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Manuel Colom Argueta: una historia sentida
Por Carlos Enrique Fuentes Sánchez - Guatemala, 22 de marzo de 2019

Mi padre, Juan Fuentes, albañil y pintor de brocha gorda, siempre fue un revolucionario. Al caer la Revolución de Octubre, en 1954, mi padre fue capturado y conducido en un camión militar del cual se lanzó al camino en plena marcha, junto a otros compañeros. Luego de pasar desapercibido durante algún tiempo, dedicándose a sus ocupaciones, comenzó a contarnos y aclararnos el panorama político de aquel entonces. Gracias a él, mi madre, mis hermanas, hermanos y yo, supimos qué era la URSS o Unión Soviética, qué era la cortina de hierro, la lucha de Cuba, quién era el Che Guevara; que buscaba el «Látigo del Sur», por qué las pintas «Yanki, go home» o «Cuba sí, Yankis no».

Posteriormente, imbuido por ese espíritu revolucionario, mi hermano mayor, en ese entonces con 14 años, se vio involucrado en las jornadas del 61–63 contra Idígoras Fuentes. Para ese entonces, mi padre nos mencionaba a Mario Méndez Montenegro, a Francisco Villagrán Kramer a Turcios Lima y Yon Sosa, y por el lado de los malos, a Sandoval Alarcón, Sisniega Otero y Siete litros. A nivel internacional, a Fidel Castro, Nikita Kruschev, Kennedy, Johnson y otros. Fue en estos años cuando Manuel Colom Argueta y Adolfo Mijangos fundaron el partido político Unidad Revolucionaria Democrática ––URD– y mi padre nos informó que tal partido se oponía al gobierno de Idígoras Fuentes y posteriormente al de Peralta Azurdia.

Para ese entonces, yo era estudiante de la primaria en una escuela pública de la zona 6, en ciudad Guatemala, y a pesar de mi corta edad, me mantenía informado de las situaciones políticas del país. Sobre todo porque comenzó la represión. Recuerdo que, cuando con mis amigos del barrio La Ermita, patojos de 10 a 14 años, regresábamos del cine o de las posadas, los militares nos detenían, nos ponían de cara contra la pared, nos registraban y, en ocasiones, algunos recibíamos culatazos.

Para 1966, Manuel Colom Argueta era ya una gran figura política. Sus discursos y sus acciones con su partido, le ganaban la simpatía de la población pobre y de la clase media progresista, en tanto le ganaba el odio de los políticos derechistas, empresarios y militares. Para 1969, dado que yo ya estudiaba magisterio en Chimaltenango, solo pude escuchar, en la capital, algunos de sus discursos cuando se presentó como candidato a la alcaldía capitalina impulsado por la URD. Era extraordinario. El hombre humilde, tranquilo en la vida cotidiana, se transformaba al dar un discurso. Exponía duramente la problemática del país, atacando claramente a la oligarquía y a los partidos de derecha, y proponía los cambios necesarios para la capital. La gente le entendía fácilmente.

Con el voto de la gente de clase media y pobre, entre estos últimos mi familia capitalina, terminó ganando la alcaldía y, al frente de la misma, realizó los grandes proyectos futuristas para aquel entonces que aún siguen sirviendo al país, como el Anillo Periférico, el llamado popularmente Puente El Incienso y otros de semejante magnitud. Lujo de alcalde. Admirable. En cualquier lugar era aplaudido. A pesar del escaso apoyo y la oposición del presidente militar Carlos Arana Osorio, logró el desarrollo urbano de la capital.

En 1972 ingresé a la EFPEM-USAC a estudiar, con beca, un profesorado en ciencias y recuerdo que hicimos huelga, tanto de estudiantes como de maestros, unos contra el alza al pasaje urbano y otros por un reajuste salarial. Ambas luchas se ganaron. Nos inspirábamos en los discursos de Manuel Colom y de Fito Mijangos, el otro gran líder de URD, quien había sido asesinado por el gobierno guatemalteco en enero de 1971. En 1973, Manuel Colom fundó el Frente Unido Revolucionario Democrático –FURD– con el que pretendió participar como candidato presidencial, pero por estrategias de la derecha no logro inscribir a su partido; por lo que, en l974, aglutinando la izquierda nacional, integró el Frente Nacional de Oposición, con el cual tuvieron participación política, ganando la presidencia con un militar, que nunca asumió, porque, fraguado el fraude en las elecciones, ganó otro militar.

