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Sin agua no hay vida
Por Carolina de Peralta (*) - Guatemala, 29 de marzo de 2007

Como país nos estamos quedando a la zaga.

El día Mundial del Agua no debería ser celebrado sólo una vez al año, sino todos los días, porque sin agua no hay vida. Mucho se ha escrito y se sigue haciendo sobre la crisis que se avecina por el mal uso y la poca regulación que hay sobre el recurso hídrico, sin embargo, no se toca el tema toral: urge la emisión de la “Ley General de Aguas de la República de Guatemala”; sin este instrumento cualquier estudio, cualquier llamado de atención sobre la problemática del agua, se pierde en el espacio.

Vemos que actualmente la normativa es casuística relativa a situaciones específicas o de corto plazo, o lo que es peor, favoreciendo ciertos intereses, mientras que la ley es un instrumento jurídico que contiene la concentración de normas, con la terminología adecuada formando un todo armónico y coherente.

Las modernas legislaciones regulan el agua en sus diversas formas que se nos presenta en el ciclo hidrológico, así como su interrelación con los demás recursos naturales. Urge regular no sólo lo relativo al uso doméstico o agroindustrial, sino especialmente las aguas subterráneas evitando el abuso que se hace de esta explotación del recurso hídrico y que a la larga lleva al agotamiento de los acuíferos. La contaminación es otro renglón que debe tratarse frontalmente.

El año recién pasado se celebró la Semana Mundial del Agua, donde se puso de manifiesto que la riqueza económica no se traduce en abundancia del agua. El agua tiene que ser utilizada de modo más eficiente en todo el mundo y, cómo lograremos esto, únicamente por medio de normas obligatorias que se traducen en una ley.

Desde 1984 he librado una lucha constante a fin de lograr la regulación efectiva de los recursos hídricos, véase para el efecto, entre muchas publicaciones, los editoriales de Prensa Libre del 23 y 24 de noviembre y del 30 de marzo de 1992. Véase también cómo con la ayuda de constituyentes logré la inserción del artículo 127 en la Constitución Política, en el cual quedó claramente establecido que debería emitirse una Ley de Agua.

El primer proyecto formal en este sentido fue presentado al Congreso en ese tiempo, del cual tuve el honor de ser la coordinadora. Posteriormente se han presentado varios proyectos más, en los cuales se me ha llamado para conocerlos y opinar sobre los mismos, pero siempre se quedaron engavetados.

Como país nos estamos quedando a la zaga, pues ya desde la Conferencia Mundial del Agua -en Mar del Plata, Argentina- en 1977, se acordó que todos los países se comprometían a regular el agua por medio de una ley específica, y así lo han ido haciendo.

Actualmente hay en el Congreso varios proyectos, pero no se ha entrado de lleno a su aprobación, pues el tema se ha politizado, de ahí la reacción de algunos pobladores que se opusieron a la emisión de una ley. Debe hacerse un estudio serio de uno, o de los que hayan sido presentados.

Yo solicitaría a los diputados conformar una comisión con profesionales que conozcan la materia a cabalidad, para hacer de la ley un instrumento jurídico que realmente pueda llamarse una “Ley General de Aguas de la República de Guatemala” y que luego se le haga saber a la población la responsabilidad que conlleva utilizar el recurso más valioso para el ser humano, que, como dijo el Secretario General de Naciones Unidas, que “el agua es un recurso finito, vulnerable, esencial para el sostenimiento de la vida y para el desarrollo del medio ambiente”.

Se ha dicho que las próximas guerras van a ser por el agua.

(*) Especialista en legislación y derecho de aguas

Fuente: www.prensalibre.com - 280307


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