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Dios es sólo un pretexto
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 3 de febrero de 2005

¿Es la Biblia la que está mal?

Los hechos que determinan la historia de la humanidad parecen confirmar nuestra sospecha: para muchos de los grandes líderes de todas las épocas, Dios ha sido y sigue siendo apenas un pretexto.

Mientras con una mano han orquestado los horrores que se han cometido en contra de millones de seres humanos, con la otra han levantado una Biblia para justificarlos. ¿O acaso podemos olvidar, a 60 años del holocausto judío, que Hitler se veía a sí mismo como “instrumento de la Providencia” y nutría sus dogmas raciales en las fuentes del cristianismo germano? Más cerca aún, es imposible olvidar que el genocidio guatemalteco reconoce, entre sus principales ejecutores, a un “cristiano iluminado”.

¿Es la Biblia la que está mal, son el fanatismo y el dogmatismo de quienes interpretan a su antojo la palabra divina o es la locura del poder lo que ha llevado a estos señores a atribuirse las características de omnipotencia y omnipresencia que, en teoría, sólo corresponden a Dios?

Fritz Stern, el gran humanista judío que recibiera en noviembre pasado un importante reconocimiento del gobierno alemán, provocó muchas reacciones entre el público que se hizo presente en ocasión de la entrega del premio. Afirmó que el auge de la derecha cristiana en Estados Unidos y su conexión con las esferas gubernamentales representan una amenaza similar a la de la ascensión de Hitler al poder en 1930.

Este profesor emérito de la Universidad de Columbia, toda una autoridad en historia europea, señaló que: “Pocas personas advirtieron el peligro moral de mezclar religión y política (antes de la Segunda Guerra Mundial), pero muchos fueron seducidos por este fenómeno: la transformación seudorreligiosa de la política, sobre todo en las áreas protestantes”.

Stern afirmó que esa sed de fascismo, incluso antes de que el término fuese inventado, alimentó el anhelo de un nuevo autoritarismo como orientación religiosa y de un mayor sentimiento de pertenencia comunitaria.

En un artículo del Nuevo Herald, Andrés Reynaldo señala que Stern es un apasionado defensor del liberalismo, y que se sitúa “por encima de las fronteras ideológicas (que es la única actitud orgánica en un intelectual)”.

Y lo dice porque Stern argumenta que la democracia enfrenta graves peligros, tanto desde la derecha como desde la izquierda, ya que el dogmatismo que expresan ambos extremos ve en la razón y la tolerancia implícitos en el liberalismo, la negación de ideologías uniformes.

Escandalizado por la masiva manipulación de la opinión pública, sumada a las mentiras y al temor, Stern concluye su alocución desnudando la ceguera de millones de norteamericanos que establecen una alianza entre el neoconservadurismo y la derecha cristiana.

Recientemente, Sergio Muñoz Bata, también en el Nuevo Herald, expresó que “lo que algunos calificaron como una histórica y poderosa afirmación de las ideas y los ideales estadounidenses (el discurso de toma de posesión de Bush), yo lo sentí como un acto de mesianismo banal.

El abuso de las imágenes bíblicas que utilizó en una ceremonia de toma de posesión de una representación que por su misma naturaleza debería ser profundamente laica, me molesta.

El fondo del discurso pienso que la argumentación del presidente carece de rigor lógico y estoy convencido de que varios de sus planteamientos son imposibles de cumplir en el mundo de la realpolitik”.

Es válido recordar que Bush ofreció en el mismo discurso, que su gobierno se dedicaría, en los próximos años, a liberar al mundo de las tiranías. ¿Será por eso que tienen en la mira a Cuba y Venezuela, así como a los países que integran “el eje del mal”?

El mundo tiembla cuando los líderes políticos usan a Dios como pretexto. Concluyo con las palabras del amigo Andrés Berger Kiss, poeta y sociólogo húngaro-colombiano, quien perdió a varios familiares cercanos en Auschwitz. Él concluye su carta así: “En resumen, y para dar una estadística completa, la familia extendida de los Berger contribuimos, sin quererlo, con 15 personas a la masacre, cinco de ellos de menos de 20 años, (...) en la flor de su vida. A veces me sale un grito de protesta y de dolor de mi alma que nadie oye. Y si lo oyeran no sabrían jamás por qué.

Fuente: www.prensalibre.com


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