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Escenarios políticos de una Guatemala inconclusa
Por Javier Calderón y Yair Cybel - Guatemala, 26 de julio de 2018

La situación de Guatemala se puede definir como una “sin salida” pues, a diferencia de otros países dominados por la derecha, en el país mesoamericano no existe una oposición progresista o de izquierda consolidada que pueda disputar en las elecciones del 2019 con posibilidades de triunfo[i]. El escenario político es de continuo deterioro; la situación actual resulta más crítica que la existente en el 2015 cuando el país tocó fondo por el mega-escándalo de corrupción que obligó la renuncia del presidente Otto Pérez y su vicepresidenta. La resolución temporal de la crisis terminó empeorando la situación general del país: el presidente Jimmy Morales se convirtió en el ejecutor de la misma política neoliberal de las élites tradicionales, que mantienen a Guatemala como uno de los países más pobres de Latinoamérica, con altos índices de violaciones a los derechos humanos, y una total dependencia a las políticas migratorias y de seguridad de los EE.UU. Una Guatemala inconclusa[ii], como la llamaría Jacobo Arbenz.

Esta situación parece no tener resolución a la vista. En la reciente visita del vicepresidente de los EE.UU., Michael Pence, se reafirmó el desprecio por la construcción de una política soberana, limitante de cualquier posibilidad de cambio favorable para la sociedad guatemalteca. Por ahora las derechas, con el apoyo de los EE.UU., sostienen el andamiaje de una institucionalidad frágil y cuestionada, arbitrada por la ONU a través de la Comisión Internacional contra la Impunidad (CICIG) y bajo los acuerdos de libre comercio del llamado Triángulo Norte Centroamericano con los EE.UU.[iii] Las derechas pretenden continuar gobernando con la desigualdad y el caos institucional, sin que los sectores progresistas o de izquierda logren encontrar un proyecto de cambio, producto de sus debilidades y de las restricciones democráticas de un régimen político restrictivo, con rasgos violentos y profundamente excluyentes.

Escenario de la derecha guatemalteca

La violencia y la corrupción son las marcas que distinguen la situación política guatemalteca, en cuyo espeso desconcierto institucional actúan 25 facciones políticas con reconocimiento legal para participar en elecciones, y otras diez están en ciernes.[iv] Un panorama de atomización que muestra a una derecha fragmentada en función de intereses personalistas o de pequeños grupos de poder en determinados territorios, aunque se unifiquen en periodos electorales alrededor de candidatos que les prometan satisfacer sus reclamos clientelares.[v]

La caótica situación ha dejado en el camino a algunas formaciones políticas de la derecha sin personería jurídica. Hoy, una parte importante de los diputados de la coalición de gobierno (61 en total), actúan apoyando al Gobierno en el Parlamento, después de que el Tribunal Supremo Electoral canceló los partidos con los cuales salieron electos: el partido LIDER que cuenta con la bancada más numerosa del Congreso (44 bancas de 158), y el Partido Patriota (17 bancas de 158). Lo cual significa que los partidos poco importan, pues los parlamentarios siguen siendo definitivos para sostener las iniciativas del actual presidente, Jimmy Morales, y para configurar una candidatura presidencial con posibilidades.

El proceso de depuración institucional de la corrupción que propuso la CICIG en el 2015 (que desató la renuncia del Gobierno), ha generado efectos posteriores con la apertura de procesos judiciales en contra de referentes políticos, como Manuel Baldizón (preso en los EE.UU. por pedido de la CICIG), Sandra Torres (de la oposición a Morales); Alejandro Sinibaldi (delfín de Otto Pérez Molina y del actual presidente) quien permanece en el cargo luego de ser protegido por su bancada en el Congreso[vi]. Esto tendría inhabilitadas a estas candidaturas (que se daban por seguras hace algunos meses) lo que exigiría a la derecha a buscar nuevas referencias, que podrían suponer un duro pulso en las distintas facciones del poder.

Ese panorama de atomización del sistema político, con partidos deslegitimados y sin liderazgos fuertes, lleva a que no despunte un posible candidato o candidata que se posicione con fuerza y se distinga sobre las precandidaturas que empiezan a conocerse. Aunque la ley no permite candidaturas o menciones de campaña antes de seis meses de las elecciones, ya se especula con algunos nombres de posibles candidatos. Estos serían: el ex-director del Servicio Penitenciario y líder del movimiento Vamos, Alejandro Giammattei; la hija del fallecido dictador Ríos Montt, la líder evangélica Zury Ríos; y el veterano diplomático Edmond Mulet por el Movimiento Humanista[vii]. Como novedad, aparece en la escena como posible candidata la ex-fiscal Thelma Aldana, que en días pasados participó en una reunión con los integrantes del Movimiento Semilla (en trámites para ser reconocido por el TSE) para analizar el escenario político del 2019[viii].

