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No se merecen lo que piden
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 16 de diciembre de 2004

Tenemos un Congreso demasiado grande para un país tan pequeño.

Hace apenas cinco meses se publicaba en este espacio un artículo al cual titulé “Mejor ser huérfanos”. En el contexto de las actuales circunstancias, no es muy difícil darse cuenta de que estaba hablando entonces de las calidades de aquellos padres y madres de la patria, que proponían aumentarse el salario.

Hoy, la noticia de que una mayoría de diputados vuelve a insistir en un aumento de sueldo, suena tan descabellada como entonces. Estos funcionarios parecen olvidar que viven y trabajan en un país del cuarto mundo, y que el dinero que piden sale de los bolsillos de los hombres y las mujeres que sí trabajan. En todo caso, ellos pueden pedir, pero es la ciudadanía la que tiene finalmente que decidir si merecen o no lo que piden.

Si el sueldo de los diputados fuera proporcional al nivel de credibilidad y popularidad que ellos despiertan entre la población, seguramente estarían trabajando ad honorem. Si el salario fuera acorde a su desempeño laboral o a las capacidades profesionales, técnicas y humanas de la mayoría de ellos, es casi seguro que muchos estarían ganando menos del salario mínimo.

Es un hecho que la función de legislar y fiscalizar que compete a los diputados del Congreso de la República, está sobrepagada. ¿Y aún así quieren más?

Si bien es cierto que dentro de la escala salarial de los parlamentos centroamericanos nuestros diputados son los que menos ganan, tendríamos que comenzar por analizar el costo de vida en esos otros países, el nivel de inflación, la madurez de sus sistemas políticos y el tipo de gestión de los congresistas, entre otros múltiples factores.

Y aunque siempre es conveniente observar lo que sucede en otros países, sobre todo si son vecinos, la solución de nuestros problemas debe responder a nuestra particular dinámica.

Si en algo tendríamos que invertir los guatemaltecos sería en educación, en salud y en desarrollo, en vez de estarle engordando la barriga y las cuentas de banco a tanto militar improductivo y a tanto político aprovechado y corrupto.

Si quieren ganar más, que trabajen más, que nos representen mejor, que ayuden a Guatemala a salir adelante y que demuestren lo que son capaces de hacer por su país. Mientras tanto, que se conformen con ganar lo que ganan, que ya es un salario bastante inflado para lo que hacen y también en relación con los salarios que se perciben en todo el país.

Tenemos un Congreso demasiado grande para un país tan pequeño, y un par de representantes por departamento podrían perfectamente realizar la tarea que ahora hacen quienes ni siquiera son (re)conocidos por la población a la cual representan.

Por otra parte, la gran cantidad de asesores que han sido contratados para apoyar la gestión de muchos parlamentarios, confirma el vacío que existe entre su desempeño y sus capacidades.

Reconozco la necesidad de contar en ocasiones con personas calificadas en ciertos temas que apoyen la gestión de los diputados, quienes tampoco tienen por qué saberlo todo. Pero esto no implica la contratación excesiva de profesionales que terminan haciéndole el trabajo a los diputados.

En estos últimos días escuché decir a uno de los congresistas que este aumento de salario los motivaría para trabajar más y que llegarían incluso a sesionar tres veces por semana. Quisiera recordarle al honorable funcionario que el resto de guatemaltecos y guatemaltecas trabajamos todos los días de la semana, y que muchos de nosotros, también el fin de semana.

Y que lo hacemos para pagarle a gente como ellos, que consideran que un puesto público es un lugar de privilegios y no de obligaciones para con la gente de su país.

Un aumento de salario se justificará cuando la realidad de país sea otra, cuando los diputados llenen a cabalidad el perfil de su cargo y cuando el Congreso se convierta realmente en la casa del pueblo.

Y para aquellos que insisten en recibir el aumento como regalo de Navidad, yo digo no y propongo vías alternativas: que renuncien y lo intenten por su cuenta si el dinero les parece poco, o que se vayan a una organización o empresa a ver si trabajan el mismo número de horas para que sepan lo que es trabajar.

Tomado www.prensalibre.com


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