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Ante la presente crisis se necesita un movimiento universitario
Por César Antonio Estrada Mendizábal. - Guatemala, 4 de diciembre de 2020

Nuevamente Guatemala está en crisis. La grave e inveterada problemática que se evidenció en 2015 con todas las manifestaciones en calles, parques y plazas del país no se ha resuelto, y el nefasto gobierno de Giammattei con sus aliados en el Congreso, el Organismo Judicial y el Ministerio Público, con su desastrosa actuación ante la pandemia del covid y los davastadores huracanes, con su corrupción y desprecio por la población más necesitada y, en general, por la ciudadanía, ha evidenciado otra vez la urgencia de cambios profundos en el excluyente y discriminador Estado guatemalteco que fue constituido por unos pocos -los grandes propietarios, la oligarquía- para exclusivo beneficio de ellos mismos.

Una reconocida socióloga dijo que Guatemala es el país de las oportunidades perdidas. ¿Hasta cuándo…? En 1954, en el golpe contra el gobierno de Árbenz orquestado por Estados Unidos y el conservadurismo local, empezó este trágico viacrucis de muerte y descomposición social. Se firmó “la paz” en 1996, en 2015 se sacó a la pareja presidencial, se eligió luego a un estrafalario cómico como presidente y todo ha seguido igual o peor. Pues bien, la terca realidad, la coyuntura actual, nos presenta ahora otra oportunidad: podemos empezar a recorrer el camino que nos lleve al país justo, equitativo y libre que siempre hemos deseado. Para ello los diversos grupos sociales deben basarse en sus coincidencias, dejar al menos por el momento sus diferencias -que ya después podrán ser zanjadas- y unir fuerzas para cambiar el statu quo; y es aquí, precisamente, donde se necesita la presencia y la acción de los universitarios guatemaltecos que conozcan nuestra realidad nacional y tengan la idoneidad, la honradez y la disposición necesarias para estar a la altura de las circunstancias.

Los estudiantes de las universidades nacionales se movilizaron en 2015 y dieron impulso y un flujo de viento esperanzador a los afanes de cambio. Sin duda, la presencia de los jóvenes es indispensable si no, veamos a la generación de 1920 que botó a Estrada Cabrera, y a los jóvenes revolucionarios de 1944 y a los de las décadas de 1960 y 1970 que llegaron incluso hasta a tomar las armas por defender e impulsar sus afanes e ideales por un país más humano.

Hoy, noviembre y diciembre de 2020, los jóvenes se vuelven a mover, se comunican, se organizan, tienen conocimiento y conciencia, y están dispuestos a lograr un país donde todos puedan vivir humanamente, dignamente. La alternativa es resignarse a una vida opaca, mezquina, a que Guatemala siga siendo el país de la eterna no primavera sino injusticia y discriminación, o emigrar. El pueblo espera la participación de los estudiantes de la Universidad de San Carlos (nacional, pública y -ojalá- autónoma) y de las distintas Universidades Privadas para aportar su vitalidad, su entusiasmo, su ciencia y su conciencia con el fin de no sólo sacar a la corrompida casta política que nos gobierna sino lograr transformaciones de fondo en el Estado o su cambio por otro que nos incluya a todos: pueblos indígenas, campesinado, trabajadores, capas medias, mujeres, la niñez, personas de la diversidad sexual.

Este movimiento universitario nacional que los jóvenes estudiantes están iniciando necesita del concurso de las generaciones anteriores, adultos y no tan jóvenes, de los profesores e investigadores que con su conocimiento científico de nuestra realidad natural, social e histórica, su experiencia de años, su honradez y su conciencia social puedan coadyuvar a planificar la estrategia deseada, las tácticas que conduzcan a ella y -¿por qué no?- que estén dispuestos a actuar en los ámbitos donde su preparación académica y su solvencia moral y política los haga eficaces… después de todo, los profesores fueron ayer estudiantes, y esta comunicación intergeneracional es muy prometedora. Muy importantes serán la franqueza, la modestia, el anteponer los intereses colectivos a los individuales y la disposición a escuchar y al diálogo.

Es de congratularse por estas inquietudes de los jóvenes universitarios, y de brindarles nuestro apoyo. El indispensable y apremiante cambio del país los convoca y, más adelante, más temprano que tarde, podrán enfrentar también la tarea de transformar sus universidades, la educación superior, algo de lo que la Usac está más que urgida.

 

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