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Demagogos anónimos
Por César A. García E - Guatemala, 18 de marzo de 2005

Una colección innumerable de políticos que han dejado amarga huella.

En un local relativamente estrecho, un grupo de asistentes espera un tanto inquieto al invitado de honor, todos están ya en sus lugares charlando entre sí; en la parte frontal del recinto se ubica un modesto pódium con un rótulo en el que se lee D.A. Finalmente se abre la puerta y entra campante, un hombre maduro de apariencia bonachona, quien se sorprende de la cantidad de caras conocidas, que a una, voltean a verlo. Entre los asistentes nota la presencia de Vinicio Cerezo, Efraín Ríos Montt, Alfonso Portillo, Jorge Serrano, Alfonso Cabrera, Jorge Méndez, Arístides Crespo, Álvaro Colom, Leonel López y una colección innumerable de políticos que han dejado amarga huella en el corazón de los guatemaltecos; decidido, luego de saludar por doquier, se para detrás del pódium, toma el micrófono e inicia su alocución:

“Mi nombre es Óscar Berger… y soy demagogo; no estoy aquí, muchá, para dejar de serlo… nuestro movimiento a diferencia del de los Alcohólicos Anónimos, no busca dejar un destructivo hábito, sino al contrario, pretende perfeccionar el arte de la verborrea, en beneficio de nuestras familias y las de nuestros preciados patrocinadores…” las palabras del disertante son interrumpidas por un sonoro aplauso, gritos de emoción, chiflidos y vivas… “déjenme terminar, muchá, gracias por las expresiones de cariño y admiración, son muy loables y para mí valiosísimas, sobre todo porque no me considero amigo de todos ustedes, aunque debo confesar que también admiré su trabajo, el cual debí criticar en la campaña política, porque de otra manera se habría visto muy mal. Debo confesarles que cuando fui beisbolero y luego alcalde, nunca creí en la demagogia, la muni la logré manejar con relativa facilidad, ello principalmente, porque no había que machucar callos de tanta gente importante, para ir arreglando las cosas, como sí ocurre en el despacho presidencial.”

“Mi querido Alfonso -qué bueno que viniste- me imagino que tu estancia en México es agradable sobre todo porque por allá viviste tantos años… por favor no tomes en serio lo de tu extradición… como dice la canción del Venado: 'son rumores, son rumores', ¿verdad Serranito?; estate tranquilo, hoy más que nunca te comprendo mi hermano ¡qué difícil es manejar este país! Como verás, mi estrategia demagógica ha sido distinta, vos te fuiste por el populismo y se te fue la mano con lo que se llevó tu equipo… no te imaginas cuánto te lo agradezco, tus desmanes me dieron un fácil triunfo y Colom no tenía oportunidad, sobre todo porque se le ocurrió esgrimir la misma bandera del populismo que vos dejaste tirada, además tus abusos y robos me han permitido durante más de un año, estarte echando la culpa del caos nacional y la falta de dirección de mi gobierno, pues el tuyo, dejó muy mal las cosas; toda esa estrategia, la hemos discutido con Efraín, y claro está, siempre tiene nuestro querido General, su cuota de poder.”

“Para finalizar, comparto mi concepto de demagogia: 'Es decir lo que la gente quiere escuchar y hacer lo que dicen los United y algunos patrocinadores de campaña' ¡gracias, muchá!”

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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