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Resistir y exigir
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 25 de noviembre de 2004

La trata de personas es un problema cada vez mayor en todo el mundo, siendo una de sus formas más graves la explotación sexual de mujeres.

El Gobierno de Arabia Saudita confirmó que las mujeres no participarán en los comicios municipales, previstos para comienzos de 2005. Serán los primeros en la historia del país, pero en ellos sólo los varones podrán votar y presentarse como candidatos.

En septiembre pasado, el Comité General de Elecciones adelantó que las mujeres no desempeñarían ningún papel en esa histórica convocatoria electoral; esto lo decidió después de que algunas mujeres mostraran interés en presentarse como candidatas, posibilidad que fue rechazada desde el inicio.

Si allí las mujeres no pueden conducir un automóvil, ni viajar sin permiso de un hombre de su familia, ni mostrarse en público sin un velo que les cubra el cuello y menos trabajar en compañía masculina, ¿cómo esperar que las “elevaran” a la condición de ciudadanas?

Según un boletín de prensa de WFAFI del 14 de octubre, la joven iraní, Jila Izadi, ha sido acusada de adulterio, una ofensa que se castiga con la muerte. Sin embargo, el comunicado alega que ella fue violada y embarazada por su hermano, y que ha sido aún más victimizada por la Constitución iraní, que ofrece a mujeres y niñas muy escasa protección jurídica o debido proceso.

En México, y por primera vez en su historia, la Secretaría de Desarrollo Social determinó, con base en informes académicos, del gobierno y periodísticos, que allí ocurren al año cinco mil 200 muertes de mujeres de entre 15 y 49 años de edad por causas violentas; es decir, 14 fallecen diariamente y dos de cada tres en sus hogares. (Hay que recordar que en 1993, cuando el número de muertas se incrementó, un funcionario que quería postularse a la Presidencia de ese país vecino dijo que “ellas se lo habían buscado por indecentes”).

En Honduras, más de 112 mujeres han sido asesinadas en lo que va de 2004, según el Centro de Derechos de la Mujeres, y la última de ellas (de 15 años) fue violada, mutilada y quemada.

La trata de personas es un problema cada vez mayor en todo el mundo, siendo una de sus formas más graves la explotación sexual de mujeres. Este delito ocupa el tercer lugar como actividad lucrativa ilegal después del tráfico de drogas y de armas.

En él participan mafias internacionales que operan en los lugares de origen, tránsito y destino de las mujeres. Y aunque es difícil obtener cifras confiables acerca del número de víctimas de la trata, un estudio del Departamento de Justicia de los Estados Unidos, revela que 700 mil mujeres, niñas y niños son objeto de tráfico a través de las fronteras cada año.

En Guatemala, 445 mujeres han muerto en lo que va del año. No mueren en mayor número que los hombres, pero sí con una saña diferente. Según la Red de la No Violencia Contra las Mujeres y la Coordinadora 25 de Noviembre, muchas de las muertes de mujeres se hubieran podido evitar si existiera un sistema de justicia operante y sensibilizado, ya que las mismas autoridades gubernamentales afirman que el 21 por ciento de las muertes de mujeres producidas este año ha sido fruto de la violencia intrafamiliar, el 20 por ciento a causa de problemas entre bandas rivales (maras), el ocho por ciento por el comercio de droga (narcotráfico), el tres por ciento a causa de la prostitución y que hasta la fecha se desconocen las razones del 48 por ciento restante.

Esas cifras frías reflejan la debilidad de todo el andamiaje estatal responsable de garantizar el orden, emprender la persecución penal e impartir justicia, ya que del total de casos de violencia intrafamiliar, 13 de cada cien víctimas habían hecho su denuncia previamente (por violencia intrafamiliar y amenazas por integrantes de maras, según informe de la Relatora Especial de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, Dra. Susana Villarán).

Por todo lo anterior y por lo que queda sin decir, toca a las mujeres del siglo XXI resistir y exigir, no llorar. El ser humano, dice Sábato, sabe hacer de los obstáculos nuevos caminos, porque a la vida le basta el espacio de una grieta para renacer.

A esto le llama resistir. Y es que aguantar y resistir no son lo mismo; aguantar pueden muchas personas, resistir y exigir sólo aquellas que desarrollan una plena conciencia de sí mismas y de sus derechos.

Tomado www.prensalibre.com


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