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No al TLC con EE.UU.
Por Carlos Barreda - Guatemala, 3 de octubre de 2004

El TLC aumentará la pobreza en el campo y la migración hacia el norte.

La negociación del TLC con Estados Unidos fue un fracaso. Enfrentó la inexperiencia, improvisación y los constantes cambios de liderazgo en el equipo negociador y de estrategia.

Se dio en un ambiente de divorcio entre sector privado y Gobierno, que limitó el debate y la transparencia. La negociación del TLC se realizó, sin estudios de impacto y agenda prioritaria; y con una escasa o nula participación de la sociedad civil, afectando su legitimidad.

Al no reconocer las asimetrías entre las economías y no discutir los subsidios a la producción, se aceptó una asimetría al revés, a favor de un tratamiento privilegiado al país más poderoso (EE.UU.).

Guatemala tiene una economía pequeña y abierta, inserta en una economía mundial dominada por el capital financiero y las empresas transnacionales que cuentan con el respaldo de sus Estados y que tiene abundantes recursos (materiales, administrativos, tecnológicos y financieros).

En ese “libre mercado” Guatemala sólo cuenta con un aparato productivo atrasado, ineficiente y con una enorme “ventaja comparativa” que eufemísticamente le llaman mano de obra competitiva. Es decir, desempleo, pobreza y por ende bajos salarios.

Guatemala desarrolló una posición de apertura total a los productos de EE.UU. que se tradujo en un 80% de partidas libres de aranceles para bienes agrícolas e industriales.

Lo anterior sumado al mantenimiento de los subsidios a la producción por EE.UU. (US $ 180 mil millones para el periodo 2002 –2007) y el aumento de las ayudas directas a la agricultura a partir de la aprobación de la “Farm Bill”en mayo de 2002, provocarán la desaparición de nuestra producción nacional y de un elemento fundamental de la estructura social, el productor agropecuario y el campesino, que sustentan la producción para el mercado interno.

Los granos básicos son los más afectados, el maíz y el arroz tiene contingentes altos de cero arancel desde el primer año.

Las pérdidas se estiman entre el 10% y 30% de los jornales agrícolas, unos 41,000 a 125,000 empleos, que alcanzan una pérdida de entre Q366 mil y más de mil millones de quetzales. Los departamentos más afectados serán los de mayor pobreza y población indígena.

El TLC reduce la capacidad del Estado de impulsar políticas para el desarrollo económico y social de los pueblos, al no exigir requisitos de desempeño a la inversión extranjera y permitir a las empresas demandar al Estado; liberaliza todos los servicios públicos, afectando el acceso a los pobres; introduce la protección de los datos de prueba respecto a los medicamentos de marca, que restringe el derecho a la salud e impacta en el uso de medicamentos genéricos; y permite que las empresas transnacionales se adueñen de la biodiversidad, patentando las semillas.

El TLC aumentará la pobreza en el campo y la migración hacia el norte.

La única oportunidad es fortalecer al Estado y desarrollar redes de protección social:

universalizar la seguridad social, reforma agraria y fiscal, reforma educativa y desarrollo de un programa de inversiones en el campo.

Guatemala no debe ratificar el TLC y debe condicionar la inversión extranjera.

Tomado www.prensalibre.com


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