo del Consejo Superior Universitario, integrado por el decano, los representantes estudiantiles, docentes y de los colegios profesionales de cada una de las diez facultades (anacrónica y antidemocráticamente, se dejan sin representación los centros regionales y las escuelas no facultativas), y el gran vicio de este sistema es que, en la práctica, estos representantes no representan a ninguno, no se comunican con aquellos a quienes deberían representar –a pesar de que fueron ellos los que los eligieron– ni éstos buscan esa comunicación. En general, en el Consejo y en los órganos directivos de las distintas unidades académicas, las decisiones se alcanzan aisladamente, autocráticamente, sin tomar en cuenta la experiencia y todo el bagaje intelectual, científico, político, cultural y pedagógico de los universitarios conscientes y preparados que podrían dar su aporte. Una prueba palpable de ello son las audiencias que los profesores, estudiantes o trabajadores deben solicitar a los poco accesibles órganos directivos para hacerse escuchar, y el establecimiento de retardatarias “mesas de trabajo” o de “comisiones” para tratar ciertas problemáticas como si estas no pudieran ser consideradas directamente por los interesados y sus representantes.

Ante esta desalentadora situación, una forma sencilla e inmediata de aproximarnos a la democracia participativa en la Universidad y de hacer que el sistema de representaciones empiece a ser funcional es que los profesores y los estudiantes, en sus respectivos ámbitos, se comuniquen con sus representantes –estudiantiles, docentes, de los colegios profesionales y los decanos¬–, que concierten con ellos reuniones periódicas donde fluya la información de ambas partes, se discutan los temas de interés común y se acuerden las mociones que han de presentarse y promoverse en los órganos directivos. Sólo así el Consejo Superior Universitario y demás órganos del gobierno universitario dejarán su aislamiento de privilegiado cenáculo, empezarán a ampliar su mirada y sus criterios, y a responder realmente a las necesidades, a las aspiraciones y a la naturaleza de la universidad.

Mucho tiempo ha pasado ya desde que es patente la urgencia de renovar la estructura organizacional y los principios político-académicos de la Universidad de San Carlos de manera que se ponga a tono con la realidad nacional y responda eficazmente a lo que el pueblo de Guatemala espera y necesita de ella. En este sentido, se requerirá la libre y diligente participación de los mejores universitarios, y no tanto una “reforma universitaria” oficial, controlada desde arriba, poco ágil y conservadora como la que ya lleva casi nueve años de estarse “planificando” entre el desconocimiento y la abulia de la población sancarlista. Mientras tanto, comencemos ya a hacer escuchar nuestra voz y a poner en acción nuestras capacidades en la conducción de la Usac mediante el ejercicio de la democracia participativa –que es la que se necesita– exigiendo a nuestros diversos representantes, que nosotros mismos hemos elegido, que realmente nos representen en los órganos de dirección. Creo que por aquí se empezará a abrir el camino hacia la recuperación de la Universidad Nacional.

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