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A sombra de tejado
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 20 de enero de 2005

Saber leer y escribir no siempre (o casi nunca) es sinónimo de sabiduría.

Se dice que a sombra de tejado, el sol poco se siente. Por eso, no dudo que sea distinto emitir opiniones desde un cómodo recinto ubicado en la capital, en contraste con aquellas que expresan quienes viven en las comunidades pobres del interior del país.

Con el tema de la explotación minera a cielo abierto, como con otros temas que afectan principalmente a los pobladores de las comunidades guatemaltecas, deberíamos de ser más cuidadosos. Aunque muchas de las personas de esas comunidades sean analfabetas, entienden mejor que nosotros lo que quieren para el futuro de ellos y sus familias. Saber leer y escribir no siempre (o casi nunca) es sinónimo de sabiduría.

Para aquellos que piensan que la oposición a la minería significa oposición a todo lo que suene a inversión, modernidad o desarrollo, están equivocados. Claro que hay gente de la derecha, de la izquierda o del medio que se sitúa en un lugar y desde allí apoya indiscriminadamente cualquier cosa que se proponga.

Particularmente, creo conveniente aclarar que no le tengo tirria a conceptos como empresa o inversión, tampoco soy dogmática en términos ideológicos o religiosos, no trabajo en una ONG, jamás he practicado la política partidaria, no soy parte del equipo de un organismo internacional y el desarrollo no me asusta en lo absoluto.

He gozado de los beneficios de la modernidad y también he padecido sus vacíos. Así que, información e investigación aparte, los principales motivos que me hacen oponerme a la minería de oro a cielo abierto, son mis principios como ser humano.

¿Cómo no querer que las comunidades vivan la experiencia de alimentarse bien, de educarse bien, de estar más sanas, de vivir mejor y con mayores comodidades? ¿Cómo no desear para otros lo que uno ha tenido y gozado?

Por favor, que ya no se usen esos argumentos para atacar a quienes también le apostamos al desarrollo, pero a un desarrollo para todos y no sólo para una empresa extranjera que invierte hoy para después retirarse en 10 años y dejar al país convertido en un desierto con lagunas de agua envenenada.

¿A quién le vamos a reclamar entonces? ¿Al actual gobierno, acorazado ahora por un gremio de industriales y empresarios que se han informado poco o nada sobre la minería de oro a cielo abierto y defienden una postura que corresponde sólo a sus intereses?.

No voy a repetir los datos que tantas veces he aportado para argumentar mi oposición a este tipo de actividad minera (que no es igual a otras que ya se han dado en el país), pero reiteraré las veces que sea necesario, que en este pequeño país hay otras posibilidades de inversión mucho menos dañinas para las personas y el medio ambiente.

¿Qué tal el turismo en vez de la minería? ¿Qué tal la experiencia de Almolonga en otros lugares del país? ¿Por qué no pensar en más opciones que esa que acaba con el agua, que no deja nada a Guatemala, que da pocos empleos de corto plazo y que dejará millones de toneladas de roca inservible tiradas por allí?

A veces queda la impresión de que los inversionistas extranjeros le ven a nuestros políticos la misma cara que éstos quieren verle a la población guatemalteca. Pero cuando no se está protegido por la sombra de un tejado, se toma una mayor conciencia de cuánto puede llegar a quemar el sol.

Hoy, aún a tiempo, o mañana cuando ya no tengan agua ni lugar donde vivir, las comunidades expresarán su descontento. ¿Qué hace usted cuando no hay agua en su casa por una semana?

Después de los lamentables hechos de Sololá, viene el necesario diálogo. Aunque la verdad, me pregunto si no será una simple táctica -de parte del Gobierno- para dejar que la población ejerza su derecho al pataleo.

Que digan, griten y protesten cuanto deseen, que se establezcan mesas de diálogo para cumplir con los requisitos formales de la democracia. De todos modos, se hará lo que este gobierno y sus patrocinadores quieran.

Fuente: www.prensalibre.com


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