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En el país de los borregos
Por Carlos Asturias P. - Guatemala, 21 de julio de 2004

El razonamiento debiese ser la diferencia entre el hombre y el animal, pero cuando esto no sucede, el hombre se convierte en el más animal de los animales.

Fue impactante escuchar en ESTE O ESTE, programa televisivo de entrevistas semanales para tratar asuntos de interés nacional, acorde a los lineamientos del propietario del programa; cuando en la entrevista última se conversaba con la Sra. Valle y el general Pérez Molina; este último en una serie de variadas incongruencias y refiriéndose a porque fue necesario el pago tan alto a la indemnización a miembros del Ejército, que hubo que retirar, para lograr una necesaria reducción en un cuerpo integrado por privilegiados que se apropian de un recuso económico; que parece no merecieran.

Su personal criterio y, como el creer haber descubierto que el mundo gira se basó, peyorativamente en un término comparativo que del entrevistador hiciera, diciéndole; usted como periodista se le puede cancelar su relación laboral, que podrá buscar otro medio de comunicación en donde continúe aplicando sus conocimientos, mientras que un miembro de las fuerzas armadas al que se le cancela su relación; a la que no podríamos llamar laboral; no puede buscar otro Ejército para inscribirse y practicar lo que debió aprender. Esto no puede ser más alejado de la verdad , pues el Ejército está conformado por soldados que vienen de la vida civil, a prestar un aparente servicio a la patria y no a grupos de poder solapado, determinados; y si de especialistas se trata pues con mayor razón pues especialista se define como poseedor de habilidades en algún campo específico de trabajos que no necesariamente son manejo de armas, que está muy lejos de lo que se trató de aparentar, habiendo quedado en el aire la interrogante ¿Qué aprendió? Ahora si el fin era tener servicio permanente para fines particulares otra cosa es.

No podremos aducir Defensa de la soberanía pues jamás se ha hecho, aprendió en caso extremo y como uno de los compromisos que el Ejército adquiere a desarrollar actividades productivas, que se supone le servirían para que al abandonar el servicio que era obligatorio, saliese apto para desenvolverse con total normalidad en el medio del cual salió, incluyendo el saber leer y escribir, o se le estaba preparado sólo para matar, y peor aún, desarmados y ficticios enemigos.

En qué guerra como tal, nos hemos visto envueltos, si aquí lo que se ha visto es la ocupación de posiciones para lograr enriquecimientos abusivos a costa de partidas de borregos, que ni cuenta se dan de que del mismo cuero salen las correas, o el hecho de haber entrado y recibido un salario más que decoroso haya servido para adquirir mansiones, acciones bancarias, fincas etc. etc.
Pareciera que lo que más ha servido es haber pasado por las direcciones de inteligencia, para poder obtener la necesaria información de provecho máximo al tener la menor oportunidad, llenando así las alforjas propias, hasta el borde.

En este país de BORREGOS cualquiera cree que puede permitirse manipuleos personales para fines determinados y así mientras existan serviles incondicionales, nada se podrá resolver; respecto a su oficiosa defensa del pago de los ex PAC, no podría haber mejor exponente, pues su paso por las oficinas de espionaje y seguridad le permitió visualizar la aparente creación de cuerpos forcivoluntarios, que ahora nuestros ya agobiantes impuestos deberán cancelar; que no me lo digan cómo fue pues a mí sí me tocó vivirlo y verlo en lugares en donde por mi trabajo de constructor de infraestructura tuve qué ver y en donde nadie se acordó de pagarme indemnización o jubilación alguna.

Tomado de Diario La Hora - www.lahora.com.gt


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