Es interesante ver, ahora, como la figura de Manuel Colom sembró en muchos de nosotros, estudiantes universitarios, la semilla de la justicia, de lo revolucionario, de lo subversivo. Y más, cuando fundó, junto a Américo Cifuentes, el famoso Frente Unido de la Revolución –FUR–, cuyo folleto, con la fotografía de Manuel Colom en la portada, dando un discurso ante una población popular, aún conservo como joya.

Al llegar al poder el militar Romeo Lucas García, en 1978, se le prometió respeto a Manuel Colom Argueta y la inscripción de su nuevo partido de izquierda, el Frente Unido de la Revolución. No obstante, ya se fraguaba su asesinato, y Manuel lo sabía. Algunos de sus seguidores, como mi compañero maestro y presidente de la Asociación de Maestros de Suchitepéquez, ante la represión impuesta, a fines de 1978, salió del país hacia Costa Rica, donde aún permanece. La muerte de Manuel se olfateaba. «A ese se lo van a echar», era lo que la gente decía. No era posible que un gobierno militar dejara con vida a uno de los grandes opositores al sistema de injusticia social imperante.

Por razones de trabajo, me trasladé a Mazatenango, Suchitepéquez, donde, en 1978 me casé y el 19 de marzo de 1979, nació mi primer hijo, Carlos Enrique. Una inmensa felicidad inundaba mi vida y la de mi esposa. Mi familia capitalina estaba feliz, a pesar de la represión, más recrudecida, impuesta por Lucas García y su ministro de la Defensa, Ríos Mont. La llegada del primer hijo causa gran alegría en la respectiva familia de cada cónyuge, y las nuestras no fueron la excepción. Ir al trabajo docente y, al terminar la jornada, correr hacia el hogar para cargar al bebé y gozar de sus inconscientes primeras sonrisas, cambiar su pañal, ¡toda una algarabía!

Pero tal felicidad se opacó apenas cuatro días después, el 22 de marzo de 1979, al saber que Manuel Colom Argueta, quien había logrado la inscripción legal del FUR, del cual podría ser candidato presidencial, había sido asesinado por el gobierno guatemalteco, en un ataque de tipo militar, incluyendo un helicóptero. La muerte de Manuel indignó a Guatemala y también lo hizo a nivel internacional. No solo por el asesinato en sí, sino por la saña con la que fue ultimado. 47 disparos en todo su cuerpo. Y se lloró de impotencia, de no poder hacer nada contra los asesinos conocidos por todo el pueblo. Asquerosos asesinos. Malditos asesinos. Eran del Estado Mayor Presidencial. Fue regresar del trabajo docente, escuchar la noticia, llorar de indignación y preparar la salida para el otro día, para estar en sus exequias, en donde dimos rienda suelta a nuestros dolores y repudio.

De poco o nada sirvieron todos los honores recibidos por su cuerpo muerto en la USAC, la municipalidad capitalina, el Instituto Central de Varones. Lo único realmente valioso, aparte del repudio nacional e internacional contra el Gobierno guatemalteco, fue la conservación de sus ideas, de su discurso, el ejemplo de coherencia entre teoría y práctica. Hoy, cuarenta años después de su desaparición física, la indignación por su asesinato persiste. Las lágrimas acuden a mis ojos. La celebración de cada cumpleaños de mi hijo, me recuerda que tres días después se cumplirá un año más del asesinato de Manuel Colom, y me sigo indignando. No obstante, sus discursos siguen sonando en nuestros oídos y tratamos de seguir su ejemplo. Desgraciadamente, desde esa época, no ha surgido otro líder político con su capacidad, su inteligencia, su discurso, pero sobre todo, con su honestidad, su honradez y su gallardía. Cuarenta años después seguimos gritando. «Manuel Colom Argueta…¡Presente en la lucha!».


Fuente: http://gazeta.gt/


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