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Pesos y contrapesos
Por Carolina Escobar Sarti - 15 de abríl de 2004

Brasil es para mí un país casi tan querido como Guatemala, y hay muchas razones que me vinculan a él. Sé que no escapa a los males del subdesarrollo, a la violencia, a la corrupción y a la pobreza, pero es un gran país.

Brasil sigue dando mucho de qué hablar y, por supuesto, los dolores de cabeza los padece principalmente Estados Unidos, quien más de una vez se habrá preguntado por qué ese país no termina de alinearse, como lo han hecho tantos otros a lo largo y ancho del planeta.

Situado en el extremo sur del continente americano, Brasil representa un fuerte contrapeso para la gran potencia del norte y ha mantenido una postura muy digna frente a la intención actual de constituir un mundo unipolar.

Y no hablo aquí de conspiraciones Norte-Sur ni padezco de paranoias en ese sentido; basta buscar en la memoria de nuestra historia los innumerables casos de grandes imperios o potencias que han tenido planes concretos y estrategias definidas de intervención y expansión. Que ahora eso tenga otros nombres, no cambia la relación de fuerza entre unos países y otros, ni oculta los intereses geopolíticos, geoestratégicos y geoeconómicos que definen ese tipo de relaciones.

Ahora el tema ha sido el uranio; hace pocos días, en Washington, se difundía la noticia de que Brasil podría tener un programa secreto de uranio enriquecido que generaría desestabilización en la región. A estos señalamientos, el Gobierno brasileño reaccionó diciendo que estas y otras especulaciones eran absurdas.

Pero la paranoia antiterrorista sí existe, y el tema de una potencia nuclear en el otro extremo del continente despierta suspicacias. Aun cuando Brasil ya haya firmado hace dos décadas los tratados internacionales de no-proliferación de armas nucleares.

Todo el asunto surgió de la negativa de los brasileños a permitir el ingreso de los inspectores de la ONU a su nueva planta de enriquecimiento de uranio en Resende. ¿El motivo? Proteger sus secretos industriales, porque la tecnología brasileña ha significado millones de dólares de inversión y permite la producción de uranio enriquecido a un menor costo que en otros países.

Finalmente, el gobierno de Brasil ha dicho que los inspectores pueden examinar el uranio que entra y sale de la planta, pero no ver su proceso de fabricación; y en un comunicado oficial, ratificó la semana pasada que cumple con sus obligaciones internacionales y el carácter pacífico de su programa nuclear.

Expertos militares de toda América Latina coinciden en señalar que es imposible que Brasil haya desarrollado una tecnología más eficiente que las ya existentes en Japón y otros países. Pero la desconfianza generada favorece la intención de Estados Unidos de controlar muy de cerca todo lo que sucede en la región, y permite que ellos señalen con el dedo índice a quienes se atreven a desafiarlos y competir.

Como sea, ¿por qué insisten los grandes países en gastar en armamento y en tecnología usada para fines militares, habiendo tantas otras necesidades humanas que atender? Me gustó cuando Lula se negó a comprar aviones militares al inicio de su gestión, a un costo de millones de dólares, para luego invertir ese dinero en su programa contra el hambre.

Brasil es para mí un país casi tan querido como Guatemala, y hay muchas razones que me vinculan a él. Sé que no escapa a los males del subdesarrollo, a la violencia, a la corrupción y a la pobreza, pero es un gran país.

Es complejo como todos, pero con una “personalidad” distinta; su diversidad racial y cultural, aunada a su historia, a su tamaño, a su posición geográfica y a su situación económica y política, lo hacen ser lo que es.

Entiendo que ha sido la piedra en el zapato en muchas ocasiones para el grande del Norte, ya fuera por la teología de la liberación, por el “libertinaje” sexual que critican los más conservadores y mojigatos, por su reciente oposición al ALCA, por el perfil de su actual presidente Lula, etcétera, etcétera.

Pero el Brasil, territorio de profundos contrastes y múltiples razas, cimienta su riqueza sobre el maravilloso espíritu de su gente. Y confiamos, otra vez, que prive el espíritu sensato y libre sobre las “correctas” intenciones de la política

Tomado www.prensalibre.com


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