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Las voces de la democracia
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 13 de noviembre de 2004

¿Cuántas veces la libertad camina en la cuerda floja?

Cuando la caricatura de Filóchofo dejó de aparecer en elPeriódico, comencé a madurar el tema de este artículo. Más allá de la amistad, de la coincidencia o discrepancia de ideas que pueda tener con él y de nuestras diferentes formas de comunicar, nos une con el Filo, como con tantos otros columnistas y caricaturistas de prensa de las más variadas tendencias ideológicas, políticas y religiosas, el hecho de ser generadores de opinión en un país que recién asoma la cabeza por el cuello de la palabra.

George Steiner dijo alguna vez que toda escritura brota de le dur désir de durer, la despiadada artimaña del espíritu contra la muerte, la esperanza de sobrepasar el tiempo con la fuerza de la creación.

Lejos estoy de reconocer que alguno de nosotros tenga en su poder la verdad o las verdades absolutas, más lejos aún de creer que nuestras formas de escribir y nuestras intenciones sean siempre las mejores.

Somos apenas 15 ó 20 seres humanos dentro de otro conglomerado mayor de nuestra imperfecta especie, con la ventaja de que tenemos la posibilidad de ser la voz de otras voces y de decir mucho de lo que pensamos y creemos.

Unos y otros, de izquierda, de derecha o de algún otro punto entre extremos, discípulos de Marx, Smith y derivadas, seguidores de Jesús, Buda, Jehová o nada, representamos el pensamiento todo de nuestro país y de nuestro mundo.

Y, como ya dije antes, seguramente no somos verdad absoluta y ni siquiera verdad alguna, pero entre todos dibujamos medianamente el pensamiento de nuestra sociedad. Somos las voces que representan lo que algún día llegará a ser una verdadera democracia.

Por eso, cuando dejé de ver la caricatura del Filo en elPeriódico, me pasó lo de otras veces: pensé que caricaturistas hay varios y buenos en Guatemala, pero que cada voz tiene su propio color y eso es precisamente lo que le hace falta a nuestra intención de ser país.

El Filo ha sido un referente para muchos y una voz crítica que ha cuestionado las relaciones de poder en todo momento.

Estar o no estar de acuerdo con un columnista o caricaturista, no es el punto; el punto es reflexionar sobre cuánto nos está costando levantar una democracia a partir y a pesar de nuestras diferencias. Indudablemente, hemos caminado, y lo que decíamos tímidamente o no decíamos hace años, hoy es expresado de varias maneras en los medios de comunicación escrita.

Pero nos hace falta equilibrar nuestro discurso e integrar más voces, conservar aquellas que hacen historia desde diversas posiciones y, por qué no, cuestionar a las que se han alzado de manera irresponsable, atentando contra la dignidad de terceras personas.

La libertad de prensa y el derecho a la información son dos indicadores claros del desarrollo de una democracia.

Como bien se señala en el Informe del PNUD titulado La Democracia en América Latina, éstas son dos “condiciones necesarias para que la sociedad tenga capacidad de fiscalizar al Estado y al gobierno, así como, en general, participar en los asuntos públicos”.

Frente a esto, está nuestro país con las características que ya conocemos tan bien, están las empresas periodísticas que no sólo se deben a los intereses de la población, sino a los de sus dueños y anunciantes, está una sociedad que se “come” lo que los medios de comunicación le dan y están los mismos anunciantes, los políticos y otros grupos de presión queriendo meter demasiado las narices en la definición de las agendas de los medios.

Viendo cómo se dan estos pulsos, termina una preguntándose cuántas veces la libertad camina en la cuerda floja.

Una democracia no demanda únicamente voces que puedan elegir a sus gobernantes; demanda voces que se digan y se contradigan, voces que se encuentren, se desencuentren y se vuelvan a encontrar, voces que representen el sentir de uno o de muchos, voces en todos los tonos posibles para que construir la democracia sea una canción y no nuestra eterna e inalcanzable utopía.

Tomado www.prensalibre.com


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