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Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 15 - 2019

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La sociedad de los formalismos
Por César Antonio Estrada Mendizábal. - Guatemala, 9 de septiembre de 2019

Vivimos en un país semicolonial y dependiente –una especie de finca cafetalera del siglo XIX de Barrios– donde una oligarquía atrasada, torpe y voraz desde tiempos inmemoriales campea a sus anchas con la ayuda de toda una caterva de oportunistas abogados, militares, politiqueros y rígidos funcionarios de toda laya. Sociedad conservadora a más no poder, ha hecho suyos los antivalores de la clase dominante y tiene en los formalismos y en la burocracia necia y altanera un poderoso medio para oponerse a los cambios y mantener el estado de cosas. Aquí la meritocracia (en que los puestos se adjudican en función de los méritos personales) sale sobrando.

Lo anterior vino a mi mente al ver la noticia de la absurda y malintencionada decisión de los miembros de la Comisión postuladora que dejaron fuera del proceso de elección de magistrados de la Corte Suprema de Justicia a dos prestigiosos jueces probos y competentes, Miguel Ángel Gálvez y Éricka Aifán, por razones tan sin sentido y baladíes como que la fotocopia del DPI del primero está en una hoja y la legalización del documento en otra (Soy 502, 31 de agosto de 2019) –como si la verificación de un DPI fuera cosa del otro mundo– y, en el caso de la segunda, por omitir la palabra “sindical” en un acta, al respecto de lo cual ella expresó que “la omisión de la referida palabra no afecta el cumplimiento de los requisitos legales y los exigidos en la convocatoria del proceso de selección para optar al cargo de Magistrado de Corte Suprema de Justicia y carece de objetividad y proporcionalidad al excluir una jueza de carrera judicial” (El periódico, 7 de septiembre de 2019).

¿Será posible que esto siga ocurriendo después de toda la labor de la Cicig para tratar de sanear el sistema de justicia y de la lucha ciudadana contra la corrupción? Hechos como este son una prueba más de que el pacto de corruptos se salió con la suya. Bueno, después de todo, Guatemala es el país de la eterna, y cosas como esta pasan en todas las esferas de la sociedad, como en nuestro mundillo académico donde en concursos de oposición para contratar profesores universitarios en la Universidad Pública se han descartado candidatos sólo porque la página inicial del expediente de la solicitud no cumple el orden o alguna de las nimias formalidades establecidas. ¿Cuándo empezaremos a salir de toda esta maraña de legalismos y absurdos formalistas tan contrarios al avance hacia una vida en democracia real donde prive el bien común?

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