Esta situación parece ser leída por el presidente Morales como una posibilidad para su reelección, aunque no existe esa figura en la Constitución. Todo puede ocurrir, y es posible que el Congreso tramite cambios que permitan la reelección, aunque un importante sector de la opinión pública considera inaceptable la situación y viene movilizándose en contra de esa posibilidad. Ello depende del Poder Judicial de Guatemala que, de la mano de la CICIG, se ha convertido en esencial en las disputas políticas nacionales, hasta ahora favorables para desmantelar el viejo andamiaje de corrupción de la derecha -pero sin que haya socavado la estructura de poder real que mantiene la capacidad de forjar candidaturas para reproducirse, como ocurrió con el propio Jimmy Morales en el 2015-.

EE.UU. en la agenda política

Una serie de factores externos condicionan el escenario político y garantizan la continuidad de la derecha en el poder. Como piedra angular de este proceso destaca la creciente dependencia político-económica de Guatemala con EE.UU., transformando a la nación centroamericana en una suerte de “Estado vasallo”[ix]. Los factores que inciden en esta relación quedaron explicitados en la ya mencionada visita del vicepresidente de EE.UU., Mike Pence, cuyos resultados fueron ampliamente explicados por la investigadora de Celag, Tamara Lajtman. Para ella, Pence reafirmó la política anti-migratoria del Gobierno de los EE.UU., basada en acciones de militarización en las fronteras y de expulsión de migrantes.[x]

Guatemala está atada al Tratado del Triángulo Norte-TTN y a la “Alianza de la Prosperidad”, con las consecuencias conocidas en materia de seguridad, economía y movilidad de la ciudadanía. Es importante conocer que este proceso viene desarrollándose desde los años 90, con los mecanismos de intervención contemplados en el Plan Puebla-Panamá, ahora llamado “Proyecto Mesoamérica”.[xi] Tras la premisa de la integración comercial y la cooperación en materia de seguridad, se encubre una intervención directa de EE.UU. sobre Guatemala sin que haya arrojado ningún éxito de progreso económico. Este país es considerado el segundo más pobre de Latinoamérica, en el que la violencia se potencia y los ciudadanos mantienen como horizonte la migración hacia los EE.UU. [xii]

Todas esas iniciativas de los EE.UU. para Centroamérica, están basadas en una mirada militarista sobre combate al narcotráfico y la migración, que la derecha de Guatemala recibe sin discusión y aplica sin contemplación. La tendencia de violencias contra la ciudadanía en el Triángulo Norte es muy alta, sigue siendo la región del mundo con mayor cantidad de asesinatos, con Guatemala con una tasa de homicidios de 26,6 por cada cien mil habitantes. Esto refuerza la caracterización que realiza el Comando Sur de EE.UU. sobre los países del Triángulo Norte como una potencial amenaza y “un peligro para la política de seguridad nacional de la Administración Trump”.[xiii]

Estas políticas han dado como resultado un círculo vicioso de violencia, expulsión poblacional (migración) y reproducción de las excusas de intervención de los EE.UU. Al igual que la pobreza y la violencia, el fenómeno migratorio se mantiene como opción en el contexto del modelo neoliberal -con su desigualdad-, que sostiene una matriz económica extractivista y expulsiva. En Guatemala, el 67% de la población vive en condiciones de pobreza multidimensional.[xiv] Las cifras ubican a Guatemala como el tercer país hispano con más habitantes en EE.UU., cuyas remesas en 2017 llegaron a los US$8 mil 192.20 millones de dólares, equivalentes al 11,2% del PBI, y beneficiaron a más de seis millones de habitantes.[xv]

Ese panorama de creciente intervención de los EE.UU. que aprueban los políticos de la derecha guatemalteca -en cabeza del presidente Morales y de los partidos políticos mayoritarios en el Congreso- define el punto de referencia para analizar los escenarios de la política nacional. Los herederos de las élites políticas de Otto Pérez, de Ríos Montt, de Manuel Baldizón y de tantos otros políticos enjuiciados por la corrupción, mantienen un respaldo tácito de los EE.UU. por su histórica obsecuencia, y sostienen una importante red de copartidarios en el Congreso que trabajan por la continuidad neoliberal, desigual y corrupta.

