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“Nunca prevaleció la razón”
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 13 de enero de 2005

La Montana está comenzando con mal pie, quizá por venir a hacer aquí lo que en su país no la dejarían hacer jamás.

El título de este artículo va entre comillas, porque lo tomé prestado de las recientes declaraciones que ofreciera el ministro de Gobernación, Carlos Vielmann, en relación con lo ocurrido por el tema de la minería a cielo abierto en la ruta Interamericana.

El ministro considera que “a pesar de los esfuerzos de las autoridades para convencer a la población de que permitiera que la maquinaria (de la empresa Montana) continuara su camino, nunca prevaleció la razón”. Agregó además que “todos los esfuerzos para que prevalezca el estado de Derecho se harán, con la cantidad de policías que sea necesario”.

Si el ministro es un servidor público y quienes pagamos su sueldo somos ciudadanos guatemaltecos, sus declaraciones confunden un poco. Las comunidades que se sienten amenazadas por la explotación minera de metales a cielo abierto, también han tratado de “convencer” a las autoridades de que la minería no es su mejor opción de desarrollo, sólo que no cuentan con contingentes policiales y militares para disuadirlas.

Por otra parte, si un ministro con esas facultades quiere hacer prevalecer el estado de Derecho, tendría que comenzar por respetar el derecho que tienen los pobladores de esas comunidades a decidir sobre su presente y futuro.

Habría que agotar la vía del diálogo antes de llegar a situaciones como ésta, que sumada a lo que sucedió en la finca Nueva Linda en meses pasados, parecen delinear una forma muy particular del Gobierno de resolver este tipo de problemas.

Por otra parte, la empresa Montana cuenta con los recursos suficientes para contratar su propia seguridad privada, y no tendríamos todos que estar patrocinándola, poniendo a su disposición elementos de la policía y el ejército guatemaltecos, mientras en nuestras calles la violencia se ensaña con la población de a pie.

La Montana está comenzando con mal pie, quizá por venir a hacer aquí lo que en su país no la dejarían hacer jamás. Ha invertido grandes sumas en publicidad para convencernos de que vienen a generar muchos empleos y desarrollo, ha cabildeado muy hábilmente con los políticos, y ofrece operar “bajo las más estrictas normas ambientales y sociales para el bien del país”.

Pero sabemos que esos empleos son placebos a corto plazo y sin mucho futuro, que no habrá tal desarrollo en 10 años en comunidades casi desérticas y, por otra parte, no tenemos las condiciones suficientes para velar por el cumplimiento de la normativa ambiental (lo dijo el ministro de Medio Ambiente, no yo).

Pero el verdadero problema en esto no es ni el tema de los empleos, ni que la empresa sea o no una transnacional, ni siquiera cuánto se ha politizado el asunto.

El problema central es el del agua, porque la empresa no sólo la obtendrá gratuitamente (250 mil litros por hora por los que no pagará ni un centavo a Guatemala), sino que la devolverá irreversiblemente contaminada de cianuro en cantidades dañinas para cualquier ser viviente.

¿Usted no se sentiría amenazado si supiera que en 10 años vivirá en un desierto? ¿Quisiera bañar a sus hijos pequeños con agua contaminada, y comenzar a ver cómo se les cae el pelo o se les mancha la piel?

Basta con ver lo que pasó en el valle de Siria en Honduras, y con otras experiencias similares en África donde hubo minería de oro a cielo abierto.

Está bien que haya inversión, pero no está bien que en la capital se decida el futuro de las comunidades; no está bien que los intereses de una empresa extranjera se protejan más y mejor que los de la población guatemalteca; no está bien que las fuerzas de seguridad desarmen una pasarela que construyeran los habitantes de una comunidad hace tiempo, sólo para que pase el cilindro de la minera; no está bien que muera nadie en estas circunstancias y tampoco está bien la violencia ejercida por la gente de las comunidades en contra de otros vehículos, personas y carreteras.

Quizá el ministro no esté tan equivocado: en este asunto de la minería a cielo abierto nunca ha prevalecido la razón; desde el mismo momento en que la empresa minera aterrizó en este paraíso, algunos de nuestros políticos perdieron completamente la razón.

Fuente: www.prensalibre.com


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