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Próximas elecciones de rector de la Usac, ¿como siempre?
Por César Antonio Estrada Mendizábal. - Guatemala, 5 de abril de 2021


Sí, es cierto, Guatemala es el país de la eterna… lo que sea, primavera, dictadura, indiferencia pero también esperanza, lucha, tenacidad, afanes de superación. Y es que dentro de un año un grupo privilegiado de sancarlistas -porque no todos tienen ese derecho- estará eligiendo un nuevo rector de la Universidad de San Carlos de Guatemala si es que el actual logra solventar su situación en los tribunales de justicia, pues está detenido por serias acusaciones de la Fiscalía Especial contra la Impunidad, Feci, en el caso Comisiones Paralelas 2020, y si logra volver a su cargo para terminar su período. Si, por el contrario, renuncia o es destituido, según la Ley Orgánica de la Universidad, su Consejo Superior Universitario deberá convocar al Cuerpo Electoral Universitario para elegir Rector dentro de los treinta días siguientes a que el puesto quede vacante, y -esto es muy significativo y determinante- dicho cuerpo es el mismo que apoyó y eligió al ingeniero Murphy Paiz hace tres años. Lo que expreso a continuación es bajo el supuesto de que el referido período rectoral sea completado, es decir, que nuevamente se deba elegir al Cuerpo Electoral. De hecho, la campaña ya empezó, y los candidatos y sus seguidores les apuestan a elecciones realizadas como siempre se ha acostumbrado, en un sistema político aparentemente democrático que conocen muy bien y en el que saben cómo mover sus siniestros hilos y palancas que distribuyen favores a cambio de adhesiones en las redes del clientelismo.

Para empezar, digamos que la idoneidad académica, moral y política, indispensable para ser dirigente universitario consecuente, no se obtiene ni se otorga por mayoría de votos, por demagogia y populismo académico, sino por toda una trayectoria limpia y valiosa en la vida docente, científica y humanística orientada con conciencia social. No obstante, mientras no nos decidamos a establecer una forma mejor y más certera de escoger a quienes dirijan la nave universitaria, es de pugnar por que los procedimientos electorales vigentes y el buen juicio -lamentablemente tan escaso- de quienes votan o eligen permitan que efectivamente lleguen a los puestos de dirección los más capacitados para tan importante labor, como no fue raro que ocurriera antes de la llegada de Eduardo Meyer en 1982 que inició la cadena de cuestionables rectorados que llega hasta hoy y cuyo último eslabón está a punto de romperse.

Un punto de partida, una base en la que podemos coincidir es que la Universidad de San Carlos no puede seguir el rumbo de descomposición académica, política y moral que la ha llevado a la crisis actual so pena de perderse definitivamente. Es indispensable iniciar la senda de la recuperación que nos lleve a la universidad que necesitamos y queremos en Guatemala, y dicho camino se hará más largo y cuesta arriba, prácticamente se cerrará, si a la dirección del Alma máter siguen llegando impreparados funcionarios burocratizantes -que no académicos- como los que ya tenemos la desdicha de conocer y sufrir, y que tanta ventaja sacan de los caducos e impropios procedimientos electorales de la Carolina para mantenerse en sus apetecidas y provechosas posiciones de poder, indiferentes y hasta contrarios a la esencia y a los fines auténticos de la universidad.

El próximo Rector de la Universidad de San Carlos no puede ser electo en un sistema excluyente y no académico en que, según datos de la Coordinadora General de Planificación de la Usac de 2018, en todas sus unidades académicas, la Universidad tiene 8,359 profesores, de los cuales 3,113 son titulares, 4,011, interinos, y 1,415 están contratados en otros rubros. De los titulares, sólo 1,835 trabajan en las Facultades y son los únicos que pueden votar según las leyes actuales. Es decir, sólo 22% del profesorado o, en otras palabras, de cada cinco profesores, sólo uno puede ejercer el voto para elegir rector. De los 215,023 estudiantes sólo pueden votar los 121,971 de Facultades y no los 67,569 de Centros Regionales ni los 25,250 de las Escuelas, o sea, no vota 43% de los alumnos. Aquí también es patente la desigualdad electoral: no votan cuatro de cada diez estudiantes.

Si ahora prestamos atención a la sectorización en que se ha dividido a los votantes, vemos que ya hay más colegios de profesionales (catorce) que facultades (diez) por lo que dichos grupos gremiales, desconectados de la vida universitaria y con intereses particulares, tienen más peso electoral que los mismos profesores y estudiantes tomados separadamente, con lo cual llegamos al contrasentido de que quienes realmente hacen la universidad, el estudiantado y el claustro, tienen menos voz y peso en la dirección de su casa de estudios, en tanto que los más ajenos, los susodichos colegios, ejercen una desproporcionada influencia. (De llevarse a cabo una reforma universitaria, deberá modificarse el Reglamento de elecciones de modo que se reduzca drásticamente el inapropiado y excesivo peso que actualmente tienen los colegios profesionales en la elección de autoridades de la Usac.)

Más elementos podríamos agregar a este oscuro cuadro, por ejemplo, que las votaciones deberían ser directas y no por medio de la elección de innecesarios cuerpos electorales organizados y comprometidos por los aspirantes a rector, que luego se reúnen para designar a su ungido en una votación final meramente formal pues su resultado se conoce de antemano al saberse de qué candidato son dichos cuerpos. (Lógicamente, la cantidad de estudiantes, 215,023 es mucho mayor que la de profesores, 8359, por lo que en el escrutinio final deberá establecerse un peso o factor numérico que tome en cuenta la correspondiente importancia del estudiantado y del claustro en la actividad universitaria.) Lo cierto es que la sobrada experiencia de tantos años y la grave y penosa situación actual a la que se ha llegado, demuestran que no se puede elegir al próximo rector del mismo modo y con las lacras que han padecido estos procesos y la mayoría de sus actores. Será cuestión de que los universitarios se decidan a comunicarse, se reúnan, se informen, piensen, reflexionen, deliberen y alcancen los acuerdos mínimos que nos lleven a cambiar el reglamento electoral y a encontrar la manera de que a los puestos de dirección de la Universidad de San Carlos lleguen académicos auténticos, idóneos, probos y conocedores de nuestra realidad nacional, paso necesario aunque no suficiente -pues es indispensable la acción concreta personal de las bases docentes y estudiantiles- para empezar los cambios reales que urgen al Alma máter de cara a Guatemala.

 

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