Progresismo e izquierda a la deriva

Con una economía devastada por la corrupción y el extractivismo, y una notable ausencia de un proyecto nacional que genere trabajo y distribuya la riqueza, el escenario político parece presentar una compleja encerrona para las fuerzas progresistas y de izquierda (Convergencia, Encuentro por Guatemala, Partido Winaq, URNG-MAIZ, y Victoria). Las alianzas de izquierda que podrían presentarse a elecciones compiten por un techo electoral bastante bajo, que ronda el 10% de los votos a nivel nacional, de cara a los comicios de junio de 2019. [xvi]

Al mismo tiempo, al movimiento social le cuesta tener una respuesta electoral, en un país en el que el movimiento de trabajadores tiene poca capacidad de impulsar cambios y marcar agenda, producto de un modelo de trabajo flexibilizado e informal que impide el desarrollo sindical. La dispersión de las fuerzas progresistas y de izquierda se suma a la inexistencia de una personalidad visible que pueda contraponer un proyecto de país antagónico al de las clases dominantes guatemaltecas. En su momento tuvo un papel importante la Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú, aunque no obtuvo una votación significativa (3,5% en 2011). El grupo progresista, con una posición de centro, que podría detener el continuismo de la derecha es el liderado por Sandra Torres y el ex-presidente Álvaro Colom, que cuenta con 36 escaños en el Congreso y disputó el ballotage en el 2015. Una opción que, de igual manera, representa el pasado de un sistema político con fracturas y deudas históricas desde el inicio de la guerra civil, tras el golpe contra Arbenz.

A este complejo escenario se añade un clima de persecución a dirigentes sociales y criminalización de la protesta, con un Estado ausente y desarticulado en lo social, pero con un fuerte énfasis en la militarización, y garante de concesiones mineras a empresas extranjeras[xvii]. Ello se conecta con el poder desactivador que desempeña la cooperación para el desarrollo, que interviene para saldar gran parte de las necesidades que deja vacantes un Estado ausente y cooptado por la corrupción. De un listado de 200 ONG en Guatemala, al menos 50 son estadounidenses, sin tomar en consideración aquellas dedicadas a salud y las vinculadas a la iglesia[xviii].

La ideología asistencialista y de caridad que sustenta el discurso de las ONG opera en favor de la desmovilización de los movimientos sociales y disminuye la capacidad de las alternativas de izquierda, refuerza la dependencia externa de Guatemala, y solidifica su carácter de Estado vasallo. Todo indica que las fuerzas de derecha van a mantener el monopolio electoral con el clientelismo y la violencia como mediaciones, manteniendo lejano un proyecto popular y de justicia social que construya una nueva Guatemala.

[i]http://www.plazapublica.com.gt/content/la-disyuntiva-de-la-izquierda-electoral

[ii] En referencia al nombre del libro de Jacobo Arbenz: tres discursos para una Guatemala inconclusa. Editorial Catafixia. Guatemala 2013.

[iii]https://www.un.int/honduras/sites/www.un.int/files/Honduras/1-acciones_estrategicas_del_plan_de_la_alianza_para_la_
prosperidad_del_

triangulo_norte_folleto_07abril20151.pdf

[iv] http://www.tse.org.gt/index.php/registro-ciudadano/organizaciones-politicas

[v] https://www.prensalibre.com/opinion/opinion/preparar-a-la-ciudadania-para-votar-es-ineludible

[vi] https://elpais.com/internacional/2017/09/12/america/
1505173980_211200.html

[vii] https://www.publinews.gt/gt/opinion/2018/03/18/futuro-politico-incierto.html

[viii] https://www.prensalibre.com/opinion/opinion/aldana-confirma-deseo-de-participar-en-eleccion

[ix]https://www.alainet.org/es/articulo/193863

[x]http://www.celag.org/visita-de-pence-a-guatemala-la-migracion-como-amenaza/

[xi] file:///C:/Users/seven/Downloads/Dialnet-ElProyectoMesoamerica-6172169.pdf

[xii] https://elperiodico.com.gt/opinion/2018/02/26/la-pobreza-en-las-estadisticas/

[xiii]http://www.southcom.mil/Portals/7/Documents/Posture%
20Statements

/SOUTHCOM_2018_Posture_Statement_FINAL.PDF?ver=2018-02-15-090330-243

[xiv] http://desarrollohumano.org.gt/blogs/guatemala-3-millones-de-personas-viven-en-pobreza-extrema/

[xv] https://www.prensalibre.com/guatemala/migrantes/reciben-remesas-62-millones-de-guatemaltecos

[xvi] http://www.tse.org.gt/index.php/informacion-electoral/
resultados-electorales

[xvii] https://www.alainet.org/es/articulo/190804

[xviii] http://cdsa.aacademica.org/000-061/648.pdf

Fuente: www.celag.org


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