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Con una vértebra de más
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 27 de noviembre de 2004

Los políticos están muchas veces arrodillados frente al poder real del dinero

Dice un reconocido académico de nuestro país que la mayoría de guatemaltecos nacemos con una vértebra de más allí por la región cérvico-dorsal, por eso, dice, mantenemos la cabeza tan agachada y los ojos siempre en dirección al suelo.

Señala, además, que basta una suave frotadita en cualquier parte de nuestra piel para que nos salga lo chafarote que muchos llevamos dentro. En pocas palabras, nos dibuja como andando en bicicleta: con la espalda agachada en relación al cielo, pero pateando siempre duro hacia el suelo.

Quizá cuando llegó a conclusiones como las anteriores, acababa de ver alguna de esas fotografías donde un presidente, de los muchos que han pasado por nuestra Comala —muy sonriente— le tocaba el estómago a su homólogo de la gran potencia, mientras éste ni siquiera lo volteaba a ver. Tal vez vivió una de esas experiencias donde se pasa vergüenza ajena.

O quién sabe si se inspiró en las múltiples lecturas donde las historias de nuestros políticos malinchistas abundan, o en las que documentan los años de terror vividos en Guatemala.

Tampoco le pregunté si había hecho un análisis sicológico del problema, de aquellos que revelan que los que son marginados por quienes se consideran sus “superiores”, luego marginan a quienes consideran “inferiores”.

Por cierto, recuerdo que la señora que trabajó por muchos años en la casa de mi ex suegra era una ladina siempre atenta, complaciente y sonriente con todos nosotros, pero un verdadero monstruo con las dos indígenas que compartían con ella las tareas domésticas.

Seguro que este intelectual guatemalteco se habrá dado cuenta de que este tipo de actitudes no son exclusivas de nuestra clase política, ya que ésta no termina siendo sino un bocadito de muestra de la vasta sociedad guatemalteca.

Buscando en nuestro variopinto paisaje social, habrá notado que arriba, abajo, en el centro, en diagonal, de lado, bocabajo o panzarriba, abundan los especímenes con una vértebra de más que quisieran matar o dominar a seres “menores”, pero se agacharían servilmente y sin dudarlo frente al poder, cualquiera que éste fuera.

En todos los puntos del orbe ideológico hay personas que se dicen libres y civilizadas, pero que más de una vez se arrodillarían frente a los dioses que han levantado y acabarían sin miramiento alguno con otro ser humano que no padeciera las mismas idolatrías.

Detrás del discurso de la libertad hay muchas prácticas que la contradicen, porque la libertad está muy relacionada con el poder. Marshall Berman, en su libro Todo lo sólido se desvanece en el aire, dice que, incluso entre los pocos que creen y practican realmente el libre intercambio, hay todavía menos que extenderían la libre competencia tanto a las ideas como a las cosas.

En Guatemala se le llama culipandeo al doblez de las rodillas y al coqueteo servil con el poder.

Hay niños y niñas que aprenden muy temprano que pueden maltratar a cualquiera de sus compañeros o compañeras de clase, mientras le lleven a su maestra o maestro un buen regalo por lo menos dos veces al año.

En eso los padres tienen una inmensa responsabilidad: una cosa es agradecer y otra muy distinta sobornar.

En nuestro país, los jóvenes aprenden que la cadena del culipandeo es larga y perniciosa: los encargados de hacer justicia muchas veces coquetean con los poderes político y económico; los políticos están muchas veces arrodillados frente al poder real del dinero; los empresarios se ponen de alfombra frente a las demandas del mercado impuestas desde fuera y todos los anteriores juntos, que se agachan entre unos y otros, tienen a Guatemala de rodillas.

Puede ser que tengamos que recurrir a cirugías masivas para quitar esa vértebra de más que nos ha tenido por tanto tiempo agachados, dando patadas a aquellos con quienes deberíamos ser más solidarios.

Para levantar a Guatemala necesitamos ver de frente y trabajar mucho hombro con hombro, no hombro sobre hombro.

Tomado www.prensalibre.com


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