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No sólo los golpes
Por María Gabriela Mazariegos y Ana Lucía Mackennyed * - Guatemala, 23 de noviembre de 2004

Se considera que la violencia conyugal existe cuando hay maltrato físico en la pareja. Sin embargo, existen otras formas, tanto o más destructivas que los golpes, como las humillaciones, los menosprecios, la indiferencia, los insultos, la intimidación, los juegos mentales y la infidelidad.

La violencia conyugal se da en todos los niveles educativos y socioeconómicos, en todas las religiones y en todos los grupos étnicos y raciales. Su incidencia es impresionante, según la Organización Mundial para la Salud, “cada 15 segundos ocurre en el mundo un episodio de violencia doméstica y 6 de cada 10 parejas viven en un cuadro de violencia en algún momento de sus vidas en común”. (Biase, 2000, 20 de junio). Es un problema complejo que crea una situación dolorosa y debilitante para la mujer. Se caracteriza por:

1. Violencia y amenazas: Las relaciones en donde existe violencia conyugal, generalmente comienzan con un período de cortejo, en donde el hombre se muestra amoroso, protector y considerado. La mujer cree que encontró a su pareja “ideal”, por lo que va comprometiéndose emocionalmente con él. Sin embargo, según los estudios, poco tiempo después de que el hombre percibe este compromiso, empieza a hacerla víctima de ciertas manifestaciones o de amenazas. Con el tiempo, la violencia se vuelve más frecuente y severa y puede cambiar de forma.

2. Tensión constante e incertidumbre: La mujer maltratada se mantiene en guardia todo el tiempo debido a que su pareja controla cada aspecto de su vida y la hace víctima de agresiones que pueden surgir en cualquier momento y bajo cualquier pretexto. La impredecibilidad e inconsistencia del abuso y los cambios de conducta que su pareja manifiesta –algunas veces, mostrándose hostil, frío y agresivo; otras, amoroso, cariñoso y considerado– hacen que la mujer viva en un ambiente lleno de inseguridad.

3. Miedo y terror: El hombre violento aterroriza a la mujer agrediéndola y amenazando constantemente su vida, su bienestar y el de las personas que la rodean. Debido a la situación en la que vive, la mujer tiene miedo de no poder cumplir con las expectativas y demandas de su pareja, de ser abandonada, de ser juzgada por los demás y de no ser la esposa, la amante, la amiga y/o la madre perfecta. Teme por su seguridad y la de sus seres queridos.

4. Aislamiento: Desde el inicio de la relación, el hombre violento comienza a establecer reglas sobre las relaciones sociales y las actividades de su pareja. La mujer vive con la amenaza de ser castigada si no cumple con estas imposiciones por lo que va perdiendo todo contacto con el mundo exterior. Eventualmente, su casa se convierte en su cárcel y su pareja en su guardia.

5. Dependencia: La autonomía de la mujer se va dañando al estar sujeta a la dirección y al control de su pareja. Éste proceso se refuerza con el aislamiento en el que vive ya que, como no cuenta con fuentes externas de información y de retroalimentación, va interiorizando las críticas, las desvalorizaciones y las descalificaciones de las cuales es objeto. Poco a poco, va perdiendo la noción de valor de sí misma y se siente incapaz de ser una persona independiente. La destrucción de su autoestima y la pérdida de su autonomía, crean una dependencia extrema en su pareja.

Estos factores van construyendo un círculo vicioso del cual la mujer siente que no puede salir. Cree que sólo ella atraviesa por esta situación y que nadie puede entender lo que vive. En este sentido, la terapia individual y los grupos de apoyo especializados en este tipo de problema son fundamentales para que pueda desahogarse; comprender su situación; entender sus sentimientos, pensamientos, conductas y reacciones; visualizar las alternativas que tiene; encontrar soluciones y sanar las secuelas del abuso.

Es importante entender que las mujeres que viven en esta situación, no son personas enfermas ni masoquistas. Sus reacciones son normales ante la situación anormal en la que viven. Poseen fortalezas que les han permitido sobrellevar una situación intolerable y muchas capacidades que les han sido anuladas y coartadas. Es sobre estas cualidades y habilidades que es posible construir una nueva vida, libre de violencia y llena de metas encaminadas a su felicidad.

* Centro Psicológico Especializado en la Mujer (CEPEM)

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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