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Elegirán presidente en "el país de la eterna primavera"
Por Carmen Esquivel - Guatemala, 1 de noviembre de 2007

Cuna de la civilización maya, tierra de hermosos parajes, vasta cultura y también de enormes contrastes sociales, Guatemala elegirá este 4 de noviembre su séptimo presidente desde el retorno a la institucionalidad, en 1985.

El país, de 13,2 millones de habitantes y una superficie de 108 mil 890 kilómetros cuadrados, se asienta en el norte de América Central sobre dos cadenas montañosas, la Sierra Madre y la de los Cuchumatanes, y está bañado por los océanos Atlántico y Pacífico.

Se trata del territorio con la mayor concentración volcánica de la región, con un total de 37 colosos, entre los que se destacan el Tajumulco, con cuatro mil 220 metros sobre el nivel del mar, y los de Fuego, Santiaguito y Pacaya, en perenne actividad eruptiva.

Su impresionante geografía y belleza natural, y su clima templado y estable causaron una honda impresión en el científico alemán Alejandro Von Humbold, quien bautizó a esta tierra como "el país de la eterna primavera".

Guatemala tiene una enorme riqueza cultural por la presencia de 23 etnias con igual número de idiomas, concentradas en cuatro grandes grupos: mayas, ladinos, xincas y garífunas.

La conexión con el mundo antiguo aún se puede apreciar en imponentes ciudades precolombinas, como Tikal, Zaculeu e Iximché, y en las tradiciones mantenidas por cada pueblo.

Tanta belleza geográfica y diversidad cultural y multiétnica cobijan, sin embargo, a una de las sociedades más desiguales del planeta, donde conviven en estrecha cercanía la mayor opulencia con la miseria más absoluta.

Paradójicamente, son los dueños originarios de este territorio quienes sufren la mayor exclusión debido a siglos de explotación impuestos por un régimen colonial perpetuado a través de los años de vida republicana del país.

El resultado de este sistema es que 63 mil guatemaltecos, menos del 0,5 por ciento de la población, concentran el 19 por ciento del ingreso nacional y tienen un enorme poder de decisión en todas las esferas de la vida, incluso la electoral.

En términos más prácticos esto se traduce en siete millones de personas en la pobreza, de las cuales un millón y medio en extrema pobreza, sobre todo miembros de las comunidades autóctonas (75 de cada 100, según datos oficiales).

Los indígenas fueron también los más afectados por el conflicto armado interno de 36 años (1960-1996) que dejó un saldo de más de 200 mil muertos y desaparecidos, 440 aldeas arrasadas y más de un millón de desplazados y refugiados.

Pese a que en 1985 el país retornó a la institucionalidad, después de décadas de dictaduras, y en 1996 se firmaron los acuerdos de paz, no se han cumplido muchos de los compromisos para una transformación económica, social, cultural y política.

En las áreas rurales el 80 por ciento de la tierra continúa en manos de los terratenientes, prosiguen los desalojos y el movimiento campesino insiste infructuosamente en una reforma agraria integral.

La situación laboral es también muy compleja y, si bien el desempleo abierto afecta a sólo el 7,5 por ciento de la población económicamente activa -de unos 4,9 millones de personas-, el subempleo absorbe al 70 por ciento del total.

Como consecuencia de la marginación y la pobreza el país vive uno de los períodos más convulsos, donde cada año mueren por la violencia más de cinco mil personas, un promedio de 16 al día, sin que en la mayoría de los casos se castigue a los culpables.

De hecho, el combate a la inseguridad es el principal reclamo a los candidatos, por encima de los problemas económicos y el desempleo.

Este domingo los guatemaltecos acudirán a las urnas para elegir a su próximo presidente entre dos opciones, un ex militar cuya oferta es la mano dura para enfrentar la delincuencia, y un ingeniero que promete empleo y desarrollo para salir de la pobreza.

Fuente: www.prensalatina.com.mx - 311